Por Anne Bradley

Este artículo está traducido por Jessica Paduán para el Instituto Fe y Libertad con permiso del Institute for Faith, Work & Economics. El artículo original apareció aquí el 19 de abril de 2017. IFWE es una organización de investigación cristiana comprometida con el avance de los principios bíblicos y económicos que ayudan a las personas a encontrar satisfacción en su trabajo y contribuir a una sociedad libre y floreciente. Visite https://tifwe.org/subscribe para suscribirse al blog diario gratuito de IFWE.

La idea del interés propio puede hacer que los creyentes retrocedan porque suena como egoísmo. El interés propio es parte de nuestro diseño en Dios; la codicia es el resultado de nuestros propios deseos egoístas. ¿Cómo se nota la diferencia?

La codicia vs. el interés propio

De alguna manera, el interés propio es un concepto más benigno de lo que la mayoría piensa; es una forma de entender cómo tomamos decisiones. Recuerde lo que el economista Ludwig von Mises afirmó en su trabajo original, La acción humana: nuestras decisiones involucran:

  • Sentirse incómodo con nuestras condiciones actuales
  • Tener una manera de mejorar
  • Tener una visión de cómo se ve esa mejora

Lo que valoramos personalmente determina los «términos» de elección. El interés propio se trata realmente de elegir y preferir, y lleva a las personas a cuidarse a sí mismas realizando actividades que van desde preparar una comida o invertir su dinero en una nueva empresa.

Por ejemplo, cuando me despierto por la mañana y preparo un plato de avena, lo hago por mi propio interés. Estoy satisfaciendo una necesidad con lo que creo que me hará estar mejor de lo que estaría si no tomara la acción. Elijo la avena porque la valoro por encima de otras opciones para alimentarme por la mañana.

La codicia, sin embargo, es parte de la naturaleza caída de la humanidad y nos afecta a todos negativamente. Es un deseo agobiante y, a menudo egoísta, por algo. La codicia nos empuja a satisfacer nuestros deseos, incluso al punto de actuar de manera que sea perjudicial para nosotros mismos o para los demás.

La codicia vs. el interés propio en complacer a Dios

El interés propio implica un sacrificio diario o la entrega de nuestra voluntad a la voluntad de Dios en cada decisión. Al hacerlo, estamos administrando nuestros recursos, oportunidades y preferencias (interés propio) de una manera que sea agradable para él. Si no lo buscamos primero, tenemos una mayor probabilidad de cruzar hacia la codicia. Cuando eso sucede, nos convertimos en víctimas de nuestro propio pecado, y las cosas que pensamos que son buenas para nosotros realmente nos perjudican.

Es en mi propio interés elegir a Cristo y perseguirlo en cada esfuerzo. Estoy hecho para obtener ganancias en todo lo que hago para sus propósitos, de modo que pueda escuchar «siervo bueno y fiel has sido» (Mat. 25:21) y experimentar la alegría, la realización y el florecimiento que ayudo a crear.

Entonces, ¿cómo funciona el interés propio en la sociedad? ¿Cómo el interés propio sigue siendo algo bueno que impulsa la elección y no algo malo como la codicia?

La codicia vs. el interés propio en la sociedad

El interés propio es, en realidad, cómo la economía de mercado dirige hacia el florecimiento. En una economía en la que usted comercia con otros, su bienestar aumenta solo si beneficia a otros en el proceso.

Considere un empresario que quiere ofrecer un nuevo producto. Él o ella está motivado a obtener ganancias porque las ganancias le permitirán mantener y hacer crecer su negocio. En una economía de mercado, el interés propio del empresario resulta en una ganancia solo si proporciona algo que hace que la vida de otras personas sea mejor. En este caso, el interés propio impulsa al empresario a innovar y responder a una necesidad en la sociedad, porque él o ella solo obtendrán beneficios al satisfacer primero las necesidades de los demás.

Como mencionamos anteriormente, el interés propio es parte de nuestra antropología dada por Dios y funciona para el bien de todos cuando intercambiamos nuestros dones y talentos en el mercado. El egoísmo y la codicia, por otro lado, son el resultado de un corazón pecaminoso. El mercado puede corregir la codicia, o la avaricia puede usar el mercado en su beneficio. En el segundo caso, esto no es culpa del mercado, sino la culpa de un corazón pecaminoso.

Aquí en IFWE (y en el Instituto Fe y Libertad*), nos apasiona explicar cómo la forma de pensar económica nos ayuda a ser mejores administradores de los recursos de Dios. Como individuos interesados ​​en sí mismos, la economía nos une para hacer lo mejor de nuestro diseño dado por Dios.

Es de nuestro propio interés proporcionar algo que alguien más valore, ya sea en su trabajo de escritorio o en una pequeña empresa, en su hogar o como el CEO de una compañía Fortune 500. Oremos para que Dios use nuestras preferencias naturales y propio interés para glorificarlo y bendecir a otros.


*Comentario del traductor

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