Perenne responsabilidad y convicción del político

Por David Orrego | davidorrego@ufm.edu 

Solo puede haber dos tipos de personas dedicadas a la política, escribía el filósofo alemán Max Weber en su libro sobre El político y el científico, uno que vive para la política y otro que vive de la política. La diferencia descansará en la vocación que cada uno posea en cuanto al servicio público, al arte de construir las normas generales de la acción que persigan el bien común de los ciudadanos y, en definitiva, de la ciudad, es decir, de cómo actuará en la ciencia política según Aristóteles (Aristóteles, 1985).

Sin embargo, la construcción del político tendrá que ver con el ethos que dirigirá su accionar, pues será este el marco que utilizará el político para sustentar la razón de sus hechos. Weber destaca dos tipos, la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. Una y otra no se contraponen, se complementan en el análisis de Weber, aunque su exposición diferencie drásticamente el quehacer de una y otra. Él advierte que no es una aseveración vincular a la ética de convicción con la falta de responsabilidad, ni mucho menos asegurar que la ética de responsabilidad es igual a la falta de convicción (Weber, 1967, pág. 161), pero, ¿de qué trata cada una en el político? 

La ética de convicción persigue el convencimiento por una causa, los principios que la sustentan deben permanecer con fortaleza, con la ausencia de prever sus consecuencias, sin importar si estás últimas puedan ser buenas o malas, pues el autor de estas acciones, no se sentirá responsable directamente de ello, por el contrario, juzgará con designio al destino como autor del resultado final. 

Aquel soldado que se enfrenta con el enemigo en trinchera, arriesgando sin estrategia su vida, y considerando su resultado como desdicha de la muerte, no se moverá de su lugar incluso si eso no representa un efecto motivador de la derrota o la victoria. Entonces, la dignidad, el honor, y el principio, califican al hombre por su ética de convicción. 

Weber escribirá que quienes actúan bajo esta ética, solo son responsables de no sofocar la llama de la convicción; protestan, pelean, y resisten contra el enemigo paraprender y mantener viva esta llama, aunque eso implique representar un valor irracional y sustentar solo el valor del ejemplo (Weber, 1967, pág. 162). En el político, la ética de convicción se reflejará en aquellas decisiones que se mantienen bajo la causa, incluso si la percepción popular muestra su descontento, incluso si se arriesga el éxito y existen daños colaterales. 

Por otra parte, la ética de responsabilidad viene siendo la racionalidad del político sin el sustento perpetuo de la causa. Según Weber, toma en cuenta todos los defectos, pues al considerar al hombre imperfecto, las acciones y sus consecuencias también lo son, y, por lo tanto, la prevención de sus consecuencias de manera racional conseguirá resultados con más probabilidad de éxito que de fracaso. 

El principio de la conciencia sobre las consecuencias de nuestras acciones, y la mensura sobre los efectos que pueden tener sobre los individuos, conlleva a tomar acciones estratégicas que no escatimen el bien común de la sociedad, incluso, si eso significa sacrificar ciertos intereses particulares por el de todos. Esto puede definirse como ética responsable. 

Entonces, ¿Qué ética debe practicar el político? Aunque Weber no define con propósito cuál debería aplicarse, describe que ambas son complemento y fórmula para manifestar la vocación del político que lo formará. Sin embargo, existen tres elementos que deben preverse en este hombre, y Weber lo describe como pasión, responsabilidad, y mensura (Weber, 1967, pág. 151). Es la pasión que consagrará al político por la entrega apasionada de una causa, y esta tendrá sentido cuando se accione con responsabilidad, siempre y cuando sea consciente de la realidad y mantenga su distancia entre aquellos vicios y pecados que puedan opacar su vocación ante la causa escogida. 

Guatemala debe reivindicar el servicio público Sus políticos han desprestigiado a la ciencia y opacado a la vocación de aquellos que sí la poseen. El debate sobre cómo actuar nos remite a estudiar a Weber y entender que existen personajes que pueden vivir de la política, pero también reconocer que hay otros que viven para la política. ¿Cómo descubrirlo? Esa es la cuestión. 

Finalmente. Weber escribiría lo siguiente aludiendo a la consigna por la que todo político de vocación se entregará: «Sólo quien está seguro de no quebrarse cuando, desde su punto de vista, el mundo se muestra demasiado estúpido o demasiado abyecto para lo que él le ofrece; sólo quien frente a todo esto es capaz de responder con un -sin embargo-; sólo un hombre de esta forma construido tiene -vocación para la política- » (Weber, 1967, pág. 176).


Referencias

-Aristóteles. (1985). Ética Nicomáquea. Madrid, España: Gredos, S.A. .Weber, M. (1967). El político y el científico . Madrid, España: Alianza editorial.