Por Jonatán Lemus| [email protected]fm.edu

Recientemente los autores Noel Johnson y Mark Koyama publicaron el libro Persecución y Tolerancia: El largo camino a la libertad de religión, en el cual se analiza desde una perspectiva histórica, el surgimiento de las nociones modernas sobre la tolerancia religiosa. Es un texto interesante pues aplica una visión económico-institucional para analizar el desarrollo de la libertad de religión en Europa occidental y algunos casos de otras regiones del mundo.

El argumento principal es que la aparición de los estados modernos, capaces de aplicar leyes generales, proveyó las condiciones para la paz entre grupos religiosos y para el eventual surgimiento de varias libertades, entre ellas la de religión. Desde esta perspectiva, aunque el proceso de construcción de estado ha involucrado el uso de la coerción, los estados modernos han traído consigo muchos beneficios para la sociedad, especialmente si se comparan con los modelos de gobierno anteriores.

A pesar de lo categórico de su argumento, Johnson y Koyama aseguran que el libro no pretende ser una prescripción de políticas públicas ni tampoco plantear enunciados filosóficos y morales. Su enfoque, aseveran, es estrictamente económico e histórico, el cual enfatiza la importancia de las instituciones y sus incentivos para explicar comportamientos individuales y de grupo.

En el presente artículo se resume y se comenta algunas de las ideas principales de esta interesante investigación.

¿De qué se trata el libro?

El libro de Johnson y Koyama se puede sintetizar en tres grandes ideas. Primero, los autores plantean que los gobernantes, a lo largo de la historia, han utilizado la religión para legitimar su poder. A cambio de proveer dicha legitimidad, los actores religiosos han requerido la cooperación de los gobernantes para limitar la competencia de otros grupos. En el periodo pre-moderno, esto incluía que el Estado asumiera la función de perseguir a los individuos o colectivos disidentes.

En ese sentido, en el libro se plantea el concepto de «tolerancia condicional», el cual regía la relación entre el Estado y las distintas religiones durante el periodo pre-moderno. La tolerancia condicional consistía en que los grupos religiosos minoritarios, física y territorialmente separados del resto, eran tolerados en la medida que su labor económica fuera de conveniencia para el gobernante de turno. En momentos de crisis, en el que los gobernantes necesitaban recursos, los grupos religiosos minoritarios eran perseguidos o expulsados. Un ejemplo de esta dinámica es la relación entre los gobernantes y los judíos. Los autores muestran cómo, en tiempos de guerra, los judíos eran vulnerables a ser expulsados de los territorios y despojados de su pertenencias. En efecto, se observa cómo incluso un cambio en la temperatura, por su efecto en la producción agrícola, estaba asociado con una mayor probabilidad de persecución de dicho grupo.  

Según los autores, en este sistema de tolerancia condicional, la persecución a grupos religiosos era esporádica. Esto se debía a que los estados eran en su mayoría muy débiles. Por lo tanto, no contaban con los recursos para perseguir de manera sistemática a los  «herejes». Esta es una de las ideas más enfatizadas por Johnson y Koyama pues argumentan que, durante el periodo pre-moderno, no se observó un alto grado de persecución religiosa cómo usualmente se cree. Si existía persecución, esta era enfocada en algunos grupos o individuos.

Una vez descrito el sistema de tolerancia condicional, los autores introducen una segunda idea:  la transición de un sistema basado en las reglas de identidad a uno de reglas abstractas y generales. Durante el periodo pre-moderno, las reglas de identidad eran aquellas cuyo diseño y aplicación dependían de la identidad social de los actores. Es decir, ser cristiano o judío era el factor que determinaba qué tipo de reglas aplicaban a un individuo o grupo. Sin embargo, con el incremento en el desarrollo económico, el comercio, la urbanización y el desarrollo de los estados nación, el equilibrio de la tolerancia condicional y las reglas de identidad se fue socavando.

En ese sentido, Johnson y Koyama plantean que las reglas de identidad empezaron a ser vistas como ineficientes. Los gobernantes observaban que las políticas generales de tolerancia aumentaban el crecimiento económico, y por lo tanto, la capacidad de recolección de impuestos. A esto se sumó que con el paso del tiempo, los gobernantes dependían cada vez menos de la religión para tener legitimidad.

Este proceso, según los autores, se vio acelerado por la Peste Negra y la Reforma Protestante. El primer evento debilitó a la Iglesia Católica al disminuir el número de sacerdotes y feligreses, y permitió el surgimiento de nuevos movimientos religiosos. El segundo evento tuvo un impacto aún mayor pues incrementó la diversidad de perspectivas religiosas. En ese nuevo contexto, los estados tenían menos capacidad de mantener la política de persecución religiosa. Eventualmente, los gobernantes entendieron que el costo de la represión era muy alto y por lo tanto, era más beneficioso replantear su relación con las nuevas instituciones religiosas.  Este hecho marcó el rompimiento del equilibrio de la tolerancia condicional y abrió la posibilidad para uno nuevo basado en la libertad de religión.

