Por Carroll Rios de Rodríguez | [email protected] 

Los periodistas estadounidenses (en su mayoría de mentalidad izquierdista) acusan a Donald Trump de provenir de, o simpatizar con, el movimiento Alt-right, y de incrementar su influencia en Washington, D.C.. Dicen que el desfile que organizó el presidente Trump para conmemorar el día de la independencia de su país, el 4 de julio recién pasado, con todo y elementos militares, cortejaba a sus votantes alt-right. ¿Son acusaciones válidas? ¿Qué claves podemos usar para comprenderlo?

Alt-right es una abreviación de «derecha alternativa» y se caracteriza principalmente por ser un movimiento nacionalista que exalta la raza blanca. Por eso, se tilda de «derecha extrema», quizás por sus sobretonos fascistas. El fascismo tiene más en común con el totalitarismo y autoritarismo que con las ideas de la libertad. Definitivamente, no es un movimiento clásico liberal, ni libertario, ni tampoco conservador o cristiano. Según J.M. Berger, autor de Extremism, su investigación de más de 30,000 cuentas de Twitter de personas que se autoidentifican como alt-right, dicha tendencia «suele describirse como un movimiento o una ideología. Es mejor comprendida como un bloque político que busca unificar las actividades de diferentes movimientos e ideologías extremistas. Mientras tiene alcances internacionales, su centro de gravedad se ubica en Estados Unidos».  Siendo un bloque de grupos distintos, hay diversidad de criterios entre sus allegados y eso hace muy difícil ponerle etiquetas precisas. Además, es un fenómeno reciente y en proceso de evolución.

Muchos observadores coinciden en que Richard Spencer constituye una especie de punto de partida para el movimiento. Él lanzó la revista en línea que se llama The Alternative Right en 2010.  Spencer es un neo-nazi que afirma la supremacía de la raza blanca.  Él preside el National Policy Institute (NPI), que se autodescribe como «una organización dedicada a la herencia, identidad y el futuro de las personas de ascendencia europea en Estados Unidos…NPI es un componente central e indispensable de la Alt-Right internacional».

Los miembros de organizaciones como NPI consideran a los conservadores tradicionales como pusilánimes y débiles, sobre todo porque no son antisemitas ni racistas. El rechazo a la inmigración por parte de la alt-right se debe precisamente a su aspiración de «limpiar» la raza estadounidense, y por ello se distingue de la oposición expresada por algunos conservadores que piden controles más estrictos a la inmigración ilegal. Brad Griffin, dueño de un blog titulado Occidental Dissent (OD), afirmó una vez que el propósito de la alt-right era retar el pensamiento libertario y conservador, para intentar atraer a los jóvenes que no simpatizan con la derecha tradicional pero tampoco con la izquierda. En contraste con el afán radical y hasta revolucionario por depurar la raza, y esa tendencia por idealizar un pasado sin mestizaje, los paleo-conservadores, o neo-conservadores, o cualquiera de los otros grupos conservadores en Estados Unidos, buscan conservar las ideas de la libertad enarboladas por los «Padres Fundadores», y los valores centrales a la cultura estadounidense, como por ejemplo la prudencia y la tolerancia. 

En cuanto a la filosofía económica, la alt-right no afirma mayor cosa. De hecho, parecen favorecer el proteccionismo nacionalista en lugar de la libertad de mercado. Además, el pensamiento racista es por naturaleza colectivista, con lo cual no valoran el subjetivismo metodológico inherente al ejercicio de la libertad económica. No son desconfiados de la autoridad política ni rehuyen a medidas de coacción, siempre y cuando sean ellos los que ostenten el poder para imponer sus ideas.

Algunos comentaristas identifican a la alt-right con el cristianismo, pero el racismo contradice el mensaje universal e inclusivo de Jesucristo. De hecho, existe una tendencia dentro de estos grupos hacia el neo-paganismo, pues la religión cristiana tiene raíces judías (no occidentales) y pregona el altruismo, el perdón y el servicio al prójimo. Así que las personas que conforman este bloque y se consideran cristianos están redefiniendo los parámetros de su religiosidad para ajustarse a sus prejuicios. Como muchos otros, detectan en la cultura occidental una decadencia, pero su lista de los males a combatir puede diferir sustancialmente de la lista de personas no racistas.

Dados los encendidos discursos y la solapada invitación a la violencia de algunos de los seguidores de la alt-right, podemos concluir que sus expresiones de apoyo a Donald Trump le hacen más daño que bien al presidente. Cuando ganó la elección, varios hicieron saludos hitlerianos de celebración. Con el pasar de los meses, Trump los ha decepcionado por su postura radical en favor de Israel y por otras actitudes que no coinciden con su agenda política. 

Cuando escuche a alguien acusar a organizaciones conservadoras o libertarias de conspirar con la alt-right, o afirmar cosas peyorativas de la agenda conservadora o libertaria utilizando referencia de la alt-right, frénelo en seco. Es harina de otro costal.


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