Alberto Gil no escribe el tradicional libro de retórica orientado a hablar con éxito en público, sino que realiza un análisis profundo desde la óptica de una retórica de corte antropológico, centrada en la persona. Esta, por su propia naturaleza, posee la capacidad de hablar, expresar ideas y sentimientos, entablar relaciones y elaborar estrategias persuasivas. La retórica busca desarrollar estas habilidades comunicativas con el objetivo de convencer, lo que implica dar razones y transmitirlas de tal modo que el otro pueda comprenderlas. Convencer, por tanto, va más allá de la mera lógica.
El libro se estructura en tres capítulos:
En el capítulo 1 se sientan las bases antropológicas de la retórica, recordando que el argumento más eficaz del orador es su honestidad y credibilidad. De acuerdo con la retórica clásica, lo más importante es la intencionalidad del emisor y el concepto que tiene del otro. A la confianza se suman las cualidades propias del orador —prudencia, virtud y relacionalidad—, lo que da como resultado una retórica eficaz. El autor desarrolla esta propuesta en el capítulo a través de tres apartados:
- Logos y Frónesis (argumentación y prudencia), o cómo se convence mediante argumentos consistentes, donde resulta especialmente útil esforzarse por hablar con sencillez y concisión, así como estructurar el discurso de modo que los oyentes puedan seguirlo con facilidad;
- Ethos y Areté (autoridad y virtud), el equipamiento de un orador convincente, que se manifiesta en el esfuerzo visible por convencer y atraer, apoyado en la coherencia entre pensar, hablar y actuar;
- y Pathos y Eunoia (receptividad y relacionalidad), o cómo lograr que el discurso sea bien recibido. Desde el punto de vista de favorecer el Pathos, ayudan comportamientos como argumentar apoyándose en citas directas o indirectas, generar confianza en los oyentes, utilizar imágenes y ejemplos adecuados, articular con claridad las palabras, sonreír y cuidar el volumen de la voz. En retórica no se trata solo de informar, sino de ganarse a los otros. Se trata de un capítulo que pone de relieve la estrecha relación entre la eficacia retórica y la intencionalidad del hablante.
El capítulo 2, titulado «Técnicas retóricas», desarrolla cómo llevar a la práctica, de manera técnica, las disposiciones interiores del orador en la acción comunicativa, con el fin de alcanzar los objetivos de un buen discurso: deleitar, instruir y mover. La estructura del capítulo se articula en torno a dos ejes: la retórica interna y la retórica externa.
La retórica interna constituye la base de toda técnica retórica, pues solo aquello que está bien pensado puede ser adecuadamente estructurado y presentado, tanto a través de la palabra como del comportamiento no verbal. Se establece así un interesante juego de interpretación y creatividad. Para ello, el autor desarrolla la fase de reflexión, centrada en cómo pensar mejor el discurso, y la fase de estructuración, orientada a ordenar las ideas de modo que puedan seguirse y comprenderse con mayor facilidad.
En cuanto a la retórica externa, se subraya que la lengua es un instrumento poderoso, capaz de lucirse, destruir o edificar, y que la exteriorización del mensaje resulta decisiva en el proceso comunicativo. Por ello, el autor distingue dos apartados fundamentales: los recursos verbales y los recursos no verbales.
En los dos primeros capítulos se transmite un mensaje claro: la retórica solo será eficaz si se apoya en una personalidad que se esfuerza por ser auténtica y sincera. Esta convicción se muestra de manera ejemplar en el capítulo 3, «Retórica aplicada», donde el autor analiza diversos ámbitos actuales de la oratoria: la política, que históricamente ha ido de la mano de la retórica; la didáctica; y la comunicación de la fe. El capítulo incluye, además, una breve introducción a la comunicación transcultural, en la que se desarrolla, a grandes rasgos, un esquema de la retórica inter y transcultural, así como las ideas esenciales sobre la figura del mediador entre culturas y su autoridad como comunicador.
En resumen, en la retórica importan los argumentos que presenta una persona digna de confianza, verdaderamente convincente. En este libro se redescubren las dimensiones humanas de la retórica, y su lectura ayuda a comunicar con mayor eficacia las ideas y las convicciones propias.
Kevin Valenzuela
🇬🇹 Guatemala
Director de Estudios de la Facultad de Comunicación de la Universidad del Istmo (UNIS), Guatemala. Cuenta con estudios de doctorado en Gobierno y Cultura de las Organizaciones por la Universidad de Navarra (España).