Free to Believe, the Battle over Religious Liberty in America

4 minutos

Por Luke Goodrich

(USA: Multnomah Books, 2019, pp.1-279)

Reseña escrita por Carroll Rios de Rodríguez

Las opiniones expresadas en este espacio no necesariamente reflejan la postura del Instituto Fe y Libertad y son responsabilidad expresa del autor.

Las personas creyentes valoramos en extremo la libertad para creer, y percibimos que dicha libertad enfrenta nuevos retos. En su libro Free to Believe (Libre para creer), Luke Goodrich nos comunica las herramientas que necesitamos para sobrevivir las tormentas actuales y venideras. El libro es importante por tres razones. Primero, el autor es uno de los más influyentes abogados defensores de la libertad religiosa. Sabe de qué habla, y comparte experiencias reales. Segundo, Goodrich es magnánimo y razonable. Entiende cómo piensan las partes en conflicto; identifica los errores que solemos cometer cuando queremos apuntalar la libertad religiosa. Y tercero, el libro está escrito en un estilo claro. Cada capítulo tiene un resumen al final. 

¿De dónde salió Goodrich? ¿Qué picó su interés por este tema? Es abogado constitucionalista y profesor de derecho, además de miembro del Fondo Becket para la Libertad Religiosa, organización desde la cual Luke Goodrich ha defendido a clientes que hicieron historia, como las Hermanitas de los Pobres y Hobby Lobby. La entidad no lucrativa (https://www.becketlaw.org/#) se propone ser el único bufete que defiende a clientes de distintas creencias religiosas, así como un líder en este campo de batalla. Los fundadores de Becket sostienen que las personas poseemos un natural instituto religioso que, lógicamente, queremos expresar públicamente. Además, Becket ha ganado todos los casos que llegan a ser escuchados por la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos. Becket está basada en dicho país, pero también acepta casos internacionales. 

Muchos lectores recordarán las imágenes de unas monjas, Hermanitas de los Pobres, paradas frente al edificio de la Corte Suprema. El pasado 8 de julio del 2020 celebraron una nueva victoria de la mano de Becket, luego de siete años de embrollos legales. Ya en 2016, la Corte Suprema había determinado que ellas no tienen que facilitar productos anticonceptivos a sus empleadas mujeres porque tal acto va en contra de su conciencia. No obstante, tuvieron que enfrentar algunos litigios estatales y defenderse de elevadas cargas tributarias, multas o regulaciones que les impiden desarrollar sus labores de caridad. Ahora podrán atender a los ancianos bajo su cuidado en vez de pasarse las horas en las cortes. 

Luke Goodrich empieza explicando que la libertad religiosa está enraizada en la naturaleza humana, y, por ende, debemos respetar dicha libertad, incluso cuando se trata de cultos muy distintos al propio, como el de los musulmanes o los zoroastrianos, por un sentido de «justicia bíblica». (p. 20) Si Dios mismo no nos coaccionó para que lo adoráramos, no debemos imponernos sobre los demás. De hecho, hasta los no creyentes pueden llegar a comprender la importancia de la libertad de religión y a exaltarla, pues es un derecho humano básico que ayuda a fortalecer otras libertades individuales.

En el capítulo 4, Goodrich se pregunta si el cristianismo está bajo ataque. Impresiona por tanto un subtítulo que literalmente subraya que los cristianos constituimos «una amenaza» (p.38-9) a la cultura dominante. 

En esta lucha, debemos anticipar el sufrimiento. No debemos rehuirlo, sino abrazarnos a Él y albergar únicamente el temor de Dios. (p.184) Al final, lo que queremos es poder vivir nuestras vidas religiosas en paz, no ganar batallas judiciales. (p. 186) La defensa de nuestra libertad religiosa no nos debe impedir seguir haciendo el bien y seguir amando a nuestros enemigos. Pone un ejemplo personal. Goodrich alquiló una casa por varios años; el dueño lo demandó aduciendo que había dado poco aviso antes de salirse, y había dañado la casa. El enojado autor quería ganar la demanda, pero en vez, se sentó a dialogar con el propietario. Comprendió que la ley admitía distintas interpretaciones y que él había asumido actitudes hirientes. Se pidieron disculpas uno al otro e hicieron las paces.

En el capítulo 13, Goodrich nos deja consejos prácticos para prepararnos para la batalla. Las instituciones de carácter religioso tienen que ser fieles a sus principios y enunciarlos claramente de tal forma que todos los empleados y clientes los conozcan. Debemos procurar la convivencia pacífica con personas ajenas a nuestra iglesia e intentar imitar a Jesucristo. (p. 233) Después de todo, nuestro llamado es para seguirlo a Él, no para pelear casos en las cortes.