Por Juan Diego Godoy | [email protected] 

A veces hablamos más de lo que pensamos. El ser humano tiene esa peculiaridad de opinar  siempre sobre aquello que considera importante, aunque a veces no sepa de qué va ni de qué trata, aunque no lo comprenda. Sobre todo ahora, en los gloriosos tiempos de las redes sociales, aquello que comentamos suele llegar a más personas porque lo tuiteamos, posteamos y chateamos; para bien o para mal. 

El «Estado laico» es uno de esos temas que ha sido discutido por múltiples personalidades. Hace algunos días se llevó a cabo el Desayuno Nacional de Oración en Guatemala y el tema de la laicidad volvió a ver la superficie pero no necesariamente de la mejor manera. 

Hay quienes -y los hay muchos- que son expertos en confundir términos debido a la profunda ignorancia que, gracias a la libertad de expresión, les permite opinar en cualquier lado sin exigirles que usen la cabeza. Lo anterior no es con ánimo de ofender sino con intención de dejar las cosas claras. La discusión entorno al Estado laico ha pasado de ser una «discusión» a una mal interpretación constante que provoca que ciertos grupos de la sociedad peguen el grito al cielo al ver las palabras «Estado» y «religión» en una misma oración.

Vamos a ello, claro y al grano: el Desayuno Nacional de Oración -organizado por Guatemala Próspera y que contó con la participación de máximas autoridades del país, empresarios, políticos, senadores estadounidenses y demás funcionarios- es posible gracias a que vivimos en un Estado laico. Su realización y la participación de autoridades y sociedad civil es, precisamente, una muestra de lo que es un Estado laico. 

Antes de indignarse con el párrafo anterior, le pregunto: ¿sabía que la laicidad del Estado responde a esa exigencia, condición de posibilidad y garantía de la libertad religiosa? Y es que esto es, en otras palabras, el efectivo ejercicio de cualquier religión por parte de todos en condiciones de igualdad. Incluso, el efectivo ejercicio de la ausencia de religión, como los que se denominan así mismos «ateos». 

Por ello, en el Estado laico, son diversas las opciones religiosas que los ciudadanos pueden adoptar. Cito un texto de Teófilo González Vila (miembro del Instituto E. Mounier) titulado La Laicidad, el laicismo, lo público y lo común para lo siguiente: «La libertad religiosa consiste justamente en la inmunidad de toda coacción para optar por cualquiera de esas posibles diversas particulares opciones ante lo religioso». O sea que, «…a la libertad religiosa el Estado ha de reconocerla, proclamarla, defenderla y crear las condiciones requeridas para su efectivo ejercicio, al igual que ha de hacer en relación con las demás libertades públicas». ¿Le parece razonable? ¿Considera que ésta es una de las bases para vivir en armonía social y no un atropello a los derechos de los ciudadanos, como gritan algunas falsas víctimas?

Una consideración importante, ya que tratamos el tema, es no confundir laicidad con laicismo. La laicidad del Estado se fundamenta en la distinción entre los planos de lo secular y de lo religioso. De su práctica vemos como entre el Estado y la Iglesia existe un mutuo respeto a la autonomía de cada parte. Pero el laicismo del Estado (lo que unos cuantos locos exigen) equivale a hostilidad o indiferencia contra las religiones o contra las Iglesias. No es esa cooperación con todas las confesiones religiosas dentro de los principios de libertad religiosa y neutralidad del Estado.

Fácil y en una oración: El Estado laico democrático ha de tomar partido a favor de la libertad religiosa. Es un hecho. Entendamos que por libertad religiosa, aseguramos que es aquella en la que convergen todo tipo de religiones que se profesen por sus ciudadanos, y también la «ausencia de religión» que profesare otro ciudadano.

Por eso este tipo de discusiones que abundan en redes sociales no solo son torpes, sino que generan división y polémica donde no la hay. Siembran batallas innecesarias y desgastantes. Sin embargo, cuando estudiamos a sus artífices nos podemos dar cuenta que, en la mayoría de casos, son activistas o medios que viven de ello: del conflicto. ¡Como si no viviésemos en un país polarizado lo suficiente como para seguirlo dividiendo! 

Ahorrémonos el escándalo. Leamos más. Juntémonos con gente que sume. Cooperemos para crear un espacio sano, intelectual y próspero en un país que pide a gritos unidad, estudio y trabajo. 

#TendamosPuentes

@JDGodoy95


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva del autor.  El Instituto Fe y Libertad abre este espacio para dialogar e impulsar el florecimiento humano promoviendo la libertad individual y los principios judeocristianos.

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