Por Moris Polanco | [email protected]

¿Es cierto que no se puede ser liberal y conservador? Un amigo me hizo esta pregunta, y en lo que sigue daré mi opinión al respecto.

Primero que todo hay que intentar definir los términos, pues la respuesta a una pregunta depende de cómo se entiendan los conceptos implicados en la pregunta.

¿Qué es el liberalismo? No intentaré definir este concepto; para los efectos del presente artículo me bastará con exponer la idea que, en mi opinión, mi amigo tiene de este sistema político y social. Cuando hablamos de «liberalismo» mi amigo tiene en mente un sistema político que da primacía a la libertad de elección de los ciudadanos. Él —que se considera un liberal— piensa que la función principal de las leyes es impedir cualquier obstáculo al ejercicio de las libertades individuales (de contratación, de elección de forma de vida, de expresión del pensamiento, de movimiento, de comercio y otras). Normalmente, esta defensa de la libertad va unida a la defensa de la vida y de la propiedad privada.

¿Y qué entiende mi amigo por conservadurismo? Lo que se puede sacar en claro de nuestra conversación es que, para él, «conservadurismo» significa apego a la tradición, absolutismo moral (la visión de que no hay más que una verdad en los asuntos morales), paternalismo y autoritarismo. Los conservadores —me decía él— ponen la moral por encima de la libertad, y son intransigentes con quienes no comparten sus valores; sobre todo, su religión.

Puestas así las cosas, es claro por qué los liberales piensan que los conservadores no pueden ser de su partido: porque le otorgan más valor a la verdad que a la libertad. Un caso que los liberales citan siempre es el de la prohibición del aborto. Los conservadores —alegan los liberales— se sirven de la ley para imponer sus valores a quienes no piensan como ellos. (Aclaremos que, para muchos liberales, el feto no es persona).

Dejando de lado el caso concreto de la prohibición del aborto, ¿puede decirse que los conservadores no respetan la libertad ajena? ¿Qué respuesta puede dar un liberal a tan extraña acusación? (Digo «extraña» porque históricamente los conservadores han sido grandes defensores de las libertades políticas).

Personalmente, me confieso conservador en cuestiones de moral. Ser o no liberal me tiene sin cuidado. ¿El hecho de ser conservador me convierte en un enemigo de la libertad de los demás? Si tuviera hijos, respetaría su libertad, pero no me abstendría de indicarles el camino que considero correcto en cada caso. Y, ciertamente, los obligaría a ir a la escuela y a comer sanamente.

Un liberal (¿debería decir «anarcocapitalista»?) que enseñe a sus hijos a oponerse a las leyes contra el aborto, ¿no está, en cierta forma, limitando su libertad de pensar por sí mismos? Podemos ir más allá: ¿qué significa «pensar por sí mismo»? ¿Qué es ese «sí mismo» que tan acérrimamente defienden los libertarios? ¿Qué tiene cada uno de nosotros que no haya recibido, en parte, de los demás? Evidentemente, estas preguntas dan para mucho, pero abordarlas nos alejaría de nuestro problema.

El hecho es que toda sociedad necesita leyes, y las leyes son expresión de los valores de los ciudadanos que conforman esa sociedad. ¿Es que el ideal liberal consiste en un sistema legal puramente procedimental? Pero incluso para hacer que se cumplan los procedimientos hace falta un cuerpo policial, y un cuerpo de policía debe ser mantenido con los impuestos de los ciudadanos. Pero ¿y si un ciudadano no quiere pagar impuestos?, ¿debemos violar su libertad para defender su libertad?

El error de los estos liberales (supongo que existen liberales más sensatos) es pensar que su libertad es absoluta y un fin en sí mismo. Para ellos, una decisión que una persona toma, o el camino que elige seguir en la vida es bueno simplemente porque procede, y solo en tal medida, de una libertad incondicionada. Separan la libertad del bien y de la verdad. Para ellos, cada quien se fabrica su noción de bien y se construye la «verdad» que lo justifica. Creo que aquí está el quid de la cuestión: ¿el bien del hombre consiste en que se dé él su propio fin? Aunque así fuera, me parece a mí que la libertad sigue siendo un medio y el bien, el fin. ¿Qué sentido tiene una libertad que no se determina, que no se pone en práctica?

No quiero cometer la falacia del muñeco de paja y terminar atacando una posición que no era la que se discutía. El punto era —si le entendí bien a mi amigo-— que, según él, los conservadores no tienen inconveniente en imponer su moral, violando la sagrada libertad de los demás. Yo he argumentado que en toda sociedad es imposible no imponer restricciones a las libertades individuales.

Por otra parte, ¿qué respondería uno de estos liberales a quien no ve la libertad como un derecho sagrado? ¿Y qué si soy un darwinista social o un hobbesiano que piensa que la primera ley de la naturaleza es la de conservar la vida? ¿Por qué no debería restringir las libertades de los demás, si ello me conviene? Si me califica de injusto, puedo responderle: de acuerdo con su lógica y su visión de la verdad, soy injusto; pero de acuerdo con la mía, soy coherente. ¿Es que su lógica vale más que la mía? ¿Acaso no ha dicho usted que no hay un patrón externo de objetividad, y que cada quien se fabrica su noción de bien y la lógica que la respalda?

Es posible que el liberalismo y el conservadurismo sean incompatibles, al menos, desde la visión del liberalismo que he presentado. No soy sociólogo ni politólogo. Sé que las cosas son mucho más complejas y que muchos estarán pensando «¡por supuesto que se puede ser liberal conservador!». Lo único que he intentado hacer es mostrar que, si forzamos las cosas, tiene sentido la posición que ve cierta incompatibilidad entre el liberalismo y el conservadurismo. Como he dicho, para mí la defensa de una libertad sin norte, desvinculada del bien y de la verdad, no tiene sentido y se contradice. Por algo en el Instituto Fe y Libertad la palabra «fe» precede a la palabra «libertad»…

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