Hannah Arendt, Amber Heard y las pretensiones del MeToo

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Por Carmen Camey

Las opiniones expresadas en este espacio no necesariamente reflejan la postura del Instituto Fe y Libertad y son responsabilidad expresa del autor.


No estoy a favor de las burlas ni el abuso que ha recibido Amber Heard durante el juicio, tampoco con que el público haya tomado ya una decisión antes de conocer la decisión del jurado, pero me ha llamado la atención la reacción tan enérgica que ha recibido el juicio por difamación de Johnny Depp a Amber Heard. Si se es usuario de al menos una red social (y no digamos cuando se usan varias), el tema del juicio es inevitable. Cientos de miles de videos analizando cada cosa que dicen los testigos, investigando por su cuenta y dando lecciones de psicología y derecho a todos sus followers. Casi todos a favor de Depp. 

Todo ello me ha hecho pensar que esta reacción tiene algo que ver con uno de los gritos de guerra del MeToo: Believe women. Con esto se pretendía acabar con el prejuicio ante las víctimas, a quienes se les cuestionaba en exceso y en demasiadas ocasiones se les acusaba de mentir o inventar sus acusaciones (como en el caso de Marie Adler, en Inconcebible). Esto, claro está, añade sufrimiento a lo que ya es una situación traumática. Ese deseo de un trato más humano a las víctimas se convirtió en una lema demasiado general y simplista: Believe women, como si el hecho de ser mujeres les diera alguna ventaja moral sobre los hombres y como si cualquier acusación de violencia de género tuviera que ser inmediatamente aceptada. 

La noción de que tenemos que creer a alguien solo por lo que es (ya sea mujer, negro o lo que sea), tiene implícita la idea de que esa persona es inocente por ser lo que es, como si el ser parte de un grupo le dotara de una inocencia colectiva. Esto es absurdo, ya lo decía Arendt cuando afirmaba que los judíos no podían ser víctimas por ser parte de un grupo, así como los alemanes no eran culpables solo por ser alemanes, no existe culpa ni inocencia en colectivo, las acciones morales son personales y no dependen de razas ni géneros. Eso era algo que el MeToo confundía, porque parecía que teníamos que creerle a cualquier «hermana» solo porque era mujer. Pero la realidad es que las acusaciones de violencia son serias, tanto para la víctima como para el acusado y el aceptar sin chistar cualquier acusación solamente desmerita la seriedad de la acusación. 

Creo que la reacción al juicio lleva un poco de eso: ¿por qué tenemos que creerle a Amber? El hecho de que ella haya hecho la acusación no la debería de convertir de inmediato en víctima, deberíamos poder esperar a conocer el resultado del juicio y de la deliberación para conocer su estatus moral. Esto es lo único que puede darnos confianza en el sistema de justicia: esperar a conocer los resultados del juicio antes de sentenciar a cualquiera: ya sea a un hombre o a una mujer. Precisamente por ello, los memes y las acusaciones a Amber son igual de incorrectas que las de los medios a Johnny antes del juicio. La realidad es que para eso existe un sistema que juzga, para evitar que la sociedad use sus propios medios, a veces crueles y desmedidos, para condenar a quien le incomoda.