Transformar Guatemala con una mentalidad infinita

6 minutos

Por María Renée Estrada

Las opiniones expresadas en este espacio no necesariamente reflejan la postura del Instituto Fe y Libertad y son responsabilidad expresa del autor.

Simon Sinek, famoso escritor y gurú inspiracional de origen estadounidense, publicó en 2018 su libro El Juego Infinito (The Infinite Game). Tras otros éxitos como Start With Why y Leaders Eat Last, Sinek se ha posicionado y caracterizado como autor y podcaster optimista y fiel creyente de la importancia del «porqué» detrás de las acciones, proyectos y vida de toda persona. Su enfoque principal es empresarial, pero cuando lo elevamos a otras esferas organizacionales cobra un sentido interesante. Y es que al final, en el fondo somos las mismas personas (con los mismos sueños, objetivos, alegrías y frustraciones) quienes nos relacionamos en distintos espacios y con diferentes grupos. 

En su publicación de 2018, Sinek parte de una teoría que no es propia pero que amplía. Define el juego finito como aquel en el cual entendemos las reglas y hay un ganador al final (como una partida de ajedrez o un juego de fútbol); y el juego infinito como uno en donde no se trata de ganarle a otro, sino de nunca perder el propio juego. 

El libro lo empecé a leer recientemente, y aún no lo he terminado. Pero la esencia y el principio fundamental de este me atrajo cuando escuché a Sinek presentarlo en enero de este año, en el pódcast Dare To Lead de Brené Brown. Siempre he sido fan del trabajo de Sinek, pero este tema me cautivó más de lo normal. Y no es para menos, el concepto de mentalidad infinita es compatible, e incluso quizá hijo, de lo espiritual y de la fe. Del llamado a la trascendencia que tenemos plasmado en nuestras mentes y corazones humanos. Y llevándolo a lo cotidiano, para mí fue inevitable vincular la necesidad de incorporar la mentalidad infinita en la lucha constante por transformar y mejorar el país que habitamos. 

Hoy escribimos, leemos y hablamos de la necesidad de reformas (de cualquier índole), de nuevos liderazgos, de planes y proyectos para el desarrollo del país. También de nuevos partidos políticos, de ganar elecciones, de las próximas elecciones y de cómo evitar que en Guatemala se repliquen escenarios que consideramos catastróficos; pero todas esas ideas pareciera que siguen partiendo de una mentalidad finita. Una mentalidad que busca ganar juegos finitos, en donde existen ganadores y perdedores, bandos, tribus (y, a veces, casi sectas). Y me parece que es justo aquí donde debemos hacer una pausa y redirigir nuestras acciones y pasos.

Según Sinek, cuando no se persigue una causa justa (una visión a futuro) los jugadores caen en la trampa de elegir estrategias para juegos finitos. O, en otras palabras, «liderar con una mentalidad finita en un juego infinito conduce a todo tipo de problemas, los más comunes incluyen la disminución de la confianza, la cooperación y la innovación»

Esto me lleva a cuestionarme personalmente y a poner sobre la mesa, ¿qué estoy haciendo hoy y qué puedo hacer, para transformar el país desde una visión y mentalidad infinita? ¿Qué acciones concretas podemos tomar para redireccionar el rumbo de Guatemala? ¿Con qué personas quiero emprender esta aventura? El autor plantea cinco prácticas esenciales para vivir a través de una mentalidad infinita, las cuales considero importante profundizar y reflexionar personalmente, para poderlas aplicar en nuestros espacios de acción: 

  1. Promover una causa justa: Una causa justa es distinta según las personas y los grupos, pero es aquella que nos invita e inspira a ser parte de algo, porque ese algo vale muchísimo para nosotros. ¿Qué estamos construyendo y cómo? ¿Cuál es nuestra causa justa para transformar el país? ¿Desde dónde queremos partir y hacia dónde queremos llegar? ¿Quiénes queremos que nos acompañen?
  2. Construir equipos a través de la confianza: La confianza es un pilar fundamental en las relaciones humanas. Construir sobre y a través de la confianza es un éxito seguro: «Si no tienes equipos de confianza, tiene grupos de personas». ¿Cómo estamos construyendo confianza actualmente en nuestras familias, comunidades y grupos? ¿Qué podemos hacer para construirla o fortalecerla?
  3. Estudiar a los rivales dignos: Sinek lo enfoca desde el ámbito corporativo, pero si lo trasladamos a otros ámbitos aplica igual. No cualquier rival es digno, pero a los rivales dignos se les debe admirar, y se debe buscar mejorar constantemente para mantenerse en el juego. En el plano de la transformación del país podríamos visualizar como rivales dignos a aquellos que piensan y creen cosas distintas a nosotros, pero que trabajan ardua y honestamente por esos ideales. ¿En qué creen y por qué? ¿Qué hacen para vivir sus ideales? ¿Cuáles son sus fortalezas y debilidades? ¿Qué puedo aprender de ellos? ¿Qué me diferencia y cómo puedo hacerlo evidente?
  4. Practicar la flexibilidad existencial: Este principio se explica claramente con otra frase del mismo autor, «debemos estar seguros de hacia dónde vamos y mantener la mente abierta en cuanto a cómo llegaremos allí». La causa justa, el objetivo, es uno; los medios para alcanzarlo son infinitos.  ¿Tengo la capacidad de ir probando nuevos caminos para llegar a mi destino? ¿Cuál es mi capacidad de resiliencia ante la adversidad, la incertidumbre o el fracaso?
  5. Demostrar coraje para liderar: Cambiar la forma en la que vemos el mundo, o nos lo han mostrado, requiere de valentía y coraje. Y lograrlo nos permitirá contagiarlo a otros, liderar el cambio; además de permitirnos en un futuro voltear hacia atrás y decir «fui parte de algo mucho más grande que yo». ¿Qué estoy dispuesto a hacer para transformar mi entorno y mi país? 

Nos han hecho creer que el juego de la vida, o lo que hacemos en vida, es finito, y ya va siendo hora de cambiar el mindset. El que quiere celeste, ¡qué se esfuerce! O como diría Sinek, «No importa cuán exitosos seamos en la vida, cuando muramos, ninguno de nosotros será declarado ganador».