Benedicto XVI y Francisco: ¿dos papas, dos direcciones?

Por Carroll Rios de Rodríguez | [email protected] 

Jorge Bergoglio se convirtió en Francisco el 13 de marzo del 2013. El pontífice anterior, Benedicto XVI, renunció el 28 de febrero del mismo año. El último papa en renunciar había sido Gregorio XII, en 1415, con lo cual, lógicamente, la renuncia del papa alemán es meritoria de novelas y películas. Nos invita a comparar a los dos líderes espirituales más recientes de la Iglesia Católica. Los católicos no somos los únicos interesados en las razones que llevaron a Benedicto XVI a tal decisión. La película Los dos papas (2019), ahora disponible en Netflix, imagina unos diálogos entre estos dos personajes. El guionista, Anthony McCarten, y los productores tuvieron el cuidado de incluir detalles tomados de la vida real. Por ejemplo, Benedicto XVI efectivamente toma Fanta, y el papa Francisco ama el fútbol y vivió momentos complejos cuando sirvió como arzobispo de Buenos Aires. El equipo construyó una réplica precisa de la Capilla Sixtina. Sin embargo, el libreto retrata a dos hombres diametralmente opuestos, siguiendo con la narrativa de la prensa progresista, y al hacerlo demeritan a la Iglesia y a los protagonistas.

Anthony McCarten es un escritor talentoso y la película está bien hecha. Disfruté viendo sus entregas anteriores, El instante más oscuro (Darkest hour, 2017), que trata sobre las duras decisiones que debió tomar Winston Churchill durante la II Guerra Mundial, y La teoría del todo (The theory of everything, 2014) basada en la biografía del astrofísico Stephen Hawking. 

El neozelandés McCarten creció en una familia numerosa y católica (tiene siete hermanos), pero ha perdido la fe. «Ser católico era como vivir en una habitación sin oxígeno», declara McCarthen a ScreenDaily. «Nada pasaba en esa Iglesia. Era tan frustrante, parecía cada vez más irrelevante a mi vida». La llegada de Francisco, sin embargo, le pareció como «una ventana que se abría y permitía entrar la brisa».  Entrevemos en esta confesión sus inclinaciones personales. 

«Este proyecto se trataba de poner a dos posturas a dialogar una con la otra», afirma en una entrevista con The Hollywood Reporter. Sus personajes encarnan, en la mente de McCarten, el conservadurismo y el progresismo. «Construí una dialéctica alrededor de estas dos posturas» que dividen al mundo moderno, aclara el autor, buscando llegar a la armonía.  Es loable querer conciliar posturas radicalizadas y cultivar una actitud de diálogo. Es noble el afán de tender puentes en vez de construir muros. No obstante, también es relevante decir la verdad. Cuando el entrevistador le pregunta qué responsabilidad sintió de ser fiel a la verdad, reconoció que tomó amplia licencia literaria y que, al fin y al cabo, nadie sabe de qué han hablado los papas en sus limitados encuentros.

¡La verdad importa! Si no, que lo diga Joseph Ratzinger, quien ha derramado tanta tinta explicándonos porqué la verdad, la moral y la libertad deben ir de la mano. Los papas no son candidatos políticos de partidos opositores: no ambicionan poder o autoridad en este mundo. Ninguno de los dos es dueño y señor de la Iglesia. Ambos han sido vicarios de Jesucristo en la tierra, herederos de una tradición milenaria que no pueden alterar antojadizamente. Aún y si tuvieran firmes convicciones sobre cómo resolver problemas terrenales, no es congruente con su misión identificar las políticas públicas para x o y problema. Como subraya Miguel Pastorino de Aleteia, «No hay que olvidar que ambos son católicos y obispos de la misma Iglesia, por lo cual, aunque hay diferencias en el estilo, en la personalidad, en preferencias pastorales o acentos teológicos, no hay diferencias en la doctrina, porque doctrina católica hay una sola, no dos».

«El papa Benedicto es retratado como una reliquia de una iglesia obsoleta que habla a sus prelados en latín,» lamenta Stephano Rebeggiani de Angelus News. El papa Francisco, en cambio, es retratado como humilde, mundano, progresista, ambientalista, a favor de la agenda LGBT+, el divorcio y el socialismo. Ninguna de las dos caricaturas es veraz. En realidad, Francisco también habla latín, pues es el idioma que une a los miembros de una institución universal. Tanto san Juan Pablo II como Benedicto XVI abordaron temas ambientales y fueron los primeros en enfrentar los escándalos de abuso sexual dentro de la Iglesia. Benedicto XVI sentó las bases para luchar contra este particular escándalo en su tajante y clarísima carta a la Iglesia de Irlanda de 2010.  Sobre todo, Benedicto XVI no es un «rottweiler frío» ni un perro policía, como gusta imaginar la prensa; escribió extensa y bellamente sobre el amor y la misericordia, al igual que hace Francisco. 

Quizás los actores, Anthony Hopkins y Jonathan Pryce, el productor o el guionista quisieran que la Iglesia Católica fuera más progresista. ¿De qué formas reformarían a la comunidad católica? ¿Cómo podría seguir siendo un organismo sobrenatural guiado por Jesucristo, vivo entre nosotros y presente en la Sagrada Eucaristía, si los hombres de nuestra era traicionaran las enseñanzas de Dios-Hijo? 

Recomiendo a los lectores de este blog todas las publicaciones de Benedicto XVI. El desengaño sobre quién es Benedicto XVI en la Iglesia y el mundo nace de sumergirse en sus escritos, tan profundamente teológicos como claros y sencillos. Yo comparto la apreciación de él que esbozó Elizabeth Scalia en el 2016: «Juan Pablo, Benedicto y Francisco son todos hombres que han impactado grandemente el mundo, tanto secular como sagrado, quizás más de lo que la mayoría de nosotros puede apreciar. Pero me parece que Joseph Ratzinger/Papa Benedicto fue único por cuanto logró brindar a la Iglesia lo que se necesitaba para sostenerla; en cualquier capacidad en la que la sirvió, él fue ese sujeto mesurado y trabajador que hacía en silencio lo que había que hacer, sin pedir nada a cambio. Él ha sido el pilar profundamente anclado, estable y poco apreciado alrededor del cual dos papados dinámicos y aparentemente más glamorosos podía girar…Cuando un pilar central es sólido y está bien anclado, tiende a ser ignorado, porque simplemente hace lo que debe hacer, como un tiernamente humilde Benedicto sería el primero en afirmar».


Foto: Vatican News