Por Mario Alberto Molina, O.A.R. Arzobispo de Los Altos, Quetzaltenango – Totonicapán

Hoy es el último domingo de cuaresma. Hoy comienza la última semana de cuaresma antes del inicio de la Semana Santa. En los domingos anteriores, la primera lectura ha sido el relato de un acontecimiento de la historia de la salvación. Todos los años, en este quinto domingo, la Iglesia nos propone un texto profético como primera lectura. En este domingo es un pasaje del profeta Isaías.

El profeta evoca la antigua proeza del Señor, cuando Dios abrió un camino a través del mar para que los israelitas pudieran pasar hacia la vida y la libertad. Ese mismo mar abierto se convirtió en trampa para los egipcios, pues las aguas al volver a su sitio, los sumergieron y los derrotaron. Dios invita a los israelitas en el exilio a confiar en que Dios es capaz de abrir nuevos caminos. En esta ocasión abrirá un camino por el desierto para que los israelitas vuelvan de Babilonia a Judea, los surtirá de fuentes de agua, para que los judíos puedan caminar cómodos por el desierto hasta establecerse nuevamente en la tierra de Israel. Pero nosotros que nos preparamos para celebrar la Pascua de Jesús, sabemos que Dios ha abierto otro camino todavía más formidable y admirable. Dios ha abierto a través de la muerte el camino hacia la vida plena, la vida gozosa, la vida feliz. Cristo, con su resurrección, ha roto brecha a través del muro de la muerte, de modo que unidos a él por la fe y los sacramentos, los que creemos en él podamos atravesar con él el muro de nuestra propia muerte y alcanzar con Cristo y en Cristo la vida eterna con el mismo Dios. Esa es nuestra esperanza, esa es nuestra alegría.

Esa convicción nos capacita para enfrentar adversidades y dificultades, contrariedades y obstáculos. Tenemos la convicción de que nuestro Dios es capaz de crear futuro donde los cálculos y previsiones humanas ven solo derrota y fracaso. Dios es capaz de abrir camino donde la perspectiva humana solo ve obstáculos y bloqueos. Es más, lo que nos parece derrota y fracaso según las consideraciones meramente humanas, creemos que se convertirán para nosotros en ocasión de una ganancia imprevista, de un logro desconocido, de una victoria no calculada, porque detrás de la adversidad y de la derrota sabemos que estará Dios con nosotros. Por eso san Pablo puede abandonar todas las seguridades que le venían de su fe judía para comenzar a vivir con la fe puesta solo en Dios. Todo lo que era valioso para mí, lo consideré sin valor a causa de Cristo. Más aún, pienso que nada vale la pena en comparación con el bien supremo, que consiste en conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por cuyo amor he renunciado a todo, y todo lo considero basura, con tal de ganar a Cristo y de estar unido a él.

San Pablo plantea su vida con una visión que trasciende las realidades de este mundo. Para una persona con una mirada circunscrita al horizonte de lo temporal y lo terrenal, lo único que existe es el mundo en que vivimos actualmente. Pero para quien mira su vida y el mundo con la mirada del Dios que abre un camino a través del mar y de la muerte, el planteamiento es totalmente otro. Eso sí, olvido lo que he dejado atrás y me lanzo hacia adelante, en busca de la meta y del trofeo al que Dios, por medio de Cristo Jesús, nos llama desde el cielo.

Esa capacidad de crear futuro, de abrir camino más allá de las realidades de este mundo se manifiesta en el perdón concedido por Jesús a la mujer pecadora del evangelio. La mujer ha sido capturada en flagrante adulterio; evidentemente es culpable. No hay duda de si la acusación contra ella es falsa o es verdadera; es verdadera. La normativa judía, es más, la Ley de Dios del Antiguo Testamento prevé que las personas culpables de adulterio deben morir lapidadas. Esa es la lógica de este mundo sancionada por la Palabra de Dios. Como Jesús ha predicado acerca de la misericordia y del perdón, escribas y fariseos, que quieren por una parte cumplir lo que prescribe la Ley y por otra quieren dejar en aprietos a Jesús, le plantean el dilema. ¿También en este caso vas a anunciar el perdón de Dios contrariando la Ley de Dios que manda que apedreemos a esta mujer? ¿o vas a someterte a la Ley de Dios y autorizas la ejecución de la mujer, contradiciendo lo que has venido predicando todos estos días? Jesús se agachó y se puso a escribir en el suelo con el dedo.

Jesús abre una brecha en el dilema. Aquel de ustedes que no tenga pecado, que tire la primera piedra. Con esa respuesta, Jesús denuncia una falsa justicia. Los escribas y fariseos pretenden eliminar el pecado en medio del pueblo santo, matando a la mujer adúltera. Para ese fin se amparan en la Ley de Dios. Pero son hipócritas, pues al ejecutar a la adúltera, no están eliminando el pecado de en medio del pueblo santo, sino que están enmascarando el propio pecado oculto todavía con sus actos de limpieza social. Un mérito hay que reconocer en aquellos escribas y fariseos: su sinceridad religiosa. Al oír aquellas palabras, los acusadores comenzaron a escabullirse uno tras otro, empezando por los más viejos, hasta que dejaron solos a Jesús y a la mujer, que estaba de pie, junto a él.

Pero Jesús abrió para la mujer una brecha frente a la muerte que la amenazaba por medio del perdón. Mientras según la lógica humana, la vida de la mujer terminaba en la ejecución de la sentencia de muerte, según la gracia de Cristo, el perdón la habilitó para vivir más allá de la sentencia de muerte, y poder así recomponer su vida. ¿Nadie te ha condenado? Ella le contestó: “Nadie, Señor”. Y Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar.

¡Cosas grandes has hecho por nosotros, Señor! Efectivamente, cosas grandes hace por nosotros el Señor, cosas impensables y que sobrepasan la normalidad de la estructura del mundo. A los que tienen como fin de su vida la perspectiva de la muerte les promete y les da la esperanza de la vida eterna; a los que arruinaron su futuro a causa de sus pecados los habilita con el perdón para que puedan compensar con una vida santa el tiempo de extravío y perdición del propio pasado. El Señor abre camino para nosotros, junto a Cristo, a causa de Cristo. Preparémonos pues para la celebración de la Pascua, para dar con Cristo el paso hacia la vida y la esperanza.

© 2018 Instituto Fe y Libertad Guatemala, Guatemala 01010

Follow us: