La Libertad como un Regalo de Dios: Una Reflexión Navideña sobre el legado de Frederic Bastiat

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Por Alejandro Chafuen

Navidad es el día ideal para reflexionar sobre la libertad. Frederic Bastiat (1801-1850), el autor de La Ley, — uno de los libros sobre libertad más leído y traducido — es aplaudido por los amantes de la libre empresa. Asociaciones, como la Sociedad Bastiat, premios, y grupos intelectuales han usan el nombre de Bastiat para honrar su pensamiento. Navidad también es un día importante para resaltar un aspecto usualmente ignorado de la filosofía de este autor francés: su cimiento en Dios.

Bastiat inicia La Ley estableciendo que Dios es la fuente de la libertad. A su vez, cierra el libro reconociendo la  conexión intrínseca entre libertad y Dios. En el segundo párrafo de su obra reza: “De Dios nos viene el don  que, para nosotros, los contiene a todos: La vida, la vida física, intelectual y moral. Empero, la vida no se mantiene por sí misma. Aquel que nos la ha dado, ha dejado a cargo nuestro el cuidado de mantenerla, desarrollarla y perfeccionarla. Para ello nos ha dotado de un conjunto de facultades maravillosas; nos ha colocado en un medio compuesto de elementos diversos”.

Bastiat visualizaba al hombre como un ser imperfecto. Consideraba el “egoísmo no inteligente” como una de las causas de la perversión de la ley. La naturaleza imperfecta del hombre conduce a algunos a “vivir y desarrollarse, cuando pueden, a expensas los unos de los otros. No es ésta una imputación aventurada emanada de un espíritu dolorido y carente de caridad. La historia da testimonio al respecto, con las guerras incesantes, las migraciones de los pueblos, las opresiones sacerdotales, la universalidad de la esclavitud, los fraudes industriales y los monopolios, de todos los cuales los anales se encuentran repletos. Esta funesta inclinación nace de la constitución misma del hombre, de ese sentimiento primitivo, universal, invencible, que lo empuja hacia el bienestar y lo hace huir de la incomodidad, el esfuerzo y el dolor”.

Los incentivos económicos, especialmente los que protegen a la propiedad privada pueden ser muy poderosos: “donde quiera que el saqueo sea menos pesado que la labor, esta permanece y ninguna religión o moralidad, pueden, en este caso, evitar su prevalencia” Es una responsabilidad de las personas trabajar para desarrollar sistemas legislativos que respeten la naturaleza humana y que protejan la institución económica más importante: la propiedad privada. Esto era coherente con sus creencias cristianas. Para Bastiat, las sociedades que respetan la propiedad también son aquellas donde “el pensamiento de Dios prevalece sobre sobre las invenciones de los hombres”. Bastiat advirtió que “cuando las instituciones humanas infringen la ley divina, no solo se equivocan, sino que su resultado es el mal, pero este mal se desvía y recae sobre personas que nunca debieron ser dañadas”.

Su enfoque no era individualista, requería sacrificio personal.  Consideraba nuestra noble causa como “mil  veces más elevada que nuestras ideas individuales” y aprendió que “el sacrificio individual es el alma y esencia de cualquier asociación voluntaria”. Sonando más como el Papa Francisco que como Ayn Rand, Bastiat explicó que “los economistas son acusados de no tomar en cuenta los sacrificios propios, y hasta despreciarlos, Por favor Dios, que nunca fallemos en reconocer el poder y  la grandeza de los sacrificios propios. Nada es más grande y generoso, nada que despierte admiración entre los hombres puede ser alcanzado sino es por el sacrificio propio. El hombre tiene un alma, y es en ella en el que la semilla de los sentimientos brota hasta que crece a un amor universal, hasta el punto del sacrificio absoluto, en ese punto produce acciones generosas, que al ser narradas traen lágrimas a los ojos”.

Su optimismo hacia la libertad estaba basado en su convicción que “También ha dotado Dios a la humanidad  de todo lo necesario para realizar sus destinos. La ha provisto de una forma de ser de la misma manera que hay una forma humana. Los órganos sociales también están constituidos en forma tal que pueden desarrollarse armónicamente al aire de la libertad”. Incluso establecía a la providencia de Dios como el fundamento para el libre comercio, “la cual es revelada por la infinita variedad de climas, estaciones, fuerzas de la naturaleza, y aptitudes individuales, bienes que Dios ha distribuido de manera tan desigual entre los hombres con el propósito de unirlos a través del comercio y los vínculos de la fraternidad universal”.

Tres campeones de la libertad: Leonard Liggio, Jacques Garello y Samuel Gregg escribieron la introducción de “Providencia y Libertad”, un corto libro publicado por el Acton Institute, dedicado a las opiniones y vida cristiana de Bastiat. En su prefacio escribieron “Bastiat absorbió en su alma la esencia del mensaje de Jesucristo: que Dios es un creador que ama tanto al mundo que nos dio a su hijo único, para “realmente comunicarnos con Dios’”. Bastiat comentó unos días antes de su muerte: “el hombre necesita confiar en una revelación. Personalmente tomé el asunto de la manera correcta, yo no discuto un dogma, lo acepto”.

Bastiat murió en vísperas de Navidad, también un momento ideal para reflexionar en la exclamación de Bastiat: “¡qué pudiera interesar más vivamente a un corazón bondadoso que la vida de Jesús, la moralidad del evangelio y la mediación de María! Qué conmovedoras son…”. Para los creyentes, es un día perfecto para asimilar la última frase de La Ley: “La libertad que es un acto de fe en Dios y en sus obras”.

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