Día del Trabajo: una mirada académica

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El primero de mayo celebramos el Día del Trabajo, por eso te compartimos estos tres artículos de la revista Fe y Libertad y de nuestro blog sobre el trabajo.

  1. Del trabajo femenino en una sociedad realmente próspera por Karen Cancinos
En el pensamiento occidental subyace la idea de que el trabajo dignifica, por ser una actividad privativa del ser humano. Los animales actúan mas no trabajan. La forma en que se organizan para acumular provisiones, cazar, migrar, responde al instinto natural. Una cría de león cazará cuando alcance la adultez: su naturaleza determina qué hará: su comportamiento es predecible. No se sabe, en cambio, lo que un bebé de pocos meses hará cuando alcance la adultez. Tiene una naturaleza potencial, con capacidad de raciocinio, indagación e interioridad. Pero a diferencia de un cachorro de león, no todo en lo que se convierta dependerá solo de sus habilidades innatas: el bebé en cuestión crecerá en una particular cultura. Trabajará, no meramente actuará. En qué consista ese trabajo no está determinado, aunque sí se verá influido por una miríada de factores, tanto innatos (vocacionales) como adquiridos (societarios).
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2. La laboriosidad como una virtud esencialmente judeocristiana por Gabriel Zanotti

Se ha expandido tanto la imagen del “espíritu protestante del capitalismo”, y de las virtudes asociadas generalmente al comercio (productividad, austeridad, sacrificio, puntualidad, frugalidad, cumplimiento de los contratos) como necesariamente relacionadas con una visión calvinista de la propia salvación, que se ha olvidado que la laboriosidad, la santificación personal por y en el trabajo, es un mandato del Génesis que no tiene que ver con la división entre protestantes y católicos. Hasta se podría decir que ese laicado activo que produce el protestantismo en el siglo XVI es un recordatorio al catolicismo de su propia tradición.
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3. La celebración de san José y el trabajo humano por Alejandro Chafuen

El trabajo, en la visión de De Koster, tiene que ser visto como una herramienta de formación espiritual y de discipulado (los católicos diríamos de apostolado): «Es el trabajo diario que le da sentido a tu vida, no porque ahora tú decides darle ese significado, sino porque Dios ya lo hizo por ti»14.
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