El aporte cristocéntrico de Benedicto XVI

Por Carroll Rios de Rodríguez | [email protected]

¿Cómo debemos enfrentar la crisis de los abusos sexuales dentro de las iglesias cristianas? Después de casi seis años de silencio, el papa emérito Benedicto XVI nos comparte su visión en el texto La Iglesia y los abusos sexuales, y nos brinda una esperanzadora respuesta: enamorémonos una vez más de Jesucristo. ¡Debemos ser Cristocéntricos! Ha sido un mensaje constante en sus escritos. Nos recuerda el biógrafo de Benedicto XVI y profesor de teología Pablo Blanco que para Joseph Ratzinger «Jesús de Nazaret tendrá una “singularidad y unicidad irrepetible”, y sólo él puede ser mediador y redentor. Con estas premisas, la búsqueda del rostro de Cristo culmina en la última obra teológica del actual Benedicto XVI».

Tenemos que «entrar en el amor» que es «la verdadera fuerza contra el mal». ¡Es una directriz categórica y clara! Cae de su propio peso: quien está lleno de amor por Jesucristo, y se sabe correspondido y superado por el Amor de Dios, no querrá pecar. Es auxiliado por la gracia divina en su lucha interior por permanecer fiel a ese amor. Cualquier líder religioso (pastor, diácono, sacerdote, etc.) locamente enamorado de Dios querrá ser un digno representante de Jesucristo en la tierra en todo momento.

La gran mayoría de sacerdotes dan testimonio de su Cristocentrismo todos los días. La minoría de religiosos culpables de la crisis que atraviesa la Iglesia, por haber cometido actos de abuso sexual, o por haber encubierto a los ofensores, están desconectados de ese amor. «[U]na vida comprada por la negación de Dios, una vida que se base en una mentira final, no es vida,» sentencia el papa emérito.

¿Qué circunstancias permitieron a los victimarios distanciarse del Señor? El diagnóstico de Benedicto XVI es realista y crudo. Cita ejemplos de sus vivencias en Alemania en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta. Se relajaron los estándares de conducta y se aguó la definición del pecado. Se tergiversó el sueño del aggiornamiento que inspiró el Concilio Vaticano II. Se toleró el relativismo moral. Se hizo a un lado la formación doctrinal. Se desechó la enseñanza con base en la Ley Natural. Se intentó incorporar algunas ideas progresistas de la revolución sexual, el amor libre y la homosexualidad, a la vida religiosa. Incluso se justificó la pedofilia como un comportamiento aceptable. Al toro por los cuernos. Sólo se puede sanar a la Iglesia católica reconociendo tales extremos, aunque muchos dentro y fuera de la Iglesia no lo quieran ver.

Benedicto XVI se atreve a decir algo que es políticamente incorrecto en la Europa posmoderna: ciertas acciones nunca pueden ser buenas. Según Benedicto XVI, éste es el mensaje que intentó trasladar su antecesor, San Juan Pablo II, en Veritatis Splendor. (1993) Junto con San Juan Pablo, Ratzinger subraya que «hay valores que nunca deben ser abandonados», como el valor de la santa pureza.

El efecto de la cortada es aún más profundo de lo que solemos reconocer: la «inconducta» de los malos religiosos daña la fe misma. Y la fe es una forma de vida. «Allí donde la fe ya no determina las acciones del hombre es que tales ofensas son posibles», sentencia Benedicto XVI.

Pareciera cómo si «la Iglesia se está muriendo dentro de las almas», en la medida en que los miembros de la Iglesia damos la espalda a la verdad y a los valores cristianos inmutables, o tratamos con desinterés a la Sagrada Eucaristía. El padre Gerald Murray de la arquidiócesis de Nueva York, explica lo que quiere decir el papa emérito mediante una metáfora. Los turistas se asombran ante el castillo encantado de Disney World, pero ese es un mundo de fantasía. En cambio, Jesús está presente realmente en la Sagrada Eucaristía. «Cristo se entrega a la Iglesia en forma sacramental», explica el padre Murray. Los sacerdotes y los fieles podemos tratarlo con indiferencia, como si fuera una mera ceremonia, o como si fuera un invento manipulable, cuando en realidad deberíamos tratarlo con absoluta reverencia.

