La filosofía de la historia, aliada de la acción política

4 minutos

Por Carmen Camey

Las opiniones expresadas en este espacio no necesariamente reflejan la postura del Instituto Fe y Libertad y son responsabilidad expresa del autor.


La filosofía de la historia habla de aquellas realidades que solo existen porque el tiempo muerde en ellas, es decir, que son dependientes del tiempo. Con esto nos referimos a que su desarrollo histórico forma parte de su constitución, se realizan en el tiempo y existen determinadas por el tiempo que ha pasado por ellas. En un primer momento podría parecer que todas las realidades son así, pero existen muchas realidades que son independientes del desarrollo temporal, como por ejemplo la constitución racional de la persona, la constitución metafísica de la realidad, la ética, etc. De todas estas realidades pudo hablar Aristóteles 2000 años atrás y hoy podemos seguir coincidiendo con lo que Aristóteles dijo sobre ellas.

Sin embargo, hay otras realidades que existen solamente en el tiempo: el hecho de que existan crisis, el juicio sobre la historia (el que un acontecimiento sea justo o no en el marco de la historia), el concepto de época, el concepto de generación. Todas estas realidades tienen que ver con el tiempo, se construyen en el tiempo y solo puede hablarse de ellas en un marco temporal. La filosofía de la historia también analiza estos fenómenos y la forma en la que han cambiado su sentido a lo largo de la historia. Esta es la definición clásica a la que se atienen pensadores como Löwith, Hegel y Vico. Por ejemplo, la forma en la que el concepto de democracia ha cambiado a lo largo de la historia. La democracia se transforma a lo largo del tiempo según cómo se va aplicando en las distintas sociedades. Finalmente, la filosofía de la historia también piensa sobre la historia misma, sobre aquello a lo que llamamos historicidad. Hablamos de algo histórico sin saber a qué nos referimos, sin pensar en la forma en la que escribimos la historia.

El pensar en la historia, en cómo se forma y cómo se construye, es importante no solo como ejercicio sino principalmente porque de lo que comprendamos como historia dependerá la manera en la que actuamos. Hannah Arendt atribuía a los nazis una visión de la historia cerrada y determinista, en la que el Tercer Reich debía cumplir un papel y quienes no quisieran ser parte de ello estarían dando la espalda a la Historia. La historia así comprendida, como inevitable, provocaba que los alemanes hicieran cosas que en otras condiciones no habrían hecho, como por ejemplo perseguir a sus vecinos judíos. Pero eran capaces de hacerlo porque, en el fondo, no creían que fueran ellos quienes “hacían” las cosas sino la Historia. El determinismo libera de la responsabilidad personal. Por otro lado, la historia comprendida como algo abierto y potencialmente construible por mis propias acciones abre las posibilidades al poder de la acción. Seré capaz de actuar si creo que mis acciones pueden tener consecuencias en la Historia. Así, Walter Benjamin creía que la tarea principal del siglo XX consistía en ser historiador, pero no cualquier historiador, historiador materialista. Con esto, aunque pueda ser confuso, se refería a un historiador que concibiera la historia de manera abierta y no secuencial. Solo así tendría sentido hablar de la revolución, solo si es algo que realmente puede hacerse y que depende de la propia libertad. Por eso Benjamin batallaba con el comunismo tradicional pues le parecía que el materialismo histórico tradicional, el que concebía la historia como un proceso cerrado e inevitable, le hacía un daño a la causa revolucionaria.

Por tanto, la manera en la que comprendemos la historia nos motiva a actuar o nos disuade de hacerlo. La acción política dependerá en gran medida de lo que quien actúa crea que puede lograr con esa acción. Por eso es tan importante saber qué creemos que ocurre cuando se construye la historia. El defender el papel de la acción libre en la construcción de la historia tendrá como consecuencia la acción política libre en el presente.