¿Para qué sirve la religión?

4 minutos

El 4 de marzo empezó un seminario organizado por el Instituto Fe y Libertad que se centra en el libro Sobre la religión, publicado en 2019 por el filósofo francés Rémi Brague. Analizamos este texto mientras en nuestras calles florean las jacarandas, recordándonos las procesiones y otras manifestaciones de piedad popular que la pandemia nos robó por dos años consecutivos. ¿Cómo puede este autor ayudarnos a comprender el estado de la religión aquí, y en el mundo?

Cabe recordar que Guatemala es uno de los pocos países en los cuales una abrumadora mayoría de personas (95.2 %) se identifica como cristiana. Y, según el centro de investigación Pew, el porcentaje de personas sin afiliación religiosa descendió de 4.1 a 3.8 entre 2010 y 2020. Es decir que pocos países son más religiosos que el nuestro, aunque, como advierte el Arzobispo Mario A. Molina en su columna Dios, su estado de salud (Prensa Libre, 20-II-21), los guatemaltecos también podemos caer en la trivialización o folclorización de la idea de Dios, sobre todo cuando Él deja de ser el centro de nuestra vida. 

Se plantea la cuestión religiosa aquel que busca conocer la verdad sobre lo trascendente (un Ser supremo). La religión genera vínculos unitivos entre la persona y Dios, y entre las personas: nos religa. Pero cuando en un mismo lugar se practican múltiples credos, pueden surgir tensiones. Brague observa que Europa enfrenta, desde hace décadas, un fuerte influjo de migrantes musulmanes. El islam, como religión y como proyecto jurídico, difiere de las instituciones cristianas europeas. Por un lado, dichas diferencias evocan el temor a la violencia, y, por el otro, exigen revalorizar las creencias y las prácticas religiosas en Europa, incluyendo la fe en las llamadas religiones seculares, como por ejemplo los movimientos políticos o ecológicos.

El debilitamiento de la práctica religiosa cristiana en Occidente no supone un retroceso al paganismo, en ojos de Brague. «Hay cosas peores que los dioses paganos», sentencia. Hoy «surgen como setas otras figuras de lo divino», como el culto a la sinrazón, el progreso, la clase, la raza o la nación. Son religiones sin dioses, por así decirlo. O bien, unas religiones inventadas convierten en dios a los seres humanos, como la religión de la Humanidad de Augusto Comte. Algunos de estos nuevos cultos exigen sacrificios humanos, como los guillotinados en nombre de la revolución francesa. Brague diría que sus compatriotas se han hecho idólatras, y tal vez politeístas, pero no necesariamente paganos.

¿Por qué es peor la proliferación de creencias-setas que el apego al paganismo grecorromano? Brague sugiere que, cuando ya no creemos en Dios, perdemos una poderosa razón para existir y convivir pacíficamente. Si creemos que el ser humano es equiparable a las termitas o a los peces, si nos guía el instinto natural y no la razón, entonces incluso parece injusto dar vida a un hijo que vendrá al mundo a sufrir para luego morir. Brague cita a Dostoievski, quien consideró la creencia en Dios y en la inmortalidad del alma como “la condición de vida en este mundo”. El género humano necesita creer en un dios para seguir existiendo, intuye Brague.  

El filósofo australiano-estadounidense, Samuel Gregg, agregaría que es importante además que nuestro Dios sea racional (Logos) y creador de seres humanos también racionales y libres. Mientras un dios caprichoso, exigente e irracional induce al hombre a actuar de forma inexplicable, antisocial, y a veces violenta, un Dios-Logos invita al creyente a esforzarse por conocerlo a Él, así como al conocimiento científico, filosófico y ético. 

Publicado originalmente el 8 de marzo de 2021 en https://www.prensalibre.com/opinion/columnasdiarias/para-que-sirve-la-religion/