Laudato Si (VII): La cultura del descarte y la degradación ambiental

Por Carroll Ríos de Rodríguez | [email protected]
Artículo No. 7 sobre Laudato Si

Según Laudato Si, un trío de fenómenos se relacionan con saldo negativo: el modelo de desarrollo, la degradación ambiental y “la cultura del descarte”. (43) En ojos del Papa Francisco, muchas personas tratamos nuestro entorno, y a las personas que nos rodean, como si fueran abundantes o desechables. Cuando recibió en audiencia a los participantes de la Conferencia Internacional organizada por el Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios, en noviembre del 2015, el pontífice recordó que Jesús tenía una actitud de “acogida, compasión, comprensión y perdón” hacia todo tipo de persona. Nuestro Señor trató con delicadeza incluso a los pecadores y marginados. En esa oportunidad remarcó el Papa Francisco: “Curiosamente éstos, en nuestra actual cultura del descarte son rechazados, se dejan de lado.…[L]a cultura del descarte no es la de Jesús. No es cristiana”.1

Este es el punto central de la encíclica, afirma Paul Vallely, reportero para The New York Times.2 Significativamente, el Papa Francisco construye sobre la célebre frase “la cultura de la vida”, acuñada por su antecesor, San Juan Pablo II, durante su gira por Estados Unidos en 1993.

Si cada uno de nosotros es amado y querido por Dios nuestro Creador desde siempre, si el hombre “es la única criatura sobre la tierra amada por Dios por sí misma”,3 entonces es imposible que alguien salga sobrando. La vida es sagrada desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. No importa si se trata de un bebé nacido a una madre soltera, una persona con discapacidades, o un anciano senil. Desde la óptica de Dios, la especie humana no se ha reproducido o se reproducirá en exceso de un número ideal.

Esta convicción choca con una opinión arraigada entre ambientalistas, según la cual el deterioro ambiental es producto de la sobrepoblación. En su ensayo sobre la tragedia de los comunes, el biólogo Garrett Hardin ruega a la Organización de Naciones Unidas guiar a los gobiernos en la implantación de medidas coactivas, para que los seres humanos cesen de tener bebés. Cree que “la libertad para reproducirnos traerá la ruina a todos”.4  Colegas suyos recomendaron agregar esterilizantes al agua potable y obligar a mujeres a consumir anticonceptivos o abortar, entre otras cosas. Los ambientalistas promueven políticas públicas de control de la natalidad porque ven a los seres humanos como depredadores. El Papa Francisco valientemente resiste esta conclusión: promueve un ambientalismo desvinculado del mito de sobrepoblación.

La legalización del aborto y de la eutanasia riñe con la cultura de la vida. Sus promotores no sólo usan la retórica del “derecho” a disponer del propio cuerpo, sino que simultáneamente esgrimen motivos ambientalistas. Su postura es anti-cristiana porque se yerguen como dioses y desacralizan la vida.

Y es que la persona es siempre un fin y no un medio. La Iglesia Católica consistentemente condena la instrumentalización del ser humano. No debemos vernos a nosotros mismos ni a los demás como objetos. Nos alejamos de Dios cuando medimos nuestro valor en función de los bienes poseídos u otros parámetros materiales. Como advierte Lucas (12:15): “Absténganse de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes.” Somos dignos porque somos; somos hijos de Dios hechos a Su imagen y semejanza.

El materialismo comete el error de sostener que lo material constituye la única realidad; no deja espacio para lo sobrenatural. La sociedad moderna está permeada por un pensamiento materialista, observa el Papa Francisco. Según Paul Vallely, esta mentalidad es alimentada por el capitalismo. “La economía de mercado nos ha enseñado que podemos manipular el mundo como un recurso para nuestra ganancia,” escribe Vallely, “el capitalismo puede maximizar nuestras escogencias…pero no ofrece una guía sobre cómo debemos escoger.”

Laudato Si condena el consumismo y la inequidad material. Algunos habitantes de las ciudades modernas viven en áreas bellas, seguras y cuidadas, mientras los descartables viven en sectores menos visibles. (45) Es decir que participamos de la cultura del descarte no sólo cuando atentamos directamente contra la vida, sino también cuando mostramos desprecio, olvido o indiferencia a nuestros conciudadanos menos afortunados.

