Lámparas encendidas

Por Jorge Estuardo Ceballos Morales | jceballos61@gmail.com 

Estado de Calamidad. Común denominador

El día de ayer nuestro presidente, Alejandro Giammattei Falla en ejercicio de su cargo como tal–quien representa la unidad nacional–en cadena nacional, nos dió a conocer las medidas que ha tomado y que se enmarcan en el «Estado de Calamidad» decretado días antes Decreto gubernativo 5-2020 (se toma en Consejo de Ministros) y que ha sido refrendado por el Congreso de la República (con sus respectivas y lógicas modificaciones –que no cambian su sustancia-).

Las medidas tomadas obedecen a la situación que, tanto a nivel nacional y como internacional (el mundo entero) ha representado el «Coronavirus -Covid-19-», las cuales tienen primordialmente la finalidad de prevención en su propagación, posible incremento y contagio. Esperamos que el grado de dichas medidas no vaya en aumento. 

Como lo hemos visto en los medios de comunicación, el asunto ha llegado a extremos en los que esto ya es a nivel internacional –casos de Francia, Reino Unido, España, Italia (una de las poblaciones más afectadas); y nuestros países vecinos y hermanos, El Salvador, Honduras, han hecho lo propio.

Estamos ante un común denominador: erradicar la propagación de este peligroso virus, esperando que vaya disminuyendo y que los expertos en las materias médicas –inventores de patentes, farmacéuticos, entre otros-, encuentren, como ha sido en otros casos, la cura a este mal que ha desatado una ola de graves consecuencias (declarado ya una pandemia por la Organización Mundial de la Salud).

Confiamos que nuestro presidente y todos los gobernantes y líderes mundiales, sigan cumpliendo el papel que les hemos delegado los ciudadanos y ante todo, el papel que sin duda les ha encomendado la Providencia. Oramos porque les provea de sabiduría a cada uno de ellos y sus equipos de gobierno. 

Y, ante la inquietud e incertidumbre que pudieron desatar las medidas tomadas, como el caso de la suspensión laboral en los sectores público y privado,  recordemos que el objetivo es uno y por sentido común, evitar el contagio y la propagación, especialmente a los más vulnerables: personas de tercera edad, enfermos, niños, etcétera (los cuadros y estadísticas reveladas por el presidente  en forma clara lo señalan).  

Qué nos toca hacer. Ser obedientes y hacer uso eficiente  del tiempo.

En pleno Siglo XXI, en  donde gracias a la tecnología, logramos captar y enterarnos del mínimo detalle del acontecer nacional e internacional, debemos asumir el papel que a cada uno se nos ha encomendado: desde nuestros hogares como padres,  como hijos, como abuelos, nietos, es importante acatar y obedecer –principio fundamental humano y divino-. Desde estas nuestras «comunidades de base», podemos hacer mucho.

Quizá el tiempo nos parecerá eterno. Si lo sabemos aprovechar, más que eterno, lo sentiremos eficiente y efectivo.  

El quehacer es múltiple. Para quienes tenemos el privilegio de contar con  herramientas tecnológicas, aprovechémoslas al máximo. Desde nuestras casas, organicémonos a fin de que todos participemos activamente; aprovechemos los tiempos de comida para hacer las tertulias familiares de antaño. Aprovechemos para leer, ver un programa o una película en común; juegos de mesa; y, por supuesto, la comunicación con El Creador, la oración, herramienta clave (se dice que es la debilidad de Dios ante el hombre). Oremos en especial por aquellos que lo están padeciendo.

Austeridad.

Sin duda muchos se han preparado para afrontar esta crisis. Como personas previsoras, se han abastecido de lo necesario (las góndolas de los supermercados lo delatan). Aunque por disposición presidencial, todos los lugares de abastecimiento de comida, medicinas, gasolina, etcétera, deben seguir operando, debemos ser cuidadosos y austeros.

Si bien las medidas tomadas son temporales, sin perder la fe y el optimismo, debemos ser conscientes que podrían durar más de lo previsto, lo que nos obliga a ser austeros y hacer uso racional de nuestros recursos (aunque nuestra despensa esté llena).   

Aceite para nuestras lámparas. Cordones de solidaridad.

En este momento quizá algunos cuentan o contamos con suficientes abastecimientos.  Excelente. 

Empero quizá el mejor de los abastecimientos o «aceites», no es lo que nuestra despensa tenga o rebalse. Es, por principio humano, nuestra actitud ante esta crisis. Es en este momento en el que debe salir nuestra casta. Es en este momento en que  todos, desde nuestro metro cuadrado (que si sumamos todos se convierte en un inmenso espacio), podemos construir y apoyar las decisiones que nuestros gobernantes están tomando. Es en este momento que debemos solidarizarnos.  

Esto nos ayudará a que logremos enfrentar y afrontar con serenidad y gallardía, estos momentos y aportemos nuestro granito de arena. 

De esa forma, sin duda, nuestro Señor nos encontrará con las «lámparas encendidas».


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva del autor.  El Instituto Fe y Libertad abre este espacio para dialogar e impulsar el florecimiento humano promoviendo la libertad individual y los principios judeocristianos.