Por David Orrego | [email protected]

Ante el debate filosófico sobre la exclusión o relación del liberalismo y cristianismo, existen características que hace a uno, complemento del otro. Así lo llamó Vicente Guillamón, autor del libro Defensa Cristiana del Liberalismo, al referirse a que el cristianismo y liberalismo son dos caras de la misma moneda. Pero, ¿a qué se debe dicha aseveración?

En el mundo intelectual se encuentra comúnmente a liberales «ateos» que describen el antagonismo entre ser cristiano y liberal a la vez. Sin embargo, liberales como Vicente Guillamón y Gabriel Zanotti pueden darnos otra perspectiva de armonía del liberalismo y el cristianismo en el siglo XXI.

El liberalismo y el cristianismo estrechan un mismo objetivo: la libertad del hombre ante cualquier agobio, despotismo, tiranía, esclavitud y atosigamiento que se presente en el mundo. Por supuesto, bajo dos perspectivas en donde concebimos al hombre como alma y cuerpo, y entre cuerpo y alma entendemos cosas terrenales y cosas espirituales, así le delegamos al liberalismo la libertad terrenal del hombre y al cristianismo la libertad espiritual del alma. Guillamón dirá que esta libertad que protege el liberalismo es aquella que busca eliminar toda opresión de parte de sistemas políticos y económicos, mientras que el cristianismo busca proteger aquella libertad ante el pecado, de los propósitos malvados que se devengan en nuestros pensamientos.

Zanotti dirá que la confluencia entre la razón liberal y un corazón cristiano nos da el resultado de un mundo creativo en donde confluyen ideas de manera libre. Recordemos que los grandes sistemas políticos que conocemos, los avances en la ciencia de la salud, la astronomía, la música, y todo aquello que deja una huella histórica en nuestras sociedades comienzan siendo simples ideas. Sin embargo, para que estas ideas florezcan y se hagan grandes, lo menos que puede existir es que se limiten o coaccionen, y en esto, coincide el cristianismo y el liberalismo.

Por otro lado, cuando el liberalismo y el cristianismo persiguen la libertad del hombre, también persiguen un mundo mejor. Es menester recordar que un mundo mejor no es igual a un mundo perfecto, como el que persigue de manera cegada el socialismo y el comunismo: uno como lo llamó Mario Vargas Llosa, «El paraíso en la otra esquina», en donde los sistemas políticos se estructuren de tal forma que la desigualdad en las riquezas se elimine, la felicidad reine permanentemente y la maldad solo sea un mito.

Este es otro punto en común entre el liberalismo y el cristianismo: la búsqueda de un mundo mejor convencidos de que un mundo perfecto es parte de una utopía que ignora la realidad de nuestros tiempos y de nuestras sociedades. En el libro de san Juan en el capítulo 18, versículo 36, Jesús expresa lo siguiente: «Mi reino no es de este mundo». Jesús es muy claro al referirse a que en este mundo no lograremos encontrar eso perfecto y utópico que soñamos de la sociedad en relación con el reino de Dios. En otro pasaje del mismo libro, en el capítulo 8 versículo 32, Jesús dijo: «y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres». Al igual que el liberalismo, el cristianismo busca tener una conciencia sobre la realidad, y solo conociendo esa realidad, a través del debate y la convergencia de las ideas, conoceremos realmente qué hacer: la verdad.

Así también, existe un parámetro común del que parten tanto el liberalismo como el cristianismo: la individualidad y la dignidad del hombre. En este sentido, la Biblia siempre nos ha advertido de las consecuencias de nuestras decisiones, de esa responsabilidad de ser individuos capaces de decidir libremente sin interferencia o coacción. De ahí que, aunque Dios sea omnisciente, no interferirá de ninguna manera en nuestras decisiones por el hecho de respetar nuestra libertad de decidir, es lo que llamamos «el libre albedrío». De la misma forma sucede con el liberalismo, que respeta y protege militantemente la individualidad del hombre ante cualquier interferencia o coacción.

Finalmente, las libertades individuales se entrelazan con esas mismas que destaca la fe cristiana, el respeto hacia el individuo de parte del liberal así como el respeto a otras religiones de parte del cristiano son valores destacables de la armonía entre el liberalismo y el cristianismo. Ambas doctrinas describen lo importante que es la responsabilidad ante nuestras acciones y la lucha incansable que debemos llevar por construir un mundo mejor.  Ni el cristianismo es liberal y ni el liberalismo es cristiano, ambas doctrinas complementan la vida del hombre, coinciden fervientemente en situar a la libertad y a la persona como ejes indispensables sobre los cuales debe alinearse el orden social.


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva del autor.  El Instituto Fe y Libertad abre este espacio para dialogar e impulsar el florecimiento humano promoviendo la libertad individual y los principios judeocristianos.

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