Valentía y fe en Ucrania

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Por Carroll Rios de Rodríguez

Publicado el 7 de marzo de 2022 en Prensa Libre

Las opiniones expresadas en este espacio no necesariamente reflejan la postura del Instituto Fe y Libertad y son responsabilidad expresa del autor.


Rezamos por la libertad y la paz

Sentimos indignación cuando el presidente de Rusia, Vladimir Putin, invadió Ucrania, pero también nos admiró la determinación y la religiosidad de los ucranianos.

Incluso antes de que el presidente Volodímir Zelenski pidieran a sus compatriotas que defendieran su país, cientos de voluntarios ya habían decidido apoyar al ejército ucraniano. Además de los inscritos en las Fuerzas de Defensa Territorial, miles espontáneamente buscan formas de colaborar informalmente: vigilan infraestructura, alimentan a las tropas, protegen las redes contra ciberataques, y más. Ciudadanos radicados en el extranjero retornan a luchar o recolectan víveres.  

Reciben extraordinarios apoyos internacionales, también privados, como el envío de platos satelitales Starlink, donados por Elon Musk para evitar que el país se quede sin internet. Las empresas Visa y Mastercard anunciaron el sábado que suspendieron sus operaciones en Rusia. Otras empresas como BP, Shell, Equinor y Exxon anunciaron que descontinuaron sus operaciones en Rusia. 

¿Qué impacto tendrán estas acciones particulares? Su valor simbólico es inmedible: ponen de manifiesto ingenio, determinación y una valentía en grado heroico.

Por otra parte, en las redes sociales, circulan fotografías de ucranianos rezando. Los sacerdotes están oficiando misas en los refugios subterráneos a petición del arzobispo Sviatoslav Shevchuk, quien encabeza la Iglesia Ortodoxa Griega de Ucrania. Católicos velan al Santísimo Sacramento en el sótano de la parroquia de San Antonio, en Kiev y monjas benedictinas rezan el rosario desde su búnker.

Según la tradición, San Andrés cruzó el Mar Negro y trajo el cristianismo a una colonia griega en Crimea. Convirtió a miles. El patriarca de Constantinopla, Focio I, escribió que ya para 944 una buena parte del pueblo Rus de Kiev era cristiano. Y, alrededor de 988, Vladímir el Grande hizo bautizar en masa a los residentes de su capital, en el río Dniéper.

Posteriormente, el territorio fue sometido al ateísmo y totalitarismo soviéticos por 74 años. En 1917, el movimiento bolchevique impidió la formación de una república independiente en Ucrania, y retuvo el control del país hasta la disolución de la Unión Soviética.  Sorprende, por tanto, que los ucranianos se aferraron a su fe, incluso más que las personas de países vecinos como Estonia o Letonia. Según Hromadske Internacional, hoy solo 9 % de la población de Ucrania se considera atea. Un 7 % de la población es profundamente religiosa y un 77 % adicional se considera creyente. De ellos, 60 % se adhieren al patriarcado de Kiev, 24 % al patriarcado de Moscú, 7 % a la Iglesia Griega Católica, 3 % a iglesias protestantes, 5 % a otras religiones y 1 % a la Iglesia Católica.

En 2018, se realizó un sínodo ecuménico en Constantinopla en el cual las iglesias ortodoxas de Constantinopla, Grecia y Alejandría unificaron al patriarcado de Kiev y a la Iglesia Ortodoxa Autocéfala Ucraniana (UAOC), que operó clandestinamente entre 1919 y 1990. Proclamaron a Epifanio I como metropolitano de Kiev y de toda Ucrania. Sin embargo, los patriarcados de Moscú, Serbia y Polonia no han dado su reconocimiento a esta nueva iglesia.

A pesar de los roces entre los patriarcados de Kiev y Moscú, las autoridades de ambas iglesias han manifestado su oposición a la invasión. Onufriy Metropolitano, quien encabeza la iglesia de Moscú en Ucrania, pidió a Putin que detuviera la invasión, mientras que Epifanio Metropolitano llamó a la oración y a la acción.

Al escuchar las noticias sobre esta guerra, millares de creyentes nos unimos a las plegarias de los ucranianos. Pedimos porque se restablezca la paz y porque los ucranianos puedan vivir en libertad.