Crecer, crecer

Por Carroll Rios de Rodríguez | crios@feylibertad.org 

Publicado originalmente en Prensa Libre.

Para ganarle la guerra a la pandemia provocada por el COVID-19 necesitamos masificar las pruebas de laboratorio y la producción de mascarillas y guantes. Necesitamos ventiladores, camas hospitalarias, medicinas, doctores, enfermeros. Descubrir la vacuna es vital. Se suman a esta carrera fábricas reconvertidas, empresas de alta tecnología y farmacéuticas, entre otros. Por ejemplo, las sofisticadas computadoras de Accelerated Computing procesan gigantescas cantidades de información científica. Grandes laboratorios como GSK, Merck y Abbott hacen pruebas clínicas experimentales e intercambian información. Fundaciones y billonarios como Bill Gates financian estos esfuerzos. Enfrentamos un problema socioeconómico. A mayor riqueza disponible, más probabilidades de encontrar soluciones. Los ciudadanos de los países más prósperos podrán protegerse de mejor forma, pero también cargarán con el peso de la búsqueda de la cura definitiva, para bien de la humanidad.

El crecimiento económico es un «imperativo moral» porque las personas importan, afirma el economista Tyler Cowen en su libro Stubborn Attachments (2018), traducido al español por Gonzalo Schwarz. La obra será publicada próximamente por el Instituto Fe y Libertad, bajo el título El imperativo moral del crecimiento económico, una visión de una sociedad libre y próspera de individuos responsables. Cowen escribe que «Las sociedades más ricas son más estables, ofrecen un mejor nivel de vida, producen mejores medicinas y logran que las personas tengan mayor autonomía, más fuentes de satisfacción personal y más formas de diversión».

Esta obra no defiende a los avaros y antisociales, al estilo de Rico McPato. Elabora la noción de «Plus Riqueza», que abarca las ganancias producto del trabajo remunerado, y además el tiempo de ocio, el cuidado del ambiente y el desempeño de actividades no remuneradas que valoramos, como cocinar en familia. Dimensiona el carácter social del hombre y considera que el bien de la humanidad presente y futura depende de la creación de riqueza.

Esboza tres ideas centrales: (1) la «Plus Riqueza» es la fuerza que más impulsa el bienestar humano; (2) pequeños cambios en la tasa de crecimiento actual conllevan grandes mejorías en la «Plus Riqueza» al nivel mundial en el futuro; y (3) las personas que nacerán en el futuro valen tanto como las personas en el presente. Entonces, ¿es moral seguir creciendo a tasas mediocres? ¿Acaso no comprometemos el futuro de los no nacidos al frenar el crecimiento económico?

Cowen hace cuentas: tomaría 110 años triplicar el valor del producto interno bruto si la tasa de crecimiento es de 1% anual, pero si la tasa es de 5%, únicamente tomaría 22.5 años llegar a ser tres veces más prósperos. Siguiendo esta lógica matemática, y salvando algunas particularidades de la economía guatemalteca, podríamos suponer que, si Guatemala hubiera crecido a tasas anuales arriba de 5% durante la década perdida de los ochenta, hoy tendríamos un poder adquisitivo por lo menos tres veces mayor del que tenemos. De ser así, dispondríamos de más ahorros para sobrellevar la inminente recesión provocada por el cierre de la economía decretado por las autoridades. El gobierno tendría más ingresos tributarios. ¡Y tenemos que crecer más a futuro!

Tyler Cowen escribió recientemente que la crisis provocada por el covid-19 es la II Guerra Mundial de esta generación. El ataque debe ser tanto público como privado, y por eso lanzó un premio para financiar el trabajo de innovadores e intérpretes dispuestos a combatir el coronavirus.

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