Por Christa Walters| [email protected]

Cada vez están más cerca las elecciones generales en Guatemala. Eso conlleva a que las calles se inunden con anuncios de campaña, al igual que las estaciones de radio o las redes sociales. También se hacen más frecuentes los tan importantes debates entre candidatos. Los de más alto interés para la población siempre son entre candidatos a presidente, dando menor atención a los debates entre candidatos a diputados. En medio de tantos mensajes y opiniones que se escuchan y escucharán en los debates, es importante que como ciudadanos entendamos que esos espacios no son exclusivos para los políticos. Esos espacios y plataformas de debate son para nosotros, quienes vamos a dirigirnos a las urnas el 16 de junio.

La ciencia política está llena de conceptos que engloban los principios predominantes de las democracias y las repúblicas. El académico Robert Dahl, por ejemplo, utiliza el concepto de poliarquía para referirse al «gobierno de muchos» en el cual, priman los siguientes principios: imperio de la ley, división de poderes públicos, protección a derechos y libertades individuales, universalización del sufragio pasivo y activo, libertad de asociación y expresión a la que denomina pluralismo informativo. Para que sea un «gobierno de muchos» y no de pocos, es importante la participación de la ciudadanía y de los distintos sectores civiles,  a través del voto, para ser representados en el gobierno. Sin embargo, es crucial que el individuo, antes de votar, conozca la trayectoria y las propuestas de los candidato para establecer si son idóneos o no. Para ello, los debates políticos nos dan a nosotros, los futuros votantes, una pequeña probada de cómo actúan o responden los candidatos a temas de interés.

Si bien los debates nos permiten juzgar a los candidatos de manera superficial en cuanto a su presentación, su forma de hablar y dirigirse; nos dan una oportunidad de verlos tal y como son, no como se presentan de manera tan impecable en sus anuncios publicitarios o espacios pagados. Hasta cierto punto, los debates humanizan a los candidatos que parecen estar bastante alejados del ciudadano común y corriente. Esto facilita el poder juzgarlos o etiquetarlos, cuando lo que debemos hacer es escuchar bien y ser analíticamente críticos de lo que dicen y formar una opinión propia de lo que vemos. Aunque algunos son muy buenos en ocultar sus debilidades y presentar una fachada serena, los debates son donde más puede ver la ciudadanía de cerca la verdadera cara de los candidatos.

Por otro lado, los debates que vemos en foros, en la televisión o escuchamos en la radio son importantes para generar temas de conversación y opiniones. No se trata solamente de los temas que los candidatos quieran poner sobre la mesa, sino los temas que más interesan a los votantes. Debido a que, en los últimos años, el tema de la lucha contra la corrupción ha sido predominante, la posición que cada candidato tenga en cuanto a la continuación de CICIG, por ejemplo, es un indicador de cómo piensan o qué camino quisieran tomar una vez ocupen el cargo. No obstante, muchas veces es difícil entender las respuestas de los candidatos que no contestan directamente o que tratan de irse por las ramas. Eso fue evidente en uno de los debates presidenciales recientes cuando se les preguntó a los candidatos sobre si renovarían el mandato de CICIG o no. Como votantes, estas actitudes de los candidatos hacen que se nos dificulte confiar en ellos o estar seguros de por quién votar. Es totalmente válido que después de ver un debate estemos más confundidos e indecisos sobre a quién apoyar. Otros puede que ya sepan por quién votar luego de un debate, pero el asunto es que debemos asignarnos una tarea muy importante y necesaria para ser responsables con nuestro voto.

Los debates son una plataforma de diálogo necesaria previo a las elecciones y fomentan lo que Dahl llamaba pluralidad de información. También dan a la población indicadores para medir las respuestas, actitudes y posiciones de los candidatos. Sin embargo, no podemos medir o conocerlos totalmente en las dos horas que dura un debate, por ello es necesario que vayamos más allá de lo que vemos en los debates y cuestionemos, nos informemos, investiguemos y platiquemos de quiénes son los candidatos a los puestos públicos, su trayectoria y sus planes futuros. Este es un ejercicio democrático justo y necesario que debemos hacer antes del 16 de junio.


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva del autor.  El Instituto Fe y Libertad abre este espacio para dialogar e impulsar el florecimiento humano promoviendo la libertad individual y los principios judeocristianos.

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