Roger Scruton (1944-2020): conservador y liberal

Por Carroll Rios de Rodríguez | [email protected]

El cáncer cobró la vida del filósofo conservador, amante de la libertad, Sir Roger Scruton, el pasado 12 de enero del 2020. Tenía 75 años. Michael Brendan Dougherty dictaminó que es el «más importante pensador conservador de su generación», y que probablemente será el único de su generación «cuyas obras se leerán dentro de cien años». Es un poderoso halago para alguien que se atrevió a plantearse preguntas duras.

En América Latina, el nombre Roger Scruton no suena. Pese a que publicó más de 50 libros, no ha sido leído suficientemente en nuestros países. Quizás la censura de la cual fue objeto, por parte de sus colegas progresistas, afectó su reputación entre quienes pudieran mostrar interés en sus ideas de este lado del Atlántico. Otra posible razón es que algunos potenciales amigos, dentro del mundo libertario, sospechaban de sus inclinaciones conservadoras y temen que su endoso de la libertad sea tibio. 

En una entrevista que le hizo Peter Robinson del Hoover Institute en febrero del 2017, Scruton se expresa inteligentemente y con gran entusiasmo respecto de los mercados libres y la propiedad privada, pero afirma también que existen aspectos de la vida en sociedad que no son parte del mercado ni deben serlo, como las asociaciones cívicas voluntarias, las familias y la religión. Comprende a la perfección que Adam Smith previó que el mercado libre operaría dentro de una cultura impregnada de valores judeocristianos. 

De joven, Scruton fue socialista. Durante las protestas de 1968 en Paris, Scruton se dio cuenta que él no quería destruir y quemar toda la tradición europea, y que la oferta socialista que captivaba a los jóvenes parisinos era una promesa falsa y vacía. Argumentó que el conservadurismo es un instinto que nace de la vida en comunidad. La vida en sociedad es sana y pacífica cuando los miembros asumen la identidad nacional y la religión tradicional, y cuando la prioridad es velar por los ciudadanos y no por el gobierno. Parte de lo que heredamos de la visión judeocristiana de la sociedad es que cada persona merece respeto y que el gobierno debe ser limitado. Los mercados deben ser libres en atención a esta autonomía de las personas. Dicho sea de paso, profesó la religión anglicana; tenía inclinaciones hacia una práctica tradicionalista y guardaba simpatía por el catolicismo, sobre todo de los primeros cristianos.

La atracción que sienten los latinoamericanos hacia la revolución, el caudillismo y el populismo, podría ser atenuada por la lección que destiló Scruton de las crisis políticas y económicas de Europa: «que los gobiernos revolucionarios se estabilizan cuando pueden exportar su caos a sus vecinos. Europa cuenta con defensas contra una invasión armada, pero no posee protección contra quienes la invaden sin armas…Las grandes preguntas en mi mente son éstas: ¿Hasta qué punto es responsable de nuestra debilidad frente a estas amenazas, la pérdida de nuestra religión, y la cultura tradicional que nació de ella? ¿Y qué podríamos ahora hacer para remediar este defecto?». Contenida en un artículo publicado en 2015 por Heritage Foundation, esta reflexión podría aplicarse a nuestros países. Aquí también hay quienes coquetean con el progresismo y el secularismo y ven con desdén los valores y las instituciones que recibieron de España y Portugal (incluyendo su fe). 

Dicha pregunta, además, ilustra el estilo incisivo y filudo de Scruton. A Scruton no le satisfacían las respuestas simplistas. Pareciera que responderá su propia pregunta con fatalismo, pero el artículo mencionado termina con una nota de esperanza: recomienda a los estadounidenses emprender una nueva revolución. Una revolución que consiste básicamente en decir «no» a ciertas novedades, con el fin de preservar un estilo de vida precioso, reconocible y heredado. 

Roger Scruton no tuvo una vida fácil ni encaja dentro de los estereotipos británicos. No es un filósofo aristócrata, sino uno emergido de cuna humilde, pero luego hecho caballero por la reina, gracias a sus aportes a la vida intelectual de Inglaterra. Inglés, pero cosmopolita. Anticomunista por instinto, tanto así que ayudó personalmente a los movimientos contrarrevolucionarios en Polonia y la república Checa. Burkeano en un mundo postmoderno que había prácticamente enterrado a Burke. 

Fue objeto de numerosos ataques a lo largo de su vida. En una oportunidad, George Eaton lo acusó de racismo y antisemitismo, pero luego se supo que Eaton tergiversó sus palabras. Cuando era editor de la revista  The Salisbury Review, publicó un artículo por Ray Honeyford que ponía en duda los logros del multiculturalismo. Recuerda Scruton en una entrevista con Spectator que este trabajo «me costó miles de horas de trabajo sin paga, un horrendo asesinato de mi carácter en Private Eye, tres demandas, dos interrogaciones, una expulsión, la pérdida de una carrera universitaria en Inglaterra, interminables reseñas que desdeñan mi obra, la suspicacia de los Tories, y el odio de los liberales decentes en todas partes». Y, agrega, «todo valió la pena».  

Escasos tres años después, publicó su libro Pensadores de la nueva izquierda (1985), en el cual observó que era inconcebible que una persona de occidente se hiciera de la vista gorda respecto de los crímenes del totalitario Mao, entre otros. Ante los ataques contra el libro, la casa editorial lo retiró del mercado, llevando a Scruton al borde del suicidio. ¿Cómo podían los intelectuales de Europa seguir defendiendo las ideas de Marx, que tanto daño habían hecho en el mundo?  

El Instituto Fe y Libertad (IFYL) lamenta la muerte de Sir Roger Scruton y espera que su obra se conozca más en América Latina en años venideros.


Foto: BBC.

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