La unión entre fe y libertad

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El 2 de junio de 2022, Monseñor Mario Alberto Molina Palma bendijo las instalaciones del Instituto Fe y Libertad. Agradecemos a Monseñor Molina por haber viajado desde Xela para este evento, a todos los miembros y amigos que nos han permitido crecer en estos siete años, y a Dios, a quien rogamos nos guíe en nuestro camino profesional.


En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Dios, que dio al hombre el mando sobre las obras de sus manos esté con ustedes.

Queridos amigos, nos hemos reunido para celebrar la apertura de esta sede del Instituto Fe y Libertad y en este momento también nos reunimos como creyentes para invocar la bendición de Dios sobre las personas que trabajarán en este lugar, las que vendrán a visitar esta oficina y pediremos al Señor que sostenga las actividades que aquí se realicen para que estén encaminadas a lograr el bien por los caminos que a veces solo Él sabe.

El nombre de este Instituto junta dos conceptos: uno de carácter religioso: Fe; y otro de naturaleza antropológica: Libertad con muchas connotaciones también teológicas. Son muchas las interpretaciones que se pueden dar de esa combinación. Carroll podrá darnos las explicaciones. Pero yo entiendo que quienes forman este Instituto confían en que la libertad humana guiada por la fe en Dios puede producir obras que construyen y dan esperanza.

Monseñor Mario Alberto Molina Palma durante la bendición de la sede del Instituto Fe y Libertad

La primera bendición de Dios que puede suceder en este lugar es que aquí resuene su Palabra. Aunque sea un texto breve de las Sagradas Escrituras, esa lectura será el primer signo de bendición. La palabra «bendecir» está compuesta de otras dos; el sufijo «ben» significa «bien» «bueno»; y luego el verbo «decir». «Ben-decir» es decir algo bueno. Cuando Dios bendice, crea. Escuchemos, pues, su Palabra que está siempre «bien-dicha» como expresión de nuestra apertura a la fe que escucha y recibe de Dios su luz. En el texto que he elegido nos habla Jesús a través de san Mateo 3,14-21. 

Lectura 

Jesucristo ha hablado. Nos ha pedido que nuestras acciones den un sabor nuevo al mundo; iluminen con una luz nueva. Que las obras que hagamos conduzcan a quienes las vean a dar gloria a Dios. Ese es el sabor y la luz que debe brillar en ellas. También así se honrará la

palabra fe en el nombre de esta institución. 

Hablémosle ahora nosotros a Dios en la oración por medio de algunos versos del salmo 90, en forma responsorial. Digamos todos: Haz prósperas, Señor, las obras de nuestras manos.

Señor, tú has sido nuestro refugio 

de generación en generación.

Antes que nacieran las montañas, 

o fuera engendrado el universo, 

desde siempre y por siempre tú eres Dios. R/

Tú haces que el hombre regrese al polvo,

diciendo: «¡Regresen, hijos de Adán!»

Porque mil años son para ti como un día,

un ayer que ya pasó, una hora de la noche. R/

Enséñanos a calcular nuestros días,

para que adquiramos un corazón sabio.

Ten compasión de tus siervos.

Sácianos de tu amor por la mañana,

para que vivamos con alegría y júbilo. R./

Que tus siervos veamos tus acciones,

y nuestros hijos contemplen tu esplendor.

Que descienda sobre nosotros

la bondad del Señor, nuestro Dios.

Da éxito a todo cuanto hagamos.

Sí, da éxito a todo cuanto hagamos. R/.

Oremos todos juntos y recitemos la oración que nos enseñó Jesucristo:

Padre nuestro que estás en el cielo, 

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu Reino;

hágase tu voluntad 

en la tierra como en el cielo.

Danos hoy 

nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos 

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal. Amén.

Oh Dios, que en el designio de tu providencia, aceptas bondadosamente perfeccionar con tus bendiciones todas las actividades de los hombres, tanto las corporales como las intelectuales, te pedimos que todos los que en este lugar, traten, con sus estudios e investigaciones, de remediar los males que nos afligen en la sociedad y de proponer soluciones que generen esperanza, fe y libertad, puedan, con tu ayuda, realizar con éxito el fruto de su empeño.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Que esta agua bendita rociada sobre nosotros sea memorial de nuestro bautismo y signo de la gracia y la bendición de Dios.

Dios, Padre de bondad, que nos ha mandado ayudarnos en todo, dirija su mirada bondadosa sobre ustedes y sobre todos los que aquí trabajen. Y que la bendición de Dios todopoderoso,

Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca siempre.

Que sea por muchos años.