Sabemos lo que se proponen

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Por Moris Polanco

Las opiniones expresadas en este espacio no necesariamente reflejan la postura del Instituto Fe y Libertad y son responsabilidad expresa del autor.

El grupito de «manifestantes» que este doce de octubre destruyó la estatua ecuestre del expresidente Reina Barrios y que intentó derribar la de Cristóbal Colón en la avenida de las Américas no estaba formado por mayas. Lo que pretendían —no nos engañemos— era que por los medios de comunicación circulara la noticia de que «los indígenas mayas se habían manifestado en contra de la conquista española», para promover la confrontación. Son un grupito de marxistas trasnochados que aún piensa que la solución a nuestros problemas es la lucha de clases —o de etnias, en este caso—. Debemos tener mucho cuidado en no caer en su juego.

Lo que estos grupos pretenden es llevar a la discusión pública el tema de la conquista. No es que sea un tema tabú. Claro que podemos estudiar y discutir los aciertos y desaciertos de la conquista, pero con seriedad y espíritu constructivo. En Guatemala todos somos mestizos —excepto, obviamente los inmigrantes o descendientes directos de los inmigrantes. En mi caso, lo sé positivamente: tengo dos tercios de genes europeos y casi un tercio de amerindios. No puedo criticar a los españoles de hoy por la conquista, porque los antepasados de ellos se quedaron en España; estaría criticando ¡a mis abuelos! Tampoco puedo rechazar la cultura maya, porque estaría despreciando a un tercio de mis ancestros. Mis antepasados fueron campesinos de Jutiapa y de Chiquimula (he rastreado mis orígenes hasta inicios del siglo XVIII; y no es difícil: vayan a familysearch.com).

Pero vienen estos provocadores, alienados en su pensamiento por doctrinas ajenas a nuestra tradición, a querer dividirnos. ¿Qué ganamos con ello? Muy orgullosamente digo que me encantan las tortillas, los chuchitos, el atol de plátano, la marimba y muchos elementos de la cultura maya. Y también me siento orgulloso de hablar español y de ser cristiano. Son mis raíces. No existe ninguna cultura pura; todas son resultado de mezclas. Es ley de vida. Los biólogos nos explican que las razas mixtas son más resistentes a las enfermedades, son más creativas.

Debemos buscar en todo lo que une, no lo que divide. No está mal sentirse orgulloso de lo que uno es, de sus raíces…, siempre que eso no nos lleve a despreciar las de los demás. Considero que este fue el principal aporte de la religión cristiana a la humanidad: unirnos como una gran familia, en nuestra condición de hijos de Dios, creados libres a su imagen y semejanza. Eso permite que tengamos leyes justas para todos, hombres y mujeres, que —sin dejar de reconocer el derecho a las propias costumbres y tradiciones— nos una en un común destino. Insisto: la confrontación solo le hace el juego a nuestros enemigos, que saben que mientras estemos divididos no tienen de qué preocuparse.

A estos grupúsculos de revoltosos solo quisiera decirles una cosa: al menos ¡tengan personalidad! No imiten a los afroamericanos que andan derribando estatuas de supuestos héroes americanos. No repitan discursos marxistas; mejor empéñense en crear un pensamiento original, que recoja lo mejor de nuestras creencias y valores. Y a nuestras autoridades les exijo que pidan cuentas a estos señores, por destruir la propiedad pública. 

Imagen: Wilder López, Soy502