Reflexión en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer 2015

Un economista español, Carlos Rodríguez Braun, afirma que el Estado, “que presume de ayudarnos… socava las instituciones sobre las que se fundamentan la libertad, la dignidad y el bienestar de los seres humanos”. No se refiere al mercado ni al derecho, con todo y que estos efectivamente promueven libertad, dignidad y bienestar. El profesor Rodríguez Braun se refiere en realidad a instituciones de cooperación social más básicas, más primarias: el matrimonio y la familia.Y es que cierto liberalismo –mal entendido– ha cargado el acento en los últimos años sobre El Individuo, a secas, como si vinieramos al mundo como adultos que pueden ejercer derechos, plantearse objetivos y elegir medios para alcanzarlos. Pero la realidad es que somos individuos productivos, fuertes y auto defendibles solo durante una parte de la vida: nuestros primeros años transcurren en la más absoluta indefensión, y es posible que los últimos, si llegamos a muy ancianos o nos ponemos muy enfermos, también.De ahí la necesidad de instituciones que aseguren que se nos cuide y sí, también que se nos quiera. No solo de pan vive el hombre, de manera que no bastó cuando fuimos pequeños, ni bastará si llegamos a viejos, con que solo se nos alimente, se nos vista y se asegure un techo sobre nuestra cabeza. Muchos parecen perder de vista, o simplemente no lo han “visto”, que la institución que hasta ahora ha hecho justamente eso: cuidar y querer a los desvalidos, a los débiles, a los chicos, a los mayores, ha sido la familia, a su vez fundada en otra institución cooperativa por definición: el matrimonio.Ningún Estado ha podido jamás sustituir a estas instituciones. Por eso afirma Rodríguez Braun que, lejos de ayudarnos, nos ha perjudicado al socavar las mismas. ¿Cómo lo ha hecho? Pues sin ser exhaustivos podemos mencionar las leyes que facilitan el divorcio, o las políticas públicas que promueven la actividad sexual en adolescentes o incentivan la maternidad soltera. Lo peor es que tanto esas leyes como esas políticas han sido diseñadas para “empoderar” a mujeres y jóvenes, precisamente los más beneficiados por la estabilidad y la protección que una familia funcional provee… y los más perjudicados por un ambiente cultural que alienta las relaciones sin compromiso y la gratificación de corto plazo.

Esta cultura de nuestros días no deja de asombrar, por contradictoria. Un ejemplo: para sus pregoneros, una joven de 15 es lo suficientemente crecida para “explorar y gozar su sexualidad”, mantra de la llamada educación sexual y reproductiva integral. Pero si luego de sendos exploración y goce sale embarazada, la chica en cuestión es retratada como una “niña” en las estadísticas, que entonces esos pregoneros interpretan como demostraciones de “el patriarcalismo, machismo y conservadurismo de esta sociedad”. ¡Vaya cátedra sobre lo que significa ser hipócrita!

Por eso quienes sostenemos que el sexo es para hombres y mujeres casados entre sí, no para jovenzuelos que están apenas empezando a conocerse a sí mismos, estamos obligados a la coherencia. Así que frases hechas como “el hogar es el sitio más peligroso para las mujeres hoy en día” no nos asustan, aunque la prensa las machaque y a veces seguidas de números, por ejemplo “9184 casos registrados de violencia intrafamiliar solo en el primer trimestre de 2014”. Si vamos a las Estadísticas de Violencia Intrafamiliar del INE (Instituto Nacional de Estadística, con datos del Registro Nacional de las Personas RENAP, Trimestre 1, 2014), encontramos que el agresor fue el esposo en el 34.9% de los casos, es decir, en 3205 de ellos. En el resto de casos (la mayoría, 5979) el agresor fue un conviviente o un ex cónyuge (no especifica si ex esposo o ex conviviente). Obviamente es terrible que en un solo trimestre 3205 hombres maltraten a sus esposas, pero cuando a uno le tiran números en la prensa para suscitar alarma siempre hay que preguntarse: esos números… ¿comparados con qué?

En Guatemala hay al menos 2.5 millones de hogares. Hay que ser deshonesto para sugerir por tres mil y pico (casos de esposos violentos) en relación a dos millones y medio (de hogares) que una familia en un hogar fundado en matrimonio es el sitio “más” peligroso para las mujeres… ¡¿más que la sola convivencia, la promiscuidad o la calle?!

Todo esto en realidad forma parte del ataque al que están siendo sometidos matrimonio y familia, esas instituciones básicas de cooperación social, en aras de palabras que suenan bien, como “autonomía”, “liberación” o “empoderamiento”. Esta es una llamada de atención para quienes amamos la libertad porque la entendemos bien y sabemos que no es desboque de pasiones, ni satisfacción de cualesquiera apetencias, ni mucho menos bandera y estandarte para que el Estado moderno, el llamado precisamente a defender las instituciones, pretenda re definirlas o aniquilarlas en arremetidas liberticidas.


1 Se cita ese trimestre de ese año por dos razones. La primera: aún no está disponible la información del cuarto trimestre de 2014, así que no puede hacerse el análisis del año completo. La segunda: no hay información disponible del año en curso, 2015, así que no puede hacerse un análisis actualizado.