La Cuaresma es el tiempo litúrgico con el cual los cristianos se preparan para la celebración del «Misterio Pascual», es decir, la «pasión, muerte y resurrección» de nuestro Señor Jesucristo. Nos lo explica muy bien el documento titulado «Normas universales para el año litúrgico y el calendario»:
«El tiempo de Cuaresma está ordenado a la preparación de la celebración de Pascua. En efecto, la liturgia cuaresmal dispone a la celebración del Misterio Pascual, tanto a los catecúmenos, haciéndolos pasar por los diversos grados de la iniciación cristiana, como a los fieles, que recuerdan el bautismo y hacen penitencia» (NUALC 27).
Es un tiempo, pues, de gracia, de perdón y de encuentro con la misericordia de Dios Padre, que quiere que todos sus hijos e hijas se salven por medio de su Hijo, Jesucristo nuestro Señor, con la asistencia del Espíritu Santo.
La Iglesia se prepara para la Pascua con 40 días de ayuno, oración y de obras de misericordia; eso es lo que significa la palabra «cuaresma», que deriva del latín quadragesima. Pero, ¿por qué son 40 días? Esta es la pregunta de nuestra reflexión de este momento.
Comencemos afirmando que los cristianos católicos llegamos a considerar 40 días de preparación para la Pascua, a partir de ciertos hechos en la historia de la salvación que aparecen revelados en la Sagrada Escritura, y que tienen el número 40 con una fuerte expresión de penitencia, prueba, oración, salvación, cambio de vida. Veamos algunas de estas referencias bíblicas:
- Cantidad de días y noches del diluvio: «El año seiscientos de la vida de Noé, el mes segundo, el día diecisiete del mes, en ese día saltaron todas las fuentes del gran abismo, y las compuertas del cielo se abrieron, y estuvo descargando la lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches» (Gen 7, 11 – 12).
- Días que esperó Moisés en el monte Sinaí para recibir las tablas de la alianza: «Al cabo de cuarenta días y cuarenta noches, después de darme las dos tablas de piedra, las tablas de la alianza, me dijo Yahveh: Levántate, baja de aquí a toda prisa, porque tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto, se ha pervertido. Bien pronto se han apartado del camino que yo les había prescrito: se han hecho un ídolo de fundición» (Dt 9, 11 – 12).
- El profeta Elías pasó 40 días en ayunas en el desierto hasta encontrarse con Dios en el monte Horeb: «Se levantó, comió y bebió, y con la fuerza de aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb» (1 Rey 19, 8).
- Jonás anunció que Nínive sería destruida a los 40 días: «Jonás comenzó a adentrarse en la ciudad, e hizo un día de camino proclamando: Dentro de cuarenta días Nínive será destruida» (Jon 3, 9).
- Jesús fue al desierto después de su bautismo por 40 días y noches para ser tentado por el demonio: «Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre» (Mt 4, 1 – 2).
De la anterior cita bíblica sobre las tentaciones que padeció nuestro Señor Jesucristo, el Catecismo de la Iglesia Católica nos indica la relación entre este «misterio» en la vida de Cristo, y la Cuaresma que ahora nosotros celebramos:
«La tentación de Jesús manifiesta la manera que tiene de ser Mesías el Hijo de Dios, en oposición a la que le propone Satanás y a la que los hombres (cf Mt 16, 21-23) le quieren atribuir. Por eso Cristo ha vencido al Tentador en beneficio nuestro: «Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado» (Hb 4, 15). La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Gran Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto» (CCE 540).
Pues bien, la referencia histórica oficial más antigua que tenemos de este tiempo de ayuno y oración, conocida como la «gran Cuaresma», la encontramos en el Primer Concilio Ecuménico, el Concilio de Nicea del año 325, en el canon 5, al referirse al número aconsejable de veces que deben reunirse los concilios locales para resolver los problemas o dificultades de las respectivas comunidades eclesiales:
«Los concilios deben reunirse, uno durante la Gran Cuaresma, para que después de que cese toda inconformidad se haga una ofrenda pura a Dios; y el otro cerca del tiempo otoñal».
En el documento llamado «Normas universales para el año litúrgico y el calendario» encontramos el tiempo considerado de Cuaresma: «El tiempo de Cuaresma va desde el miércoles de Ceniza hasta la Misa de la Cena del Señor exclusive», (NUAL 28). Pero en la contabilización de los días encontramos que desde ceniza hasta el sábado de la Vigilia Pascual tenemos 46 días, por lo que si no contamos los domingos de cuaresma (que son cinco) más el domingo llamado de Ramos, ya que la Iglesia nunca ha considerado el domingo como día penitencias ni de ayuno en razón de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, entonces tendremos los 40 días exactos de este tiempo de gracia y misericordia.
Por último, nos ayuden a vivir estos 40 días de la «gran Cuaresma», las siguientes palabras que provienen del Documento de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos titulado «Directorio sobre la piedad popular y la liturgia» del año 2002, No. 125:
«A pesar de la secularización de la sociedad contemporánea, el pueblo cristiano advierte claramente que durante la Cuaresma hay que dirigir el espíritu hacia las realidades que son verdaderamente importantes; que hace falta un esfuerzo evangélico y una coherencia de vida, traducida en buenas obras, en forma de renuncia a lo superfluo y suntuoso, en expresiones de solidaridad con los que sufren y con los necesitados».