La autonomía individual sobre la libertad individual del siglo XXI

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Por David Orrego

Las opiniones expresadas en este espacio no necesariamente reflejan la postura del Instituto Fe y Libertad y son responsabilidad expresa del autor.


En los años 60, muchos países se movían en torno a una lucha por el reconocimiento de los derechos y deberes civiles universales basados en la dignidad humana inalienable que abarcaba las cuestiones raciales y el bienestar social de los grupos marginados. El movimiento contra la desigualdad de género y los ecologistas comenzaron a desarrollar una revolución social e intelectual para lograr la igualdad de derechos y para imponer sus propias exigencias y el reconocimiento del nuevo orden. Este movimiento originó el concepto de reconocimiento de la política como medio para salir del orden tradicional.

Cuando Martin Luther King Jr. marchaba por la igualdad racial en Estados Unidos, exigía realmente la igualdad de derechos basada en la dignidad de haber nacido. La dignidad de la persona, independientemente del color, es un elemento básico por el que todo ser humano debe ser respetado. Las actuales políticas de reconocimiento, en cambio, no imponen una igualdad ante la ley con respecto a las personas individuales, sino que buscan imponer su punto de vista sobre los grupos opositores bajo la figura de una defensa colectiva.

Para estos grupos, no basta con exigir que los negros sean tratados como iguales a los blancos, sino que hay que reconocerles una dignidad que no se concede a los blancos. Esto crea la paradoja del grupo marginado, que a veces es excluido de la sociedad en general. Así, por ejemplo, el grupo Black Lives Matter fue originalmente un movimiento fundado en respuesta al uso desproporcionado de la fuerza por parte de la policía contra la gente de color en Estados Unidos. A medida que ha ido evolucionando y diversificando sus reivindicaciones, el grupo busca ahora desafiar las percepciones racializadas de la masculinidad y la relación entre hombres y mujeres, así como la supremacía blanca y el racismo sistémico.

Estos requisitos para la vigilancia de los movimientos sociales que exigen una identidad sobre los demás son cada vez más diversos y pronunciados, lo que significa que ahora estamos creando amenazas a la libertad individual a través de las acciones individuales autónomas.

La tradición de la libertad individual se remonta a los aportes de autores como Thomas Hobbes, John Locke, John Stuart Mill, entre otros, quienes fundaron un contrato social basado en una dignidad humana que actuaba en consecuencia de sus actos y no bajo el libre albedrío. La autonomía individual se basa en un supuesto abstracto de la dignidad humana como una construcción de razonamiento independiente de una tradición de valores y principios y que define un nuevo ser superior que puede decidir sobre los demás lo que merece y cómo vivirlo.

El siglo XXI será recordado, entre otras cosas, por la construcción de políticas autonómicas a través del ejercicio de la autonomía individual que puede romper con los valores tradicionales de la familia que se construyen sobre la libertad del individuo; y por los movimientos colectivos que buscan defender e imponer su sentido de conciencia colectiva a los individuos que no aceptan la forma de tomar decisiones y no buscan simplemente la igualdad en la aplicación de los derechos y obligaciones ante la ley.

Francis Fukuyama considera que estas políticas públicas de reconocimiento buscan despertar expresiones de ciertas identidades que han sido ocultadas por grupos de minorías con el fin de fomentar un «pluralismo confuso de formas alternativas de asociación». También exige correcciones políticas de los valores tradicionales para que no se ajusten a los nuevos movimientos sociales (Fukuyama, 2018).

Guatemala pasará algún día a reconocer una autonomía en la que la auto-soberanía del individuo minará la libertad del mismo construyendo una nueva identidad basada en la dignidad. Esta amenaza constituye una forma de redefinir y corregir lo que hemos llamado «cultura, tradiciones, valores y principios» que han regido nuestra sociedad. Reconocer a los grupos vulnerables y marginados por la ley un trato igualitario y justo sobre los derechos civiles y legales no es el problema que enfrentamos, sino violar la igualdad ante la ley de los guatemaltecos para reconocer a la colectividad sobre el individuo.

A medida que pasa el tiempo, se hacen más comunes las nuevas identidades que exigen reconocimiento y las imponen a través de asociaciones difusas de su objeto pero diversas ante sus demandas. Pero de lo que no cabe duda es que todas dicen entender el concepto de dignidad humana y comienzan a exigirla a través de posiciones extremas nacionalistas y religiosas.

Es esencial que superemos los debates actuales sobre la naturaleza de la libertad humana y la autonomía individual que exigen constantemente el reconocimiento del yo interior sobre el exterior. Debemos construir una sociedad compatible con la diversidad cultural y política pero que mantenga siempre la ley por encima de todo.


Fukuyama, F. (2018). Identidad, la demanda de dignidad y las políticas de resentimiento. Editorial Planeta, S.A. .

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