¿Qué nos diría Joe?

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Por Juan José Ramírez Ochoa

Las opiniones expresadas en este espacio no necesariamente reflejan la postura del Instituto Fe y Libertad y son responsabilidad expresa del autor.

Joseph «Joe» Keckeissen, el sabio cuyos pasos rondaron la Universidad Francisco Marroquín por espacio de varias décadas —y cuyos ecos se escuchan para el oído atento— estaría cumpliendo 97 años este próximo 14 de enero de 2022. Parece increíble que estemos arribando al undécimo año de su encuentro con la eternidad. Y es que las memorias nos acercan —casi que nos hacen jugarle una ironía al tiempo— y sentir que lo pasado está en nuestro presente. Porque no todos permanecen tanto —y en tantos— en la memoria que nos vamos legando unos a otros. Nuestro recordadísimo amigo de la libertad, continúa muy presente en las acciones de muchos. 

El título de esta breve pieza es un fraseo de una de las preguntas favoritas del maestro: What would Mises say? (o ¿Qué nos diría Mises?), refiriéndose al gran pensador de la Escuela Austríaca de Economía, con quien, dicho sea de paso, Joe trató personalmente en el contexto del seminario dirigido por el austríaco, el cual se desarrolló en el seno de la Universidad de Nueva York, en los Estados Unidos de América. Con esta sencilla pregunta, Joe invitaba a pensar con mayor profundidad sobre las siempre cambiantes circunstancias económicas, políticas, y morales. Veo a la distancia, y aún percibo este regalo que nos dejó nuestro querido maestro: el cimiento indispensable en toda reflexión de índole social, esto es, el uso de la teoría. Muy adecuado hoy, para los momentos de constante agitación y premura por realizar activismos que, aunque fundados en una buena intención, ven afectada su trascendencia al no estar cimentados sobre un discurso firme. Cerrando el círculo de reflexión, resulta pertinente el adagio que gustaba usar el psicólogo social Kurt Lewin: «nada hay más práctico que una buena teoría».

La libertad —vastamente discutida como concepto, como proyecto, como ideal— puede aterrizar en un mínimo de concordancia entre los múltiples salones de conferencias, de cátedras, de negocios, y cualquier espacio donde la deliberación sobre los asuntos públicos esté presente. Este mínimo de concordancia, estimado amigo lector, y a criterio de quien escribe estas líneas, es la fragilidad de la misma en tanto una realidad tangible en la experiencia humana. La metáfora de la barca en medio de la tempestad, de un mare magnum, parece oportuna ya que la libertad viene a ser como estas barcas frágiles hechas, —madero a madero—, por las manos humildes de artesanos quienes buscan resolver sus anhelos y tareas. Joe gustaba decir: «el mercado somos todos»; en directa alusión a este espíritu de responsabilidad compartida de cada participante en dar forma a los asuntos sociales. No son los grandes y poderosos, los Pilatos de siempre, quienes, al verse confrontados con estas realidades patentes —con sus responsabilidades— enjuagan sus manos. 

Joe fue un profundo conocedor de la Praxeología, el método de análisis económico desarrollado por Von Mises. Pero tuvo un adendum en sus meditaciones Miseseanas, quizá la mejor forma de resumir el espíritu de este adendum epistemológico es recordar el título de una de sus últimas series de conferencias en la Universidad Francisco Marroquín: «Reacción humana». Un juego de palabras sutil, donde el reconocimiento a su maestro se conciliaba con una partida en una dirección ya propia de Joe, esto es la reflexión ética dentro del discurso económico y praxeológico, reflexión que por su misma naturaleza estaba destinada a desbordar las preocupaciones meramente económicas. Recordando, una vez más, Joe mencionaba durante sus clases, especialmente cuando llegaba a lo tocante sobre la teoría de la labor humana: «tengamos presente que los valores económicos, de bienes y servicios, se tasan (esto es, se les puede asignar una estimación definida en precios), el valor de la persona, en cambio, es infinito».

Y sus reflexiones éticas trataban de explorar este tema crucial. ¿Por qué conviene la libertad?, y por extensión todas las asociaciones fundacionales de la tradición liberal: la propiedad, la productividad, los poderes limitados de los gobernantes, y una larga lista que no podemos desarrollar en esta breve pieza. La libertad, no conviene meramente porque funciona y produce; sino que su valor es constituirse en el asiento del universo siempre individual, siempre personal— de lo humano.

¡Feliz cumpleaños, y un abrazo, Joe!

Gracias por tanto.

P.s. Un agradecimiento al Instituto Fe y Libertad por esta invitación. No encuentro otra forma de definir la importancia de su tarea sino la de haberse constituido en una suerte de capilla ardiente, donde la memoria de Joe, del mentor, del economista, del indómito neoyorquino, pero, sobre todo, del amigo, encontró su casa.


*Lic. Juan José Ramírez Ochoa, M.A. Licenciado en Psicología Organizacional/Industrial por la Universidad Francisco Marroquín (UFM). Maestría en Economía Empresarial por la UFM. Maestría en Economía Internacional por la Universidad Estatal de Nueva York, sede de Albany (SUNY Albany). Se desempeñó en varias calidades de cátedras y otras actividades en UFM, para fines del presente artículo: Asistente de Cátedra del Profesor Joseph Keckeissen. Correo de contacto: [email protected]