¿Existe relación entre desarrollo y la fe cristiana?

Por David Orrego | [email protected] 

Comúnmente se piensa que existe poca relación entre la fe cristiana y el desarrollo económico. Sin embargo, estos dos conceptos poseen un vínculo fuerte entre sí: una conducta ética y moral. La práctica del cristianismo confluye en el mismo camino que busca llegar a un desarrollo económico pleno, por medio de actitudes racionales bajo una tabla de valores positivos. Ejemplo de ello es Estados Unidos, nación que fue analizada en esta variante por ciertos académicos, entre ellos el francés Alexis de Tocqueville, el alemán Max Weber y el estadounidense Seymour Martin Lipset, quienes publicaron obras interesantes analizando la relación entre el éxito económico y la religión. 

La fe concreta en la que se basa la moral de las primeras colonias estadounidenses hace una fuerte alusión a aquel versículo en el que Jesús respondía a la pregunta sobre el gran mandamiento de la ley: «(…) Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (S. Mateo 22:39). Jesús sabía que una de las acciones que nos hace mejores cristianos es amar a aquellos en el mismo nivel que nos amamos a nosotros mismos, y en la medida que eso suceda, estaremos agradando a Dios. Este amor al prójimo lo describió Alexis de Tocqueville bajo el concepto del «interés bien entendido». 

El interés bien entendido se explica como aquel interés personal que confluye con uno general. Esto implica no solo pensar en las consecuencias de las decisiones bajo el interés personal sino cómo estas pueden también afectar a las personas en general que nos rodean. Sin embargo, para que la aplicación de interés bien entendido se logre, se debe considerar ciertos sacrificios. Por ejemplo, no pensar intensamente en uno mismo antes que en los demás. Tocqueville diría que este interés bien entendido no se logra más que por hábitos, y el resultado de esto será encontrarse con la virtud.

Weber, por otro lado, admiró de gran manera cómo la ética era un pilar fundamental en el desarrollo económico de Estados Unidos. En este sentido, escribió sobre cómo las religiones podían construir un «ethos» en los estadounidenses y daban, por lo tanto, un orden normativo que moldeaba una conducta específica. Pero esta conducta no tiene que ver con ideas, sino con consecuencias socioeconómicas, y es aquí cuando la riqueza se convierte en un imperativo moral. 

Martin Lipset afirmóque el desarrollo de Estados Unidos es una cuestión de conducta, de obras buenas y una práctica dentro de iglesias específicas. El trabajo duro y la ambición económica se fundamentan en una devoción cristiana, que, entre muchas exigencias, ponía por delante la racionalización económica. En este sentido, Lipset estaba de acuerdo que para alcanzar un desarrollo económico, debía ajustarse primero rasgos culturales como los que presentaba Estados Unidos. 

Es menester aclarar que los argumentos de estos autores son puras afinidades electivas, es decir, podría ser causal que el desarrollo económico se deba a la religión, pero puede también que sea una coincidencia en el ejemplo de Norteamérica. Sin embargo, si analizamos qué tipo de comportamientos se necesitan para propiciar el desarrollo, la fe cristiana propone actitudes que no la hacen excluyente al éxito económico. 

Primero, porque la fe cristiana propone la libertad individual, y porque enfatiza una tabla de valores para que nuestros comportamientos favorezcan al prójimo. Un buen cristiano buscará no equivocarse en lo que hace dentro de su profesión. El estudio sobre cómo se alcanza el desarrollo en relación con la fe cristiana tiene que ver con comportamientos individuales más que por políticas públicas impulsadas por el Estado. Tocqueville entendía que, si las personas actuaban de manera egoísta, mirando por su propio bien más que por el del prójimo, no habrían logrado un desarrollo conjunto de manera eficiente. 

Así también cuando Weber destacaba el «ethos» que forma la religión en el hombre, demostraba que la religión construye un carácter ético y que esto predispone un comportamiento para el desenvolvimiento laboral. Alguien que está formado éticamente en la tabla de valores que demanda Dios, difícilmente va a ceder vicios como el robo o la estafa. Así, entre más personas estén apegadas a este comportamiento ético definido por la fe, se constituye una sociedad económicamente productiva. 

Al final, Lipset destaca un tema de cultura en el desarrollo estadounidense. Un aporte que demuestra que además de construir políticas públicas sólidas para la administración pública, primero se necesita una sociedad que posea una cultura predispuesta a sostener dichas políticas. El contraste con las sociedades latinoamericanas es contrario, la religión fue utilizada en un principio como un medio para legitimar la conquista y no como para construir el carácter cultural de una sociedad. Lipset escribiría que, en Norteamérica, era más importante la libertad de asimilar ideas que si las personas creían en ser adventista, cuáquero o masón. Es esa misma libertad que no existía en Latinoamérica. 

Finalmente, la fe cristiana tiene mucho más que ver con el desarrollo de lo que podríamos ignorar. Como ciudadanos ajenos a puestos políticos, lo mejor que podemos hacer para construir una sociedad mejor es reforzar el interés bien entendido; ayudar a nuestro prójimo es también ayudarnos a nosotros mismos, pero aún más importante, es construir una sociedad libre, responsable y virtuosa.