Los falsos protectores de la vida y la familia

Por Danilo Carías | [email protected]

Un grupo de diputados al Congreso de la República se da golpes de pecho y vociferan a medida que avanza en el proceso legislativo la Ley para la Protección de la Vida y la Familia, una iniciativa a todas luces inconstitucional y violatoria de Derechos Humanos.

La semana pasada, la Asociación La Familia Importa, la organización más reconocida en materia de protección de la familia a nivel nacional publicó una serie de observaciones sobre el articulado de la propuesta de ley. Entre las inconsistencias señalan: que se penalizaría el aborto natural o espontáneo, que se aumentan las penas para los delitos relacionados con el aborto (pero con esto no se resuelve los problemas de fondo como la protección a víctimas), las sanciones clínicas clandestinas, entre otros.

Además, a pesar que el Código Civil es claro respecto al matrimonio como la unión entre hombre y mujer se incluye una prohibición innecesaria y se propone repetir en ley ordinaria normas sobre las libertades religiosa y de expresión que ya se encuentran garantizadas en la Constitución. De acuerdo con las observaciones de AFI, esta iniciativa de ley es peligrosa por penalizar el aborto involuntario, mal diseñada y repetitiva.

Del análisis de la normativa y de la actitud de ciertos congresistas se concluye que con su discusión parlamentaria tienen dos propósitos: desviar la atención de temas de mayor relevancia en la discusión electoral como la persecución de la DEA a un candidato a la presidencia o el caso que involucra pagos de una empresa a diputados para aprobar leyes a su favor y elegir jueces afines en la Corte Suprema de Justicia.

Yo defiendo la vida desde su concepción, la familia, la libertad de expresión y la libertad religiosa, como muchos católicos y evangélicos conservadores en todo el país y a la vez considero que Conferencia Episcopal de Guatemala y la Alianza Evangélica deben dar una sacudida a las iglesias y organizaciones de sociedad civil que defienden nuestras causas en el plano político.

Estamos viendo cómo un grupo de políticos inconscientes manipulan a los cristianos, dicen estar a favor de la vida y la familia pero estaban dispuestos a entregar la institucionalidad nacional a organizaciones criminales, a votar para favorecer a determinadas empresas, escoger magistrados afines a intereses espurios o a liberar a cientos de delincuentes con tal de procurarse impunidad.

La genuina protección de la vida y la familia debe contar con aliados íntegros que procuren la efectiva búsqueda del bien común, el fortalecimiento del Estado de Derecho y de nuestra democracia. Debemos recordar al movimiento conservador que su guía debe ser el respeto a la dignidad humana de todos como hijos de Dios y que en ese entendido no se debe permitir que se instrumentalice a las organizaciones cristianas en beneficio de una clase política decadente que favorece la captura del Estado.

Debemos alzar un poco las miras, conservar lo bueno como sociedad y darnos cuenta que la protección de la vida y la familia también implica procurar que nuestros representantes favorezcan una reforma del Estado que garantice a los niños en el área rural no seguir muriendo de desnutrición, que padres no deban arriesgar sus vidas y dejar sus familias para buscar un futuro mejor para sus hijos y que la gente no sufra por la extorsión y la violencia.

Hago un llamado a todos los cristianos para que dejen de apoyar o aliarse con conservadores del diente al labio que poco entienden sobre el fortalecimiento del sistema de justicia, el principio de subsidiariedad o sobre el más mínimo estándar de decencia. Ya no consintamos políticos que dicen no al aborto pero que aceptan coimas y negocian con delincuentes a costo del bienestar general de nuestra sociedad.


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva del autor.  El Instituto Fe y Libertad abre este espacio para dialogar e impulsar el florecimiento humano promoviendo la libertad individual y los principios judeocristianos.