En papel, el sistema económico socialista prioriza al pobre y al marginado. Aspira a desvanecer las diferencias sociales o económicas, mediante el control estatal de los medios de producción. Tendemos a pensar que los habitantes de regímenes socialistas son ajenos al consumismo, en parte porque los bienes y servicios producidos por el estado son racionados y tienden a escasear bastante más que en una economía abierta. A pesar de que Carlos Marx fue un ideólogo materialista, imaginamos que el socialismo es una doctrina etérea. Marx afirmó que toda la realidad se basa en la materia. “No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia,” escribió en 1859.5

La prosa teórica no concuerda con la experiencia histórica del socialismo. Los regímenes socialistas han sido incapaces de abolir la desigualdad; las personas más cercanas al poder cuentan con abundantes comodidades, a diferencia del resto del pueblo. Los gobernantes fracasan en suministrar lo básico necesario a la población: la pobreza y el hambre son sellos distintivos de Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Laos, Vietnam y otros países con economías centralmente planificadas, incluida la China (por lo menos hasta la apertura de su economía). Además, colocan el interés colectivo por encima del bien personal, y en consecuencia el individuo es tanto descartable como descartado.

Tomemos el aborto. El gobierno totalitario de la Unión Soviética fue el primero en legalizar el aborto bajo cualquier circunstancia, en 1920. Fue el primer gobierno en proveer el servicio gratis. También legalizó el divorcio express y luchó agresivamente por la familia. Bajo el comunismo, no habría necesidad de madres o padres. “Un aspecto fundamental en la “nueva vida” en la sociedad comunista es la educación social de la nueva generación. La vieja familia, angosta y mezquina, donde los padres pelean y se interesan sólo por sus propios hijos, ya no es capaz de educar a la “nueva persona”.”6 Durante las décadas de los sesenta y setenta, hubo varios años en los cuales alrededor del 70 por ciento de los bebés concebidos fue abortado.7

Por su parte, la República Popular de China implantó el controversial programa de “un niño por mujer” que significó millones de abortos.  Mei Fong, una periodista que escribió el libro Un Niño, la historia del experimento más radical en China, dice que la política resultó en “abortos forzados y la confiscación de niños por las autoridades.”8

Incluso en las listas elaboradas por defensores de la práctica del aborto, los países marxistas o previamente socialistas exhiben las tasas más altas de aborto. Tal es el caso de China, Rusia, Vietnam, Ucrania, Bielorrusia, Bulgaria, Hungría, la República Checa y Rumanía. Como señalamos anteriormente, Rusia y China son también acusados como grandes contaminadores del ambiente.

En resumen, el materialismo y la cultura del descarte, tanto dirigida hacia las personas como hacia el ambiente, no son prácticas asociadas exclusivamente con los mercados capitalistas. Ni de cerca. Quizás son actitudes más afines a las ideologías que colocan al proyecto político totalitario por encima de cualquier consideración alterna. La cultura del descarte prevalece en regímenes que enarbolan el ateísmo y el relativismo moral, y que son hostiles a la libertad personal.

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Fuente: https://goo.gl/BF05fG

1 ACI/EWTN, “La cultura del descarte no es la de Jesús, no es cristiana, dice el Papa Francisco”, Aciprensa, 19 de noviembre, 2015, https://www.aciprensa.com/noticias/la-cultura-del-descarte-no-es-la-de-jesus-no-es-cristiana-dice-el-papa-francisco-57182/

Paul Vallely, “The Pope’s Ecological Vow”, The New York Times, 28 de junio del 2015, http://www.nytimes.com/2015/06/29/opinion/the-popes-ecological-vow.html?_r=1

3 Cardenal Alfonso López Trujillo, “La familia en el pontificado de Juan Pablo II”, Conferencia dictada en el Congreso del Colegio Cardenalicio,  tomada de http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/family/documents/rc_pc_family_doc_20031018_riflessioni-trujillo_sp.html

Garrett Hardin, “The tragedy of the commons”, Science, New Series, Vol. 162, No. 3859, diciembre 13, 1968, páginas. 1243-1248

5 Carlos Marx, “Prólogo a la contribución a la crítica económica de la economía política”, digitalizado por Germán Zorba, https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/criteconpol.htm

Alexandra Kollontai, “Communism and the Family”, publicado originalmente en 1920 en Komunistka, No. 2, 1920, https://www.marxists.org/archive/kollonta/1920/communism-family.htm

7 Estadísticas compiladas por Wm. Robert Johnston, “Historical abortion statistics, Russia”, actualizada el 13 de septiembre del 2015, http://www.johnstonsarchive.net/policy/abortion/ab-russia.html

NPR, “How China’s One-Child Policy Led To Forced Abortions, 30 Million Bachelors”, programa Fresh Air, 1 de febrero del 2016, http://www.npr.org/2016/02/01/465124337/how-chinas-one-child-policy-led-to-forced-abortions-30-million-bachelors

 

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