De allí que lo que procede no es inventarnos una nueva Iglesia, sino luchar por reavivar la llama de la fe en nuestras almas. Benedicto XVI nos habla en singular, a cada uno de nosotros, y nos exhorta a ser personas correctas que luchan por la verdad y dan testimonio de la Iglesia viva, a pesar de la mala hierba entre nosotros. «La Iglesia de Dios también existe hoy, y hoy es ese mismo instrumento a través del cual Dios nos salva». Justo el pasado 18 de abril, en su homilía con ocasión de la Misa Crismal, el Arzobispo de Los Altos, Monseñor Mario Molina, hizo el mismo llamado a los laicos guatemaltecos, recordándonos que nosotros también estamos llamados al servicio sacerdotal: «Necesitamos laicos que con sus obras consagren a Dios el mundo y la sociedad en que vivimos…».

Algunos periodistas acusaron a Benedicto XVI de romper su silencio para criticar al sínodo de obispos que se llevó a cabo en Roma en febrero del 2019, en el cual se discutió la protección de los menores dentro de la Iglesia. Otros aseguran que en el Vaticano la carta tuvo una recepción fría o mixta, sobre todo entre quienes pregonan el relativismo moral o una apertura a la revolución sexual (que lamentablemente, sí los hay…). Sin embargo, el documento por el papa emérito ni siquiera sugiere una crítica al sínodo o al papa Francisco. Más bien, el texto se lee como un respaldo a lo que allí se discutió. Cita el mismo pasaje de la Biblia: «Y cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera si le hubieran atado al cuello una piedra molino…» (Marcos 9,42).  Este pasaje bíblico sirve al papa Francisco y a Benedicto XVI para reiterar lo lejos que están de Jesucristo quienes abusan sexualmente de jóvenes y niños, y para apuntalar una postura tajante en contra del abuso sexual. La misericordia por la víctima del abuso toma precedencia sobre la misericordia por el victimario. Tanto Francisco como Benedicto entienden que es imposible proteger a la Iglesia del escándalo encubriendo a los abusadores o intentando negar lo acontecido. En su discurso al finalizar la misa del 24 de febrero, el Papa Francisco pidió a los partícipes del sínodo que los victimarios se «auto-delataran» y sometieran a un proceso de purificación genuina. Francisco habló además de una formación orientada a la santidad y a la virtud de la castidad. Aunque la prensa quiera reportar pleitos y división, parece que Benedicto XVI está en sintonía con Francisco.

Concluimos, entonces, que Benedicto XVI construye sobre lo expresado por el papa Francisco. Sus recomendaciones adicionales son: personalizar el mensaje, involucrar a los laicos en el proceso de solución, poner el acento en la fe, la verdad y Jesucristo, reintroducir la enseñanza doctrinal ortodoxa en los seminarios y en todos los ámbitos en que se forma a cristianos, y recordar los méritos de vivir en consonancia con los valores cristianos inmutables.


  1. La traducción al español del documento fue publicada por Aciprensa aquí: https://www.aciprensa.com/noticias/el-diagnostico-de-benedicto-xvi-sobre-la-iglesia-y-los-abusos-sexuales-35201
  2. Pablo Blanco, “El pensamiento teológico de Joseph Ratzinger”, Almudi.org, 11 de noviembre del 2015, recuperado de https://www.almudi.org/articulos/10366-el-pensamiento-teologico-de-joseph-ratzinger
  3. Citado en LifeSite News (sin firma), “Benedict XVI: Casual attitude to reception of Holy Communion central to moral crisis in Church”, LifeSite News, 12 de abril, 2019, recuperado de https://www.lifesitenews.com/news/benedict-eucharist
  4. El texto completo de la homilía dictada por el Arzobispo Mario Molina Palma puede ser recuperada aquí: https://feylibertad.org/homilia-misa-crismal/

Foto: Aciprensa