Por Joe Carter

Publicado originalmente en el PowerBlog de Acton Institute

Traducido con autorización para el Instituto Fe y Libertad por Christa Walters

En su carta a los romanos, el apóstol Pablo afirma que los gentiles tienen la ley «escrita en sus corazones» (Romanos 2:15). Desde entonces, ha habido un debate constante sobre qué constituye la ley natural (es decir, un cuerpo de principios morales inmutables considerados como una base para toda conducta humana) o si incluso existe.

Un nuevo estudio encuentra confirmación para la ley natural e identifica siete de estas leyes que están relacionadas con la cooperación.

El investigador de la Universidad de Oxford, Oliver Scott Curry, dirigió un equipo que estudió relatos etnográficos de ética de 60 sociedades a través de más de 600 fuentes para probar la teoría de la «moralidad como cooperación», la cual sostiene que la moralidad consiste en una colección de soluciones biológicas y culturales para los problemas de cooperación recurrentes en la vida social humana.

En un nuevo artículo publicado recientemente en Current Anthropology, reportan que siete comportamientos cooperativos «se observan en la mayoría de las culturas, con la misma frecuencia en todas las regiones del mundo». Sus candidatos a las reglas morales universales basadas en la cooperación son:

  1. Ayudar a tu familia (asignación de recursos a familiares)
  2. Ayudar a su grupo (coordinación para beneficio mutuo)
  3. Devolver los favores (intercambio social o reciprocidad)
  4. Ser valiente (resolver conflictos a través de concursos que conllevan «demostraciones de dominación como un halcón»)
  5. Respetar a los superiores (resolver conflictos a través de concursos que conllevan «dóciles exhibiciones de sumisión»)
  6. Dividir los recursos de manera justa (equidad)
  7. Respetar la propiedad de los demás (derechos de propiedad)

Las reglas parecen ser (casi) universales. En 961 de 962 observaciones (99.9 por ciento), el comportamiento cooperativo tenía un atractivo moral intrínseco. La única excepción a la regla que encontraron fue entre los Chuuk, el grupo étnico más grande de los Estados Federados de Micronesia. Entre los Chuuk «robar abiertamente a los demás es admirable porque muestra el dominio de una persona y demuestra que no se siente intimidado por la agresividad de los demás». Los investigadores concluyen que parece ser un caso en el que una forma de cooperación (respeto a la propiedad) ha sido superada por otra (el respeto por un rasgo de halcón, aunque no explícitamente de valentía).

Hubo otros 18 ejemplos de estos siete valores morales entrando en conflicto: nueve ejemplos de conflicto entre ayudar a la familia y ayudar al grupo; dos de conflicto entre ayudar a la familia y ser valiente; dos de conflicto entre ayudar a la familia y respetar a la autoridad; y un ejemplo de conflicto entre ayudar a la familia y ser recíproco, ayudar al grupo y ser valiente, ser recíproco y ser valiente, ser valiente y ser respetuoso, ser respetuoso y respetar la posesión. Como señalan los investigadores, en estos casos, los valores morales se describían como estar en conflicto, en lugar de que uno fuera bueno y el otro malo.

Estos hallazgos contradicen al filósofo John Locke, quien argumentó que: «El que examinara cuidadosamente la historia de la humanidad y observará las diversas tribus de los hombres…será capaz de satisfacerse a sí mismo, de que escasea el principio de moralidad a nombrarse, o la regla de la virtud sobre la cual se debe reflexionar…lo que no está, en algún lugar u otro, menospreciado y condenado por la moda general de sociedades enteras de hombres».

En contraste, otro filósofo de la Ilustración, David Hume, argumentó que los juicios morales dependen de un «sentido o sentimiento interno, que la naturaleza ha hecho universal en toda la especie«, y que, como resultado, ciertas cualidades, como «la verdad, la justicia, el valor, la templanza, constancia, dignidad de la mente… la amistad, la simpatía, el apego mutuo y la fidelidad» son «los principios más universales y principios establecidos de la moral», «estimados universalmente, desde la fundación del mundo» , «en todas las naciones y en todas los siglos».

Como observa Curry, «en resumen, Hume tenía razón y Locke estaba equivocado». Cuando «miras al extranjero hacia las diversas tribus de hombres, hay algunos valores morales muy arraigados que no están menospreciados o condenados en ningún otro lugar e incluyen precisamente aquellos valores previstos por la moralidad como cooperación».


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva del autor.  El Instituto Fe y Libertad abre este espacio para dialogar e impulsar el florecimiento humano promoviendo la libertad individual y los principios judeocristianos.

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