Fe, razón y fundamentalismo

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Por Carroll Rios de Rodríguez

Las opiniones expresadas en este espacio no necesariamente reflejan la postura del Instituto Fe y Libertad y son responsabilidad expresa del autor.

A veces nos pasa que, al lavar, el rojo de una prenda tiñe las otras prendas. Los limpiadores, calcetines y toallas que eran blancas salen del balde rosadas. La religión es un poco así: quien tiene fe en Dios, ve todo rosado: ve todo a través del lente de su creencia. A partir del momento en que nos sabemos creyentes, no podemos ni queremos quitarnos ese tinte mental, porque la vida antes de la fe era descolorida.

Una persona creyente puede no distinguirse de un ateo. Igual se levanta por la mañana y se acuesta en la noche; trabaja, come, bebe y juega. La primera persona lo hace sintiéndose acompañada por Dios, abierta a una realidad trascendente y supernatural, y la otra tiene un horizonte terrenal. Las dos personas pueden observar conductas éticas y bondadosas, aunque sus motivaciones interiores difieren.

Creer en Dios tiñe las decisiones que tomamos y la forma en que nos relacionamos con los demás. La fe en Dios se acompaña de una visión antropológica. Los cristianos creemos que existe un Dios todopoderoso que nos creó y que envió a su Hijo Jesucristo al mundo para salvarnos. Fuimos creados a imagen y semejanza suya. Nos dotó de inteligencia y libertad. Somos criaturas sí, pero no esclavos ni autómatas: somos sus hijos. Nuestra forma de creer no es servil o fanática: no suspendemos juicio. Al contrario, tenemos que ejercer el autodominio y afinar nuestras capacidades de toma de decisión para seguirlo con libertad y determinación. Nuestro Dios no es un tirano opresivo con caprichos y exigencias: es Amor y Misericordia, además de ser Logos (Razón), y Juez. Los cristianos creemos que tenemos que aprovechar el tiempo en la tierra para merecer la vida eterna, lo cual implica imitar el ejemplo de Jesús, trabajar productivamente, amar a quienes nos rodean y practicar las virtudes de la mejor forma posible. Cuando nos tropezamos, pedimos perdón, nos levantamos y volvemos a luchar.

Según el centro de investigación Pew, alrededor del 31% de la población mundial era cristiana en el 2010, y proyectaban que ese número seguiría creciendo hasta el 2050. Únicamente el 16.4 de la población afirma no estar «afiliada» a alguna religión, y la proyección es que el número de ateos, agnósticos e indiferentes, como porcentaje del total de la población, se reducirá al 2050. 

Estas tendencias estadísticas restan mérito a la acusación de que la mayoría de los creyentes somos irracionales, intolerantes o fundamentalistas. En realidad, nadie quiere ser tildado de fundamentalista. ¿Será el caso que miles de millones de pobladores del planeta andan por allí, descerebrados y haciendo el daño a los demás? No lo creo. Mi metáfora de lavar ropa tiene hoyos, pues Dios no es una prenda roja que los seres humanos metimos accidentalmente en el balde. No es un error. No es un invento o mito del cual las sociedades se tienen que liberar. 

Según el diccionario de la Real Academia Española (RAE), la palabra fundamentalismo admite tres definiciones. Puede aludir a un «movimiento religioso y político de masas que pretende restaurar la pureza islámica mediante la aplicación estricta de la ley coránica a la vida social». Concretamente esta definición trata del fundamentalismo islámico. Nótese que para imponer tal régimen se necesita acceder al poder político que es la herramienta de coacción. Aquí, la religión se impone o se instrumentaliza, no lo sé, pero al final, es la fuerza política la que posibilita la imposición.

La segunda definición de la RAE dice que también es un fundamentalista aquel cuya creencia se basa «en una interpretación literal de la Biblia». El fundamentalismo que nació dentro del protestantismo de Estados Unidos a finales de la I Guerra Mundial niega la teoría de la evolución biológica y estima que se aproxima el Apocalipsis. Este movimiento tiene aristas políticas, pero se inclina por limitar al poder gubernamental para beneficiar la libertad religiosa. Los cristianos fundamentalistas norteamericanos «mantuvieron una ideología antigobierno definida y consistentemente lucharon en contra de la concesión del poder a organizaciones internacionales por la cual se esforzaban unos líderes estadounidenses». Estos fundamentalistas, por tanto, difícilmente favorecerían un régimen teocrático y autoritario. Las personas que se exigen mucho a sí mismas, o que practican un rigor ascético, no son automáticamente antisociales ni intolerantes, sobre todo si son respetuosas de la libertad y responsabilidad de las personas.

En tercer lugar, el fundamentalismo puede ser una «exigencia intransigente de sometimiento a una doctrina o práctica establecida» (RAE). Claramente, no hace falta ser religioso para ser intransigente. Puede serlo un maestro respecto de su doctrina pedagógica preferida, o un músico respecto de la interpretación ideal de una sinfonía. Los seguidores del marxismo, o el ambientalismo o el feminismo radicales, pueden ser bastante más fundamentalistas que el cristiano promedio.

Massimo Introvigne, sociólogo y presidente del Centro de Estudios sobre Nuevas Religiones (CESNUR), recomienda tener en cuenta lo expresado por san Juan Pablo II. Un avión logra volar porque tiene dos alas. La fe y la razón son las dos alas del cristianismo: «Si el ala de la fe se vuelve hipertrófica y la fe se come a la razón el avión se estrella: es el fundamentalismo. Si el ala de la razón se vuelve hipertrófica y se come a la fe tenemos el laicismo, y el avión se estrella también».

La salvaguarda contra el fundamentalismo, opina Introvigne, es mantener un balance entre la fe y la razón, y un sentido de autocrítica. Pero también es importante hacer una defensa del derecho a la libertad. Debemos rechazar el uso de la coerción estatal para imponer la fe, así como la tentación de instrumentalizar la religión para fines políticos. 

Jesucristo ama, reza, invita y llama—no recurre a la violencia y no organiza un golpe de estado para hacerse del poder política e imponer Su voluntad mediante regulaciones gubernamentales.  Quienes portamos los lentes rosados del cristianismo queremos, como es lógico, compartir nuestra vida colorida con los demás, pero queremos ganar sus mentes y corazones mediante la persuasión y en libertad.

Y también quisiéramos recibir de los no creyentes, como mínimo, y en reciprocidad, comprensión y respeto. 


1«The Future of World Religions: Population Growth Projections, 2010-2050», The Pew Center, 15 de abril del 2015, recuperado de https://www.pewforum.org/2015/04/02/religious-projections-2010-2050/

2Diccionario de la Real Academia Española, recuperado de https://dle.rae.es/fundamentalismo

 3Diccionario de la Real Academia Española, recuperado de https://dle.rae.es/fundamentalismo

 4Matthew Avery Sutton, «The Day Christian Fundamentalism Was Born», The New York Times, 25 de mayo del 2019, recuperado de https://www.nytimes.com/2019/05/25/opinion/the-day-christian-fundamentalism-was-born.html

 5Lucandrea Massaro, «¿Existe el fundamentalismo católico?», Aleteia, 10 de julio del 2015, recuperado de https://es.aleteia.org/2015/10/07/existe-un-fundamentalismo-catolico/