En efecto, la tercera idea de este libro se enfoca en el surgimiento de estados modernos basados en principios liberales. Al aumentar el costo de aplicar las reglas de identidad, los gobernantes optaron por construir estados alrededor de reglas generales y abstractas, las cuales se aplican a todos los ciudadanos por igual, independientemente de su estatus u origen social. Ciertamente, los autores reconocen que la construcción de estos entes no fue solamente producto de las dinámicas religiosas. Otros factores como el crecimiento económico y las ideas del Renacimiento tuvieron una influencia importante. Además, Johnson y Koyama reconocen que ha existido casos en el que estados modernos han tenido políticas de persecución religiosa, por ejemplo en Alemania Nazi y China.  Sin embargo, también argumentan que estos casos no son suficientes para refutar el argumento que un estado fuerte y capaz ha sido clave para la construcción de una sociedad liberal en la que se respeta la libertad de religión.

Comentarios generales sobre el libro

El análisis de Johnson y Koyama genera algunas ideas para la reflexión. Desde la visión de la ciencia política, se puede resaltar dos contribuciones importantes. Primero, el hecho que la debilidad de los estados pre-modernos hacía inviable las políticas de persecución religiosa. Esto contradice la percepción común sobre cómo funcionaba la persecución en los tiempos previos al surgimiento del estado moderno. Por otra parte, los autores muestran de manera convincente la transición de un equilibrio de tolerancia condicional a uno de tolerancia generalizada. Esto lo hacen enfatizando la influencia de factores endógenos como el crecimiento económico, la urbanización y el aumento del comercio, pero también toman en cuenta factores de shock como la Peste Negra y la Reforma Protestante. Con esto, los autores demuestran que las teorías de elección racional, usualmente utilizadas para explicar equilibrios, también pueden ser útiles para entender cambios históricos.

Por otro lado, se pueden hacer algunas críticas sobre el trabajo de estos autores. Primero, Johnson y Koyama no proveen un argumento convincente para explicar aquellos casos de estados modernos que han abusado de su poder. La pregunta sobre cómo evitar que los estados crezcan sin controles y adopten una línea autoritaria queda sin respuesta en este libro. Segundo, también puede criticarse el énfasis de los autores en la capacidad del Estado como la variable explicativa del surgimiento de la libertad de religión. En el libro se cita explícitamente a autores de la corriente institucionalista histórica como Theda Skocpol o Charles Tilly, cuyos análisis se caracterizan precisamente por ver al Estado como un ente que puede tener capacidad y autonomía. La gran debilidad de esta perspectiva es que deja fuera de la ecuación a otros actores de la sociedad.

En ese sentido, el excesivo énfasis en el Estado hace que se deje de lado la posibilidad que la persecución religiosa no provenga del Estado, pero sí de la sociedad misma. Esta tendencia podría verse reflejada en la actualidad pues, a pesar de la existencia de estados modernos, hay serias amenazas a la libertad de religión que provienen, en muchas ocasiones, de iniciativas organizadas por otros actores de la sociedad. Finalmente, se podría criticar el tono determinista de los autores con respecto a la necesidad de un Estado fuerte y moderno. Los autores no dejan abierta la posibilidad de que los mismos ciudadanos puedan crear mecanismos de auto-gobernanza que promuevan la tolerancia entre diferentes grupos.

Este libro también aporta al debate desde la perspectiva cristiana. Por ejemplo, se plantea que la persecución religiosa disminuye al construirse un Estado moderno. Sin embargo, en el cristianismo, la persecución contra la iglesia es un hecho inevitable y permanente. Esta puede provenir directamente del Estado o de la misma sociedad; puede ser violenta o adoptar otras formas.

En esa misma línea, este libro plantea algunos puntos de reflexión para la discusión sobre el papel de los cristianos en la política. Se observa cómo a lo largo de la historia, el uso del poder estatal para promover la fe cristiana ha tenido resultados contraproducentes. Esto plantea una pregunta digna de discusión: ¿Debe el cristiano contribuir a la construcción del Estado? O ¿Debe el cristiano aislarse completamente de los temas políticos?

En resumen, el libro de Johnson y Koyama describe el surgimiento de la libertad de religión en Europa occidental. Se argumentan que la tolerancia religiosa aumenta debido al surgimiento de estados modernos capaces de aplicar leyes generales y abstractas. Desde la ciencia política, este libro puede ser criticado por su tono determinista con respecto a la necesidad del Estado para garantizar la tolerancia religiosa. Desde la visión cristiana, la investigación de estos autores nos motiva a reflexionar sobre el papel de las iglesias en el ámbito político. En mi opinión personal, aunque la persecución de los cristianos es un hecho inevitable, la existencia de sistemas políticos con más tolerancia hacia los grupos religiosos es  deseable y positiva. En un contexto de competencia de ideas, existen más posibilidades para que más personas puedan conocer del mensaje de libertad y salvación que provee el Evangelio.


Foto: Goodreads


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