La serie Game of Thrones nos recuerda que la virtud no es suficiente

por John O. McGinnis

Originalmente publicado en Law & Liberty el 21 de mayo de 2019.
Traducido por Jessica Paduán para el Instituto Fe y Libertad con el permiso de Liberty Fund, Inc.

Hoy en día, se necesita una fantasía medieval para ayudarnos a recordar por qué vale la pena apreciar la democracia liberal. La política de Game of Thrones se basa en la negación de las características sobresalientes de la democracia liberal, como el gobierno limitado, la separación de poderes y el consentimiento de los gobernados. Puede que no sorprenda que la ausencia de estas instituciones sea terrible para la gente común, como lo demuestra la masacre de la semana pasada en King’s Landing, la capital del mundo ficticio de Westeros. Pero también es difícil, sino imposible, que los gobernantes, actuales y futuros, prosperen en un mundo de poder centralizado.

La perspectiva del poder absoluto vuelve locos a los contendientes. Considere a Daenerys, quien durante la mayor parte de la serie ha sido retratada como una potencial liberadora, y en el período previo al final de la serie quema la ciudad sobre la que reinará. El poder hace que otros destruyan lo que más deberían amar, como cuando Stannis Baratheon, otro candidato al trono, sacrifica a su hija con la vana esperanza de obtener un clima favorable para ganar una batalla esencial.

La vida no es mucho mejor para aquellos que tienen el trono. Ahora, el trono es un lugar común al que el poder corrompe, pero Game of Thrones también revela constantemente las debilidades de aquellos que no pueden ejercer sabiamente la autoridad. Esto resulta ser casi todas las personas. Ni el principio hereditario ni la victoria como guerrero predicen el éxito de un soberano. El «juego» homónimo, de hecho, comienza cuando Robert Baratheon es destituido porque usa el trono para beber, cazar y dormir, en lugar de vigilar su reino. Como señala uno de los personajes más astutos, Tywin Lannister, la naturaleza de Robert lo condenó a la incapacidad de reconocer la diferencia entre ganar y gobernar.

A lo largo de la serie, los planes tanto de los monarcas como de los aspirantes más poderosos del Iron Throne inevitablemente fracasan. Algunas de estas fallas se derivan del fracaso del principio hereditario. No es casualidad que el conspirador más exitoso de toda la serie, aunque finalmente condenado, sea Petyr Baelish, quien se levantó de una insignificancia relativa debido a un verdadero talento por la intriga. Pero estos fracasos también se derivan de la naturaleza caótica de un mundo sin instituciones fuertes. En una sociedad sin estado de derecho y donde todo está en juego, es difícil planificar algo.

 

Además, las muchas voces inherentes a una democracia proporcionan información sobre el mundo que los gobernantes de una estructura centralizada no pueden imitar fácilmente. Uno de los temas menos discutidos de la serie es la importancia atribuida a los asesores. Tywin Lannister, de hecho, define la sabiduría en los gobernantes como escuchar a los asesores. Su centralidad está simbolizada por la oficina de Hand, el principal asesor del monarca y jefe de su consejo. Los otros futuros gobernantes tienen su equivalente, excepto Baelish, que confía en sí mismo.

Pero si bien es cierto que elegir a los asesores generalmente hace mejor a un gobernante, es sin embargo, mucho menos confiable un guardia que está en contra de un mal gobierno que ser requerido a escuchar lo que las personas piensan. Los gobernantes pueden ignorar a sus asesores, con efectos frecuentemente desastrosos, como cuando Stannis Baratheon despide a su asesor principal, Ser Davos Seaworth, para que pueda sacrificar a su hija. Y los asesores pueden perseguir sus propios intereses en lugar de los intereses de su líder, y no se diga de los intereses del reino. De hecho, el consejo sobre escuchar a los asesores proviene del personaje más cínico de Game of Thrones, que claramente ofreció este consejo a su nieto joven para que pueda gobernar como el poder detrás del trono. Además, los buenos consejos también pueden ser distorsionados por un afecto excesivo hacia el líder: Tyrion Lannister fue el hombre más inteligente del mundo hasta que se enamoró de su líder Daenerys. La democracia es muy imperfecta, pero utiliza una forma de sabiduría mucho más difusa.

La ausencia de un poder judicial independiente, otra característica central de la democracia liberal, también contribuye a la disfunción política de Westeros. Los casos pueden resolverse por combate, que demuestra que no tienen nada que ver con la verdadera justicia. Y los propios tribunales están compuestos por partes interesadas que no se centran en la verdad, como cuando Tywin Lannister condena a muerte a su propio hijo por conveniencia política, a pesar de reconocer que los cargos en su contra eran falsos. Sin un poder judicial creíble, las disputas se resuelven de manera rutinaria mediante la venganza y las disputas de sangre, creando un ciclo de violencia.

Separar la religión de la verdadera posesión del poder estatal es otro principio de la democracia liberal. Cuando el líder de la religión, establecida en King’s Landing, hace cumplir su voluntad a través del poder coercitivo, comienza una serie de eventos que llevan a la muerte de miles de personas y la destrucción de su propio templo. La sacerdotisa del Lord of Light también trata de manipular el poder estatal con resultados similares. Ella solo se redime a sí misma cuando se retira a un papel más sutil y no coercitivo de fomentar el coraje y la perseverancia, un ejemplo que implica que la religión es mejor cuando funciona por persuasión.

Game of Thrones elogia implícitamente las instituciones de la democracia liberal al describir los horrores de su ausencia. Por lo tanto, hace un contraste sustancial y creo que consciente con la fantasía más famosa de las generaciones anteriores: El Señor de los Anillos. Esa trilogía está totalmente despreocupada de las instituciones. La lucha es simplemente entre el bien y el mal y el drama gira enteramente sobre el temor de que la gente buena pueda perder. Aragon, el rey que regresa al final de la obra, de hecho gobernará felizmente para siempre con más poder absoluto que los administradores del reino que gobernaron antes que él. Es un buen hombre y al menos en la medida en que Tolkien lo presenta, ese es el fin de las dificultades para gobernar. Curiosamente, esa parece haber sido la primera reacción de Elizabeth Warren a Game of Thrones, desde que regresó. Ella elogió públicamente a la «liberadora» Daenerys antes de que se corrompiera al final de la serie. Evidencia adicional, si lo necesitamos, de que el progresismo no se preocupa mucho por los controles y balances a menos que sus exponentes estén fuera del poder.

El final de Game of Thrones subraya su enfoque institucional al introducir reformas políticas. Lo más importante es que los señores del reino elegirán al monarca en lugar de que lo seleccionen por un principio hereditario, lo que hace que sea menos probable que el monarca sea completamente incapaz de gobernar. Por lo tanto, los Siete Reinos pasan a ser gobernados por un elegido en lugar de restaurar la monarquía hereditaria. Y alteran el acuerdo incluyendo solo seis reinos, porque el Norte es lo suficientemente diferente como para que se le permita gobernarse a sí mismo, un reconocimiento de los peligros de la sobrecentralización. ¡La competencia jurisdiccional llega a Westeros!

Estas son reformas modestas. Y el final reconoce esa modestia, cuando los señores de los Siete Reinos reunidos se ríen de la propuesta de Samwell Tarly de que la gente misma debería tener una opinión al elegir a sus gobernantes. Pero la historia de la mayoría de las naciones europeas, y sobre todo del Reino Unido, sugiere que las reformas exitosas son modestas e incrementales. El cambio radical crea un alto riesgo de inestabilidad y muerte. De hecho, la liberación radical es la consigna de Daenerys y en su último discurso a favor de su programa antes de animar a los soldados evoca el totalitarismo militarizado del siglo XX.

La democracia liberal debe seguir siendo el ideal, pero la capacidad política de los burkeanos es la manera de hacer reformas. Puede ser la lección más importante de esta fantasía medieval para nuestra política contemporánea.


  1. Serie de televisión producida por HBO.

Foto: Law & Liberty (HBO Studios)