Originalmente publicado en el boletín Gestión y Palabra el 8 de abril de 2026.
Recientemente leí The Lean Startup de Eric Ries y comencé Dune Messiah de Frank Herbert, que aún no he terminado.
El primero es un libro que establece las bases y el método para buscar construir startups sostenibles en el tiempo que proveen y generar valor auténtico para todos los stakeholders. El último es la segunda novela (de 6) de la saga de Dune, que sigue la historia y legado de la Casa Atreides y su impacto en el Imperio (para un comentario sobre el primer libro, pueden referirse a este artículo que escribí para el Instituto Fe y Libertad).
No siempre pasa, pero es una experiencia curiosa cuando en el proceso de leer dos libros tan distintos en paralelo, pareciera que hay ideas que se entrelazan y nos llaman a reflexiones más profundas.
En The Lean Startup, Eric Ries nos presenta dos reflexiones acerca de la importancia de una cultura organizacional anclada en procesos sólidos que me parecieron, por un lado, sumamente relevantes e importantes y, por el otro, sorprendentes por estar en un libro sobre «startups» que, al menos en mi cabeza hasta el momento, pensaba que no se ocupaban de temas tan profundos. Estas dos citas me corrigieron esa impresión:
- «Un proceso sólido establece las bases para una cultura sana, una cultura donde las ideas se evalúan sobre sus méritos y no sobre el título de quien las propone».
- «Un buen proceso es el único cimiento sobre el cual puede desarrollarse una excelente cultura organizacional. Sin este cimiento, cualquier esfuerzo para motivar el aprendizaje, la creatividad y la innovación se quedará corto —tal como testificarían un sinnúmero de directores de recursos humanos desilusionados—».
De estas citas sacamos un paradigma de liderazgo sustentado más que en personalidades carismáticas o autoritarias, en procesos bien establecidos y a los que todos en la organización, incluyendo los líderes, se sujetan. Cuando una cultura organizacional se ancla a este paradigma, vemos abrirse las posibilidades de innovación real y sostenible, y vemos también el camino para que cada persona pueda florecer y desarrollarse a su máximo potencial de acuerdo a sus talentos. Lo que este tipo de cultura permite es la estabilidad emocional, psicológica y procesal que permite enfocar las energías en la innovación y no gastarlas en cuestiones políticas, en ansiedad provocada por miedo a los jefes o por las arbitrariedades que vienen cuando la cultura real —la que se vive y siente día con día— (no la que se publica en redes sociales), depende del estado de ánimo de quien sea que esté a la cabeza.
Por el contrario, en este siguiente capítulo de la saga de Paul Atreides en Dune Messiah, vemos el paradigma tradicional en acción. Paul se ha consolidado como el Lisan al Gaib del pueblo fremen y ahora también como el emperador. Esta consolidación se debe en gran parte al fanatismo religioso del pueblo fremen por él. Fueron ellos quienes lo siguieron en la conquista de los demás planetas del imperio y a quien hoy rinden toda su devoción, además de obediencia.
En una escena del libro, vemos a varios conspiradores planificando derrocar a Paul y en la conversación leemos la siguiente cita:
«Los Fremen son civilizados, educados e ignorantes —dijo Scytale—. No están locos. Están entrenados para creer, no para conocer. La creencia puede ser manipulada. Solo el conocimiento es peligroso».
Esta corta cita nos muestra los peligros de un liderazgo basado en la personalidad y en culto al «hombre fuerte». Los fremen ven en Paul a su Mahdi, su mesías, el Lisan al Gaib, la Voz del Otro Mundo que los guiará al paraíso. Este fideísmo provocado por siglos de creencias sembradas por las brujas Bene Gesserit en los habitantes de Arrakis alcanzan su punto de ebullición en el supuesto cumplimiento de las profecías en Paul Atreides.
Los fremen, al no contar con un proceso (o en términos políticos, un Estado de derecho), son manipulables y siguen de manera ciega e ingenua al líder carismático que les promete todo. Por eso es que Scytale afirma que «el conocimiento es peligroso», porque el conocimiento limita el poder de unos pocos y lo distribuye entre muchos. Es a través del conocimiento que encontramos la verdad, y es a través de la verdad que encontramos la verdadera libertad. Solo en libertad puede salir a luz el potencial de cada persona y es allí donde la innovación y la creatividad encuentran el mejor ecosistema para florecer.
Los procesos, aunque parezcan aburridos, no son un obstáculo para la innovación. Son el mecanismo que protege a una organización de convertirse en un sistema de creencias incuestionables.
¿Acaso no es este el caso de muchas de nuestras organizaciones? ¿Acaso no seguimos apostándole ciegamente al «líder visionario» y nos olvidamos de los procesos y métodos que, aunque parecen aburridos y «poco sexy», son justamente los mecanismos que generan el ecosistema que necesitamos para organizaciones sostenibles, creativas e innovadoras?
Juan Francisco Callejas Aquino
🇬🇹 Guatemala
Líder ejecutivo de negocios con más de 20 años de experiencia en la dirección de operaciones, servicios compartidos y transformación empresarial en toda América Latina. Me especializo en la expansión de operaciones, la mejora de la rentabilidad y la traducción de la estrategia en una ejecución disciplinada.
Soy reconocido por combinar una visión estratégica con estructura, la toma de decisiones basada en datos y un liderazgo fundamentado en la integridad, la responsabilidad y el desarrollo de las personas.