Por Carroll Rios de Rodríguez | [email protected]

Los cristianos en Guatemala disfrutamos de la libertad de culto, y nuestras leyes, propias de un Estado laico, sostienen que la libertad de religión es un derecho fundamental. Recién vivimos una Semana Santa más, llena de ritos y manifestaciones públicas de piedad. Durante el asueto pudimos acudir a misas, vigilias, confesiones, procesiones y otras celebraciones que conmemoran la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Hasta los guatemaltecos que no practican ninguna religión disfrutan de muchas de nuestras tradiciones. Nuestra experiencia dista mucho de lo acontecido a una pequeña minoría cristiana en la República Democrática Socialista de Sri Lanka.

La  tétrica escena que nos llega desde Sri Lanka es desgarradora: justamente en el día más importante para los seguidores de Jesús, el Domingo de Resurrección, se perpetraron múltiples atentados contra iglesias y hoteles. Alrededor de 290 personas murieron y cientos más resultaron heridas tras la detonación de bombas en una serie de ataques cuidadosamente planificados y ejecutados.  En Batticaloa atacaron una iglesia cristiana, la iglesia de Sión. En la capital, en el área de Kotahena, fallecieron cincuenta personas que asistían a la iglesia católica de San Antonio. Y en la iglesia de San Sebastián, en la ciudad de Negombo, murieron por lo menos 104 fieles. «¿Por qué matar a inocentes?» se preguntan unos sobrevivientes. Un minuto estaban haciendo la cola para recibir la comunión, y al minuto siguiente todo era caos, sangre y lamentos.

«Los cristianos de Sri Lanka no deberían volver a ir a la iglesia», reaccionó mi hijo de 12 años. Tomar abundantes precauciones para conservar la vida suena razonable, pero evidentemente en países donde los cristianos son perseguidos, ocurre lo contrario. Las personas de fe necesitan congregarse, acudir a los sacramentos y dar testimonio de sus creencias, en tiempos buenos y malos.

Así lo hicieron estos mismos cristianos hace poco más de cuatro años, el 14 de enero del 2015. Ese día les acompañaron sus compatriotas budistas, hinduistas y hasta musulmanes; acudieron a una misa celebrada por el visitante papa Francisco, frente al Océano Índico. Los cristianos suman escasamente entre el 7 y 9 por ciento (poco más de un millón de personas) de la población total de la isla. La agencia noticiosa EFE proclamó que el papa Francisco había logrado que «Sri Lanka fuera por un día un país con protagonismo católico». Algunos de los asistentes no creyentes afirmaron que el papa Francisco era portador de un mensaje de esperanza. La visita papal tuvo lugar a escasos seis años del fin de una cruenta guerra civil, y los habitantes de la antigua Ceilán añoraban vivir en armonía.

Los bombazos nos dejan tristes, enojados, y con preguntas. ¿De dónde viene tanto odio contra los cristianos: de la población mayoritariamente budista (70%), hinduista (15%), o musulmana (10%)? ¿O es un ataque político recubierto con ropaje religioso? ¿Y qué hay de una posible participación por grupos internacionales? Según el New York Times, aparentemente los culpables forman parte de un grupo extremista islámico denominado Thowheeth Jama’ath Nacional.  Históricamente, han existido roces entre las distintas etnias y religiones, pero habían convivido sin violencia durante años.

La preocupación se torna aún mayor al notar que Sri Lanka ocupa la posición 44 de una lista de 50 países donde es peligroso ser cristiano. Corea del Norte, Afganistán, Somalia, Sudán y Pakistán son los cinco países donde más se persigue a los cristianos, según el World Watch List publicado por Open Doors.  Y tengamos en cuenta que existen países occidentales donde, a pesar de contar con leyes que garantizan la libertad de religión, se ponen obstáculos a las prácticas cristianas y se reportan actos violentos contra personas de fe.

En conclusión, los sucesos en Sri Lanka nos recuerdan que aún en nuestros días hay personas que mueren mártires o se hacen santos en ambientes adversos y hostiles. La lucha por la libertad y por la religión sigue siendo tan necesaria hoy como en épocas pasadas.


Foto: AsiaNews

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