Cuentos cubanos

Por Carroll Ríos de Rodríguez | [email protected]
Publicado originalmente en ContraPoder 

Confieso una fascinación por los sucesos políticos en Cuba. Nada me ata a la isla, salvo la amistad con varios cubanos exiliados. Las historias personales de profesores de la talla de Armando de la Torre, José M. Hernández y Eusebio Mujal León me admiran. Para una investigación sobre la política exterior de Cuba hacia Guatemala, leí Granma en los archivos de la Fundación Nacional Cubana-Americana, cuando aquí esas lecturas estaban restringidas.

Desde entonces, me pregunto: ¿cómo puede un régimen represivo aferrarse al poder durante medio siglo, y causar tanto dolor a tantas personas? La cárcel, los fusilamientos y los vigilantes Comités de la Defensa de la Revolución se acompañan del monopolio de las fuentes de “desinformación”, como Granma. Con prosa revolucionaria exaltada, el oficialismo falsea la historia y la actualidad. La ideología marxista-leninista es como una goma justificadora; protege a los oportunistas allegados al poder.

A mediados de los años ochenta salió el libro Contra toda esperanza, por Armando Valladares, un escritor que fue prisionero político durante 22 años. ¿Su crimen? Rehusarse a poner un cartel en su escritorio que decía: “Estoy con Fidel”. Por esas tres palabritas, aparentemente insignificantes, padeció hambre, palizas, confinamiento solitario y trabajos forzados. Cultivó su fe religiosa y escribió poesía para resistir. Gracias a la presión internacional y a las gestiones de su esposa Marta, fue liberado en 1982.

No había pensado en Valladares en años, pero la Fundación Becket para la Libertad Religiosa produjo un excelente documental acerca de su traumática experiencia. Coincidentemente, están en Guatemala Yoani Sánchez y Reinaldo Escobar, una pareja de valientes periodistas que ponen resistencia al régimen castrista desde adentro. El blog de Yoani, Generación Y, es de fama mundial. Ella y Reinaldo además lanzaron un noticiero electrónico, 14 y medio. Yoani es reconocida como una de las personas más influyentes de Hispanoamérica y es acreedora del premio Ortega y Gasset.

La televisión oficialista en Cuba dice que Yoani Sánchez y Armando Valladares son “fraudes montados por el imperialismo”. Armando y Yoani tienen tres cosas en común. Hacen rabiar a los hermanos Castro, emplean una literaria pluma como un arma poderosa, y gozan de reconocimiento internacional. Sin embargo, son hijos de épocas distintas, pues Yoani y los disidentes jóvenes cuentan con tecnologías a las que no tuvieron acceso sus antecesores en la lucha anticastrista.

Tras seguir el blog de Yoani, concluí que su éxito obedece al talento y la astucia con que cuenta cuentos. Con arte, sin irreverencias ni provocaciones, nos revela la cotidianeidad teñida por los tentáculos del gobierno opresor. Nos cuenta sobre el niño problema Dayron, aletargado por pastillas para que se porte bien en la escuela. Sobre la lenta muerte de la ferrovía en Cuba, y sobre la irrelevancia del culto cuasi religioso al desaparecido guerrillero Camilo Cienfuegos. Habla de la corrupción como un cáncer que ha hecho metástasis por todo el tejido social cubano. Así, como los trenes y los viejos héroes, se dilapidó la revolución.

El castrismo languidece mientras Valladares, desde Florida, Yoani y Reinaldo, y el mundo entero esperamos que caiga la dictadura para que los cubanos puedan vivir en libertad. El día en que se reanudó la relación diplomática con Estados Unidos no fue ese día, y seguimos en vilo. Yoani nos contó que bajo las narices del régimen, los cubanos descentralizadamente cocinan proyectos variados: políticos, cívicos, periodísticos. La indoctrinación escolar y mediática no doblegó el espíritu de muchos de los habitantes de la tierra de José Martí.


AFP Photo / Vladimir Rodas