¡Feliz aniversario Instituto Fe y Libertad!

Por  Ana Lucía Urruela | ana[email protected] 

Franklin D. Roosevelt dijo una vez: «de lo único que debemos tener miedo es del propio miedo». Vaya que hay sabiduría en lo que dijo. Recuerdo cuando empecé la universidad, llevaba dos años de empezar a ser una verdadera creyente. Pensamientos de ser excluida muchas veces llegan cuando uno comienza a caminar en la fe. Me daba miedo el qué dirán y que pensaran que yo era una radical religiosa. 

Luego, lo que lo hizo aún peor fue cuando empecé a leer sobre los principios de libertad y estos me hicieron tanta coherencia y lógica. Esto, en medio de mis amigos ateos, muchos de ellos de izquierda, me hacía una criatura aún más rara. El hablar sobre mis convicciones y mis creencias se volvía algo que definitivamente daba miedo pero, gracias a Dios, aunque no lo he hecho a la perfección, he logrado sobrepasar y hablar con valentía acerca de lo que creo. 

Ha sido un reto tanto dentro de la universidad como fuera. Recuerdo que, en mi primer semestre, en un examen me preguntaron lo siguiente en forma de opción múltiple: «¿Qué es la verdad?»

  1. La realidad 
  2. La palabra de Dios 
  3. La imaginación 
  4. Ninguna de las anteriores 

El profesor era ateo y claramente su deseo era que el alumno contestara que la verdad era la respuesta a. La realidad.  Yo sabía cuáles eran las intenciones del profesor y a pesar de que la iba a tener mala, me negué a contestar lo que él quería, así que fui fiel a mis creencias y conteste B) la palabra de Dios. Esto obviamente hizo que sacara mala esa pregunta y se burlara de mi con el otro grupo de compañeros. Pero por irónico que se escuche, esto hizo que mi fe aumentara aún más. Cuando veo para atrás esta situación me recuerda que es absurdo tenerle miedo al rechazo. Como dijo una persona una vez, «la influencia o hacer las cosas bien es como una empresa, entre más gana, más impuestos tiene que pagar». Así que no debe ser sorpresa cuando nos encontremos con oposición.  

Pero no todos mis profesores fueron así. Tuve la dicha y el honor de recibir clases con dos miembros del Instituto: Jesús María Alvarado y Miguel Foronda. Fueron clases llenas de profundidad y trascendencia y que al final me llevaron a este maravilloso Instituto, el Instituto Fe y Libertad. 

Aquí encontré un espacio para hablar libremente sobre mis creencias y mis convicciones. El Instituto me ha enseñado sobre la importancia del diálogo, la libertad, las ideas y la tolerancia, la verdadera tolerancia. Me permitió encontrar amigos, que espero sean para toda la vida, mentores y mentes brillantes las cuales admiro y de las cuales aprendo mucho. Estoy agradecida con Dios y con todos ustedes por abrirme las puertas a esta comunidad de personas comprometidas con la fe y la libertad de las personas, congregaciones, empresas y organizaciones de este país. 

A pesar de que el Instituto parezca ser un espacio seguro y cómodo para muchos de nosotros, no creo que la idea al fundarlo haya sido que los miembros e integrantes nos quedemos dialogando entre nosotros acerca de estas ideas. Es de suma importancia que lo hagamos, pero estas ideas fueron hechas para salir al mundo, a pesar de que reciban crítica y rechazo. Así que los animo, y me animo a mí misma, a que salgamos sin miedo al mundo para hablar acerca de lo que, por lo menos a mí, me ha cambiado radicalmente la vida, que son precisamente la fe y la libertad.