Liberalismo liberal vs. liberalismo estatista en la tradición anglosajona

Por Alejandra Martínez | [email protected]

Tradicionalmente, en los círculos liberales, se ha distinguido entre las concepciones de liberalismo que abrazaron las dos grandes revoluciones republicanas del mundo moderno: la estadounidense y la francesa. De acuerdo con esta división, el liberalismo anglosajón se concibe como empirista, respetuoso de la tradición evolutiva de las instituciones, de la religión y de la ley natural, consciente de los límites de la razón, con una concepción más realista del estado de naturaleza. Mientras que el liberalismo de los franceses se plasma como racionalista, secular y laicista, constructivista, por ende, normativista y positivista, con una concepción más benigna del estado de naturaleza y una idea radical y violenta del cambio histórico, que Edmund Burke plasmaría en sus Reflections on the revolution in France.

Más allá de estas abstracciones, que pueden ayudar a explicar ciertos fenómenos sociales pero que en el fondo tienen una visión −a nuestro juicio− idealizada del mundo anglosajón, la realidad es que dentro de la propia tradición anglosajona ha existido una tensión histórica entre una concepción del liberalismo que ve al Estado como una amenaza que debe limitarse y de esa forma garantizar derechos individuales de libertad, igualdad y búsqueda de la felicidad; y otra concepción, que ve al Estado como un medio para alcanzar esos mismos derechos. 

Locke y Hobbes

La historia de las ideas políticas de la tradición anglosajona en la edad moderna se caracteriza por una concepción antropológica pesimista del estado de naturaleza, siendo John Locke y Thomas Hobbes sus exponentes principales, aunque ambos presenten varios matices que veremos de seguidas. 

De esta forma, en Locke se encontraría el origen del llamado liberalismo «liberal» que busca limitar el poder arbitrario del Estado y que se origina en su descripción del estado de naturaleza, que −matizando las elaboraciones de Hobbes− presenta elementos como el interés egoísta y la auto-preservación individual sobre los demás, cuando afirma que en el estado de naturaleza no están ausentes la amenaza y la ofensa y, por ende, se necesitan ciertas medidas para limitar tales excesos, preservar la propia vida y procurar la convivencia, que sólo se consiguen en el establecimiento de la sociedad civil. De manera que la sociedad humana depende entonces de la justicia y del cumplimiento de los pactos que se hallan en la ley de la naturaleza y que se buscan y descubren por medio de la razón. 

Hobbes también parte de un empirismo donde la naturaleza humana está definida por los poderes y facultades de la razón que debe descubrir las leyes con las que opera. En ese sentido, las relaciones humanas se rigen por la competencia y una especie de «individualismo posesivo», pues cada hombre persigue su bien privado y no el bien común, lo que lleva a un estado de lucha permanente y de sometimiento sobre los otros. De manera que, para permitir la supervivencia, el bienestar propio y la convivencia pacífica, surgen ciertas prescripciones morales que sólo una organización política como el Estado puede hacer cumplir mediante las leyes

Así las cosas, como solución al caos del estado de naturaleza, Locke elabora una justificación de la libertad en las leyes, mientras Hobbes plantea una justificación del Estado como instrumento de coacción. Mientras Locke ve al Estado como amenaza, Hobbes lo ve como un medio para el logro de la paz y el comercio. 

Sobre estas ideas liberales (y plenamente modernas), se construirá una tensión que, a nuestro juicio, configurará el campo de batalla intelectual entre «liberalismo liberal» y «liberalismo estatista» dentro de la propia tradición anglosajona, que hoy en día pareciera estar de nuevo sobre el tapete en Estados Unidos e Inglaterra. 

Jefferson y Hamilton

Por otra parte, poco más de un siglo después, la rivalidad entre los padres fundadores Thomas Jefferson y Alexander Hamilton, además de «forjar una nación», puso de nuevo en relieve la tensión entre dos visiones liberales radicalmente distintas que se mantienen (con sus respectivos ciclos de auge y caída) hasta el presente. Mientras Jefferson defendía la propiedad de la tierra a ultranza, Hamilton propugnaba un capitalismo industrial impulsado por un Estado fuerte. De nuevo están presentes las visiones del Estado como amenaza (liberalismo liberal) y del Estado como medio (liberalismo estatista). 

Historiadores como Arthur Schlesinger sostienen que, desde sus orígenes, Estados Unidos ha tenido «ciclos» donde el péndulo de su historia (con continuidades y rupturas) se ha movido del conservadurismo al reformismo, del centralismo al federalismo, del estatismo al liberalismo. 

Así las cosas, en cuanto al libre comercio, mientras Hamilton creía que la acumulación privada debía estar guiada por un propósito público, como lo plasmó en los Federalist Papers y principalmente en su obra de 1810 Informe sobre las manufacturas −que terminaría sentando las bases del capitalismo industrial estadounidense−; Jefferson desconfiaba del poder de un gobierno central y en cambio defendía el interés privado por encima del público, por eso fue el enemigo más acérrimo del gobierno federal. 

Recordemos que esta época temprana de la república estadounidense fue una transición donde la acción pública del Estado fuerte dentro del modo mercantilista fue necesaria para el surgimiento del capitalismo industrial; mientras que el interés privado estaba asociado principalmente con el modo agrario. Esta tensión es la que finalmente llevaría a la Guerra Civil, casi un siglo después. Esta polarización entre estas dos visiones del libre comercio han sido una preocupación constante en la historia norteamericana.

De manera que ambas tradiciones del pensamiento político sobre la concepción del Estado han estado presentes y conviven en el mundo anglosajón, cuyo devenir no ha sido uniforme ni homogéneo, sino más bien se trata de una dialéctica que por momentos alcanza consensos, mientras que en otros se polariza y que está lejos de resolverse.


  1.  Esta visión tiene excepciones ya que dentro de la llamada Ilustración Escocesa también hubo exponentes abiertamente ateos como David Hume, que en su Dialogues concerning natural religion, razona filosóficamente sobre el abandono de la creencia en Dios.
  2. Juárez Paz, Rigoberto. «Introducción a la comparación entre la revolución norteamericana y la francesa de Friedrich Gentz». Las condiciones del diálogo y otros ensayos. Guatemala. Universidad Francisco Marroquín. 1985.
  3. Esta no ha sido la única separación a la que ha sido sometida el liberalismo. En su obra The Constitution of liberty, el economista austríaco Friedrich Hayek, habló de las diferencias entre dos tipos de libertad: la libertad «de» y la libertad «para», de las cuales derivan los sistemas jurídicos del common law anglosajón y el civil law europeo continental (Hayek, Friedrich. The Constitution of liberty. «Chapter I», «Chapter XI», «Chapter XII», «Chapter XIII»)
  4.  Mellizo, Carlos. «Estudio preliminar». John Locke: La ley de la naturaleza. Madrid. 2007. Editorial Tecnos. Pp. XXIII-XXVI
  5. En la historia del pensamiento político Thomas Hobbes no es estrictamente un pensador liberal, de hecho algunos lo consideran como un teórico del absolutismo junto a Jean Bodino. Sin embargo, Hobbes parte de razonamientos empiristas y elabora su teoría a partir del contractualismo, ambos sustratos importantes dentro de la tradición liberal anglosajona.
  6.  Deneen, Patrick. ¿Por qué ha fracasado el liberalismo? Madrid. Ediciones Rialp. 2018. Pp. 51
  7. Esta tesis del «péndulo» en la historia estadounidense, realmente es de Henry Adams quien la acuñó a principios del siglo XX, quien sostuvo que los «ciclos» de la historia norteamericana ocurrían cada 12 años desde la Declaración de Independencia. (Schlesinger, Arthur. The cycles of American History. New York. Mariner Books. 1999. Pp. 23-24)