Libertad de religión

Por Carroll Rios de Rodríguez | [email protected]

Publicado originalmente en Prensa Libre.

«Los cristianos de Nigeria han vivido un infierno, pero su fe permanece fuerte», declara Thomas Heine-Geldern, de la organización Ayuda Internacional a la Iglesia Necesitada. Hace días, secuestraron a cuatro jóvenes seminaristas, irrumpiendo violentamente en el seminario. Los jóvenes tienen menos de 23 años. ¿Su crimen? Profesar el catolicismo en una región musulmana. Sumamos sus nombres a la lista de víctimas de la persecución religiosa en ese país, que incluye horrendos secuestros y asesinatos de sacerdotes y fieles.

No se trata de la histórica persecución por emperadores romanos paganos en los primeros siglos de la cristiandad. Según informó World Watch el año pasado, la vida de más de 245 millones de seguidores de Jesucristo peligra simplemente por el lugar donde viven: 4,305 han muerto por su fe, 1,847 iglesias han sido destruidas y 3,150 creyentes han sido encarcelados o detenidos injustamente. Sufren, hoy y ahora, en Burma, la República de África Central, China, Eritrea, Irán, Nigeria, Corea del Norte, Paquistán, Rusia, Arabia Saudita, Sudán, Siria, Vietnam y otros países. Una organización estadounidense que investiga la libertad religiosa afirma que «los cristianos son el grupo religioso más perseguido en el mundo», cada vez más. Es una realidad que debería inquietar a creyentes y no creyentes, y por eso duele que la prensa secular gaste poca tinta cubriendo estos sucesos.

De allí que sea significativa la conmemoración anual, cada 27 de enero, desde el 2002, del Holocausto. Se eligió esta fecha porque el 27 de enero de 1945 los soldados rusos liberaron los campamentos en Auschwitz-Birkenau. Aún quedaban allí aproximadamente siete mil prisioneros. Se estima que de los seis millones de víctimas del Holocausto, más de un millón fueron exterminados en Auschwitz, el campo de concentración más grande. El campamento fue construido en los suburbios de Oświecim, una ciudad al sur de Polonia, entonces ocupada por los nazis.

Auschwitz-Birkenau es un símbolo de lo que puede ocurrir cuando el mundo se hace de la vista gorda frente al odio, y hasta al asesinato industrializado.

Hoy por la tarde se dictará la conferencia Escondido en plena vista, organizada por el Centro de Derechos Humanos de la Universidad Francisco Marroquín y el Instituto Fe y Libertad. El Sr. Allan Hall dará su testimonio como sobreviviente del Holocausto. Él escribió una autobiografía con el mismo título en el 2017. La mayoría de sobrevivientes ya murieron. Hall nació en 1935 en Cracovia con el nombre Adam Janush Horowitz. Proveniente de una familia judía secularizada, de clase media, Hall era niño durante la guerra. Después de intentar huir, su padre decidió esconderlo a él y a su madre en un armario en una oficina, ubicada en el mismo edificio donde los nazis tenían sus oficinas centrales. Su padre creó una compañía ficticia que supuestamente suministraba insumos al ejército alemán. Allí permaneció dos años. Hall pasó múltiples penas hasta que, finalmente, su familia logró emigrar a Estados Unidos al finalizar la guerra.

Hall nos recuerda que tenemos que respetar la libertad religiosa, aun si no somos creyentes. Ser libres para desarrollar una relación con Dios se concatena con otras libertades, como la libertad de enseñar y propagar nuestras creencias religiosas, de practicar nuestra fe en público y en privado, de nombrar a los líderes de las comunidades religiosas y de hacer valer las enseñanzas éticas relacionadas con la religión. El poema Primero vinieron, por el pastor luterano Martin Niemöller, enseña que si no hablamos, por principio, a favor de la libertad de culto, eventualmente no habrá «nadie para hablar por mí».


Foto: Christianity Today.

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