El camino hacia el reino de los Pitufos: la amenaza de la turba estadounidense

13 minutos

Por Joseph Sunde

Publicado originalmente el 21 de enero del 2021 en Acton Institute Powerblog

Las opiniones expresadas en este espacio no necesariamente reflejan la postura del Instituto Fe y Libertad y son responsabilidad expresa del autor.

Entre las manifestaciones que acontecieron durante la primavera y la reciente toma del capitolio de Estados Unidos, las fuerzas de la polarización parecen ser más fuertes que nunca, y se ponen de manifiesto a lo ancho de la sociedad estadounidense con una creciente energía y destructividad. A pesar de que hablamos frecuentemente sobre la “unidad”, la división solamente parece consolidarse, perpetuada por la difusión de la desinformación y por los esfuerzos partidistas para justificar toda especie de temeraria dejadez.

Claramente, los variados movimientos se distinguen unos de otros. Cada uno representa un conjunto único de malestares dentro de un subconjunto de los marginalizados y malentendidos. Cada uno enfoca su rebelión en objetivos específicos y ejecuta su caos usando métodos particulares de la «guerra cultural» y la insurrección. Cada uno tiene su propia retórica, consignas, héroes y enemigos. Sin embargo, cada uno encuentra la similitud con los otros grupos en una forma importante: estas son manifestaciones de la política de turbas, pura y llanamente—y abarcan una gran gama de vertientes culturales, religiosas y políticas.

La nueva oclocracia está por doquier, desde los esfuerzos en línea para own the libs («humillar a los izquierdistas») o para «cancelar» a los conservadores, hasta las religiones políticas seculares de la izquierda y la derecha, hasta las cruzadas lanzadas sobre el capitolio por bárbaros portando Biblias. El tribalismo corre profundo, y entre más se expande, corremos mayor riesgo de hacer un ídolo del poder colectivo y una burla de la libertad ordenada. Sin las barreras apropiadas—espirituales, morales, institucionales y otras—los caprichos de las masas probablemente nos guiarán hacia un latigazo del Estado.

En su libro, La minoría más pequeña: los pensadores independientes en la era de la política de turbas, Kevin Williamson nos advierte sobre estas tentaciones y hace la observación de que, en tanto estas son ancianas en su origen, han encontrado un nuevo asidero en medio de las disrupciones del capitalismo moderno y el declive de la sociedad civil. «Friedrich Hayek se preocupaba de que nos habíamos embarcado en El camino de la servidumbre, como efectivamente lo hemos hecho», argumenta Williamson. «Pero empieza con El camino hacia el reino de los Pitufos, el lugar donde el demos desenraizado de la era de Twitter se siente pequeño y azul». 

Para Williamson, esta tendencia trae a la memoria el «capitalismo primitivo» del Renacimiento temprano. Los cambios económicos habían empezado a interrumpir «las fuentes tradicionales del estatus y el significado» entre siervos y señores por igual, de tal forma que muchos experimentan su recién descubierto individualismo «como una carga en vez de una oportunidad». Los vientos del cambio económico trajeron abundante prosperidad, pero dejaron a muchos sintiéndose «libres, pero también solos».  En respuesta, los «ciudadanos-sujetos sin raíces de Europa…buscaron una nueva fuente de significado y un tipo de señorío al cual se podrían someter y, en consecuencia, sacudirse el terrible peso del individualismo». 

Este mismo patrón de «desenraización, crisis y fanatismo» se ha repetido en otras partes de la historia y otros lugares. En China, por ejemplo, Williamson traza un «vector similar» desde «el fracaso del Gran salto adelante hasta el fanatismo de la Revolución cultural», y más recientemente, desde el híbrido de comunismo-capitalismo moderno hasta sus más recientes repeticiones de nacionalismo despótico.

En los Estados Unidos, en la actualidad, en medio de las disrupciones de la globalización, encontramos un reto similar. Mientras la expansión de la libertad económica ha traído unas bendiciones tremendas, estas no han venido sin sus correspondientes efectos colaterales y retos sociales. «La globalización ha traído riqueza y cooperación, pero también ha alterado los modos de vida establecidos y ha revolcado a las comunidades,» escribe Williamson, «especialmente a aquellos afectados negativamente por la subcontratación y deslocalización, los cambios en la naturaleza del trabajo…y otros cambios económicos profundos que en conjunto están haciendo que el mundo sea un lugar radicalmente mejor.»  Tales retos han sido subrayados por pensadores tales como Robert PutnamCharles MurrayYuval LevinMary Eberstadt, y Ross Douthat.

El capitalismo está en auge, pero la sociedad civil está en crisis, ya sea que uno vea la disminución en la vida religiosa, la formación de familias y la participación de la comunidad, o el correspondiente incremento en el uso de drogas, la soledad, la depresión y el suicidio. Más típicamente, tales problemas se barren bajo la alfombra de una «elección personal», o descartados con un completo encogimiento de hombros debido a la arrogancia de los planificadores centrales. Pero, desafortunadamente, estos son los lugares donde el fanatismo moderno encuentra su hogar.

«Tenemos hoy una Cultura Instantánea,» escribe Williamson, «lo que se compara con la cultura como la Estevia se compara con el azúcar…un sustituto que replica la cosa verdadera en ciertos aspectos formales, pero, no obstante, carece totalmente de la esencia de la cosa misma». Si la cultura es fundamentalmente una «conversación», como Michael Oakeshott la describió una vez, la Cultura Instantánea asalta el lenguaje común con una «señalización cruda», sin ofrecer «conexiones significativas a través del tiempo» y «con la naturaleza de un espasmo en vez de la continuidad».

Esto se manifiesta en diversas formas a través de las relaciones, las compras y la política. Pero se percibe más fácilmente a través de nuestra creciente dependencia de las redes sociales, la última de las comunidades falsas para quienes están solos y desencantados:

La política de turbas de nuestra era es un fenómeno político, en parte, pero es mucho más sustancialmente un fenómeno social…La turba es menos un instrumento para que sus miembros se salgan con las suyas en tal o cual asunto político cotidiano, que un instrumento para que ellos encuentren su camino en un sentido más grande y significativo, en esa interminable búsqueda humana por conexión y sentido. La disrupción de la globalización y el surgimiento del capitalismo, en su más reciente reiteración, ha roto muchas de las relaciones tradicionales y ha disuelto muchas instituciones de larga data y formas de vida. La turba electrónica—la tribu virtual—es el sustituto más cercano para una gran cantidad de inadaptados solitarios y náufragos.

Dada nuestra general dependencia de tales herramientas, es un sustituto que se adhiere, y que sirve para fomentar nuestras peores tendencias tribales con gran eficiencia. «La revolución francesa fue ejecutada con bayonetas y guillotinas por la misma razón que el genocidio de Ruanda se ejecutó con machetes,» Williamson escribe. «Estas son las herramientas a la mano». De la misma forma, nosotros los modernos simplemente estamos «canalizando nuestras pasiones» con las herramientas que hemos recibido, y entre más tecleamos, y regañamos, y nos auto-protegemos, más sentimos que la turba se envalentona hacia la gloria futura. 

…Lo cual nos trae de regreso al «Pitufismo», esa palabra burlona que usó Williamson para capturar la disposición del demos desenraizado, las turbas ladronas que queman negocios, los guerreros de Twitter de la cultura de cancelación y el capitalismo woke, y los creyentes en la conspiración de Q-Anon. Una vez pega el Pitufismo, probablemente se difundirá. Tal tendencia no trae buenos presagios para una sociedad libre y virtuosa.  

Cuando fundimos nuestras identidades con las de la turba colectiva, reducimos nuestra habilidad para pensar, razonar y discernir por nosotros mismos. «El discurso político genuino y la cultura política son posibles solamente entre aquellos individuos con suficiente consideración por su propia individualidad y la confianza suficiente en su valor como para mantenerse apartado de la tribu», escribe Williamson. Y cuando nos devaluamos continuamente, es mucho más fácil deshumanizar a nuestros vecinos, creando villanos donde no existen en realidad, y usando nuestras quejas colectivas para justificar todo tipo de malicia y violencia. «La decencia en el gobierno es una imposibilidad entre ciudadanos-sujetos que asumen que el otro es únicamente un medio para alcanzar otro fin, en vez de algo que posee valor por sí mismo», nos recuerda Williamson.

Más aún, al convertir el poder colectivo en un ídolo, tales esfuerzos rutinariamente buscan desvincular nuestras nociones sobre «democracia» del marco constitucional que nos protege de la cruda regla de la mayoría. En tanto el sistema estadounidense ha largamente dependido de la democracia procedimental como un «sustituto para la violencia», la oclocracia la trata como una «ética social» que estamos obligados a seguir porque nos clavan una lanza en la espalda. James Madison habló de las facciones y el federalismo para tiempos como el que atravesamos. Como explica Williamson: 

La mentalidad según la cual es bueno recurrir a la coerción, la propuesta implícita de que los seres humanos tienen más valor por ser parte de una corporación, que las masas crecen en valor y son más legítimas conforme aumenta su tamaño y sus demandas, y que el individuo debe siempre, al final, responder al barbarismo puro del colectivo—evolucionó de un principio político autoritario a un culto al autoritarismo. Es la garantía virtual del estancamiento social y cultural, de la fealdad, la estupidez, la represión, el prejuicio, el iliberalismo, la angostura de mentes e, inevitablemente, de la violencia. Es el culto del primitivo moderno, cuyo objeto de veneración es el primitivo moderno mismo.

Finalmente, cuando los esfuerzos de la turba inevitablemente se apaguen, nos costará más regresar a la normalidad, con nuestras libertades intactas. «El gobierno de las turbas no termina con la turba», concluye Williamson. «La turba raramente actúa por sí misma y casi nunca por tiempo prolongado. El gobierno de la turba no es una mera protesta: es lo que ocurre cuando la turba exitosamente recluta al Estado para que actúe como su hombre fuerte». Puede tomar la forma del despotismo suave de la Streitbare Demokratie de Alemania, en la posguerra, o el estado policiaco que emerge progresivamente en Estados Unidos: el gobierno inevitablemente responde a los incendios de la turba con una mano dura y controles aplicados de arriba para abajo.

Si esperamos «sanar a nuestra nación», lo cual desesperadamente anhelamos lograr muchos de nosotros, necesitaremos más que un arsenal típico de trucos partidistas, un relativismo moral auto-referencial, y vagas proclamas de «unidad», que son poco más que empujones para la conformidad cultural ciega. La verdadera sanación requerirá vigilancia, honestidad y consistencia moral—no doblar la rodilla ante la turba, sucumbir a las conspiraciones, alabar al conformismo ni ceder nuestra libertad a los déspotas. Pero también requerirá un compromiso más hondