Por Miguel Foronda | [email protected]

Un profesor universitario me abordó y exclamó:

¡Estoy sorprendido por un comentario que un alumno me hizo antes de tomarnos un café!

A continuación , el colega me vio a los ojos y me dijo:

El alumno me dijo más o menos lo siguiente: «estoy tratando de descubrir qué es lo que quiere de mí, pues ha accedido a tomarse un café conmigo…»

Mientras me lo decía abría los ojos y elevaba la voz; sonaba indignado. Me quedé pensando: ¿por qué se indignó?¿qué fue lo que le sorprendió tanto? Trataré de esbozar la respuesta en los párrafos que siguen. Para empezar, me parece que la expresión del alumno es una consecuencia de nuestro tiempo. La noción de ser «útil» está tan honda en nuestra cultura que la percepción de importancia equivale a la de utilidad.

La noción de útil presupone una relación medio-fin en la persona que la emplea. Pongo por caso a una persona que quiere saciar su sed; el agua es el medio para conseguir aplacar la sed. En otras palabras, el medio no es lo que importa en esta relación, la importancia le viene dada por el fin, que en este caso es la sed del agente.

En segundo lugar hay que tener en cuenta que algunas realidades importan, es decir enriquecen interiormente, independientemente de si son medios o fines. Por ejemplo, la verdad importa independientemente de sus usos prácticos; descubrir el orden del mundo es enriquecedor independientemente de que sirva para algo.

Dentro de las realidades que importan, independientemente si son medios o fines, está el diálogo con otra persona. Es constitutivo de nuestro ser persona la apertura hacia el otro. Es más, cuando alguien no  frecuenta el diálogo resulta dialogando con amigos imaginarios. Un claro caso de esto es Náufrago, una película protagonizada por Tom Hanks. Se pudiera decir que el hombre es un ser dialógico.

Pero regresando a mi conversación con el profesor universitario, a mi colega le molestó que el alumno supusiera que la conversación que le proponía era un medio para conseguir un fin distinto al diálogo.

En definitiva, pensar que la única manera en que podemos relacionarnos los hombres es concebirnos como medios, hace que inconscientemente generemos una cultura de sospecha, con el detrimento de la confianza que este tipo de culturas lleva consigo.

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