Pluralismo, tolerancia y libertad

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La libertad y la verdad van de la mano

Por Carroll Rios de Rodríguez

Publicado originalmente el 9 de agosto de 2021 en Prensa Libre

Las opiniones expresadas en este espacio no necesariamente reflejan la postura del Instituto Fe y Libertad y son responsabilidad expresa del autor.

El 12 de agosto, celebraremos el 50 aniversario de la fundación de la Universidad Francisco Marroquín. Esta universidad constituye un proyecto único, principalmente por su dedicación a la “enseñanza y difusión de los principios éticos, jurídicos y económicos de una sociedad de personas libres y responsables”.  En estos días, he estado dándole vueltas al modelo educativo pluralista que promovió nuestro tercer rector, Giancarlo Ibárgüen.

Giancarlo reconoció que existen varias vías argumentativas para defender la libertad, y quiso que estuvieran representadas en el campus. Identificó las voces que se adhieren a la tradición objetivista de Ayn Rand, a los seguidores de la escuela de Chicago, a los partidarios del evolucionismo biológico y social en la tradición de Charles Darwin y Friedrich Hayek, a los fieles seguidores de Ludwig von Mises, a los expertos en la Escuela de Salamanca, a los conservadores liberales, a los adeptos de la Escuela de Virginia y de Bloomington, a los ordoliberales, a los anarcocapitalistas en la tradición de Robert Nozick, y más.  

Giancarlo abrió la cancha para todas estas líneas de investigación. Creo que su futurista mente visualizó una especie de mercado libre de divergentes teorías, que al funcionar haría aflorar los argumentos sólidos mientras restaría mérito a las ideas defectuosas. 

Vislumbró en el método socrático la herramienta adecuada a esta aventura, y así, el rector Ibárgüen se aseguró que la mayoría de las discusiones en el aula emplearan una dinámica socrática. Exploró nuevos estilos pedagógicos, acordes a esta mentalidad plural. 

Este ejercicio intelectual abierto solamente es posible si partimos de dos fundamentos: la humildad intelectual y la búsqueda de la verdad. La comunidad universitaria se conforma de personas de buena voluntad, falibles e imperfectas. Sinceramente queremos aprender cómo funciona mejor la sociedad de personas libres. Incluso los más sabios entre nosotros aprenden algo al conversar con los demás. Anhelamos conocer la verdad, mas no la poseemos plenamente. De allí que este ambiente no puede ser relativista: algunas teorías se aproximan más a la verdad que otras. Solo podemos acceder a la verdad en libertad. 

Está de moda afirmar miles de “verdades” atomizadas, arbitrarias y emotivas, que ni siquiera pueden examinarse por la vía lógica o científica, porque son “mi verdad”.  En otros campus universitarios alrededor del mundo, se han implantado lugares seguros para blindar a estudiantes con mentalidad de víctimas de emociones dolorosas. Condenan a referentes históricos y autores de siglos pasados por ser racistas; evitan exponer a estudiantes a lecturas ofensivas y de otras formas censuran la libertad. Tales acciones totalitarias, mentirosas y cerradas son anatema al espíritu de la Universidad Francisco Marroquín. 

La convivencia en un ambiente intelectual plural no siempre es fácil. Las distintas rutas intelectuales que enarbolan la libertad humana chocan tanto como se cruzan. Persiste la tentación de tachar a unos u otros de ser menos liberales, y a sentenciar tajantemente que no puede ser liberal y darwinista, o cristiano, o monetarista. No podemos dejar que el clima de intolerancia que se respira en otros escenarios académicos, que deriva de actitudes como la mal llamada corrección política, o la cultura de la cancelación, infecte nuestra comunidad e instigue cacerías de brujas.

Espero que la comunidad marroquiana siga promoviendo de todas las formas posibles el ideal de una sociedad liberal, por naturaleza plural y humanista, que respeta y acomoda la libertad de cada uno de perseguir los fines lícitos de su elección.