La velación de las cruces e imágenes en Cuaresma

por | Mar 23, 2026 | Blog Fe y Libertad

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Las imágenes de María santísima, los santos, las cruces y los crucifijos son todos cubiertos con paños, preferiblemente de color morado, desde el domingo V de Cuaresma hasta el Viernes Santo y la Vigilia Pascual. 

Esta tradición data de aproximadamente el siglo XI y la Iglesia la ha conservado también luego de la Reforma litúrgica del Concilio Vaticano II. De esta manera, encontramos que la Congregación para el Culto Divino en la carta circular titulada «De festis paschalibus praeparandis et celebrandis», y llamada en español «Carta circular sobre las fiestas pascuales» del 16 de enero de 1988, dice lo siguiente en el No. 26:

«La costumbre de cubrir las cruces y las imágenes de las iglesias, a partir del domingo V de Cuaresma, puede conservarse, a juicio de la Conferencia de los Obispos. Las cruces permanecen cubiertas hasta después de la celebración de la Pasión del Señor, el Viernes Santo, y las imágenes hasta el comienzo de la Vigilia Pascual» (Notitiae 1988).

Esta misma indicación aparece como «rúbrica» en los actuales Misales en español cuya traducción proviene de la tercera edición en latín (tertia editio typica), para el «V domingo de Cuaresma».

Uno de los grandes impulsores del movimiento litúrgico previo al Concilio Vaticano II, Pio Parsch, en su obra Das Jahr des Heiles, nos da una explicación muy clarificadora sobre el significado de la velación de las imágenes de los santos, de María y de las cruces y crucifijos:

«Entramos en los días de duelo que lloramos al Esposo divino. La Iglesia se cubre con el velo de viudez. El tiempo de Pasión es la tercera etapa de la preparación pascual. La antecuaresma fue una introducción, la Cuaresma un periodo de conversión y purificación, el tiempo de Pasión está consagrado de un modo especial al recuerdo de los sufrimientos de Cristo. Este recuerdo se expresa en diversas prácticas exteriores de la liturgia. Se cubren los retablos del templo, lo cual es costumbre simbólica con que la Iglesia quiere manifestar su duelo, y se velan las cruces, en las cuales antiguamente no se hallaba grabada la imagen del Crucificado.

Las imágenes y estatuas deben desaparecer de nuestra vista para que no nos distraigan del pensamiento de la Pasión de Cristo».

Otro de los grandes exponentes del «movimiento litúrgico» que precedió al Concilio Vaticano II, el abad Própero Guéranger, explica de la siguiente forma esta costumbre que, como hemos dicho anteriormente, tiene siglos en nuestra Iglesia católica:

«Se cubre con lúgubre velo la Santa Cruz. El objeto casi único de la meditación durante esos días serán la Pasión y la Resurrección de Cristo. El cielo de la santa Iglesia –dice el Abad Guéranger– se torna triste y sombrío. En el centro de la liturgia se yergue la santa Cruz, en cuyo honor se entonan himnos de penitencia y misericordia. Hay indicios exteriores de duelo: las imágenes de los Santos cubiertas, pues la Iglesia no quiere distraer su mirada con las bellas esculturas, con los esplendores del arte, ni siquiera con los metales que adornan el signo de la Cruz».

Todo este sentido lo expresa muy bien la oración colecta del V domingo de Cuaresma, cuyo origen está en una oración propia del rito hispano-visigótico, el cual se fundamenta en el pasaje de la carta de san Pablo a los Efesios: «Caminen en el amor, lo mismo que Cristo nos amó y se entregó por nosotros como oblación y ofrenda de suave olor ante Dios» (5, 2).

Entonces, esta vieja costumbre de velar imágenes religiosas, tiene por intención el ayudarnos a enfocarnos en el aspecto penitencial de esta temporada litúrgica. Nos recuerda de una manera visual que nuestra fe en toda su gloria solo es posible a través de la obra de Cristo en su sufrimiento y muerte en la cruz.

Así como la Iglesia de cierta forma «simplifica» el santuario en estas últimas semanas de Cuaresma con el fin de centrarse en el aspecto penitencial de la temporada, también podemos simplificar nuestros hogares cubriendo con velos morados los crucifijos y otras imágenes sagradas. Nos recuerda que Jesús ocultó su gloria durante su Pasión, así también nosotros cubrimos nuestros objetos religiosos para prepararnos a centrarnos en su Pasión y Muerte, no como un «funeral ordinario» o una costumbre piadosa más, sino como una adoración real al sacrificio del Hijo de Dios que se entrega por amor a cada uno de nosotros, hijos e hijas de Dios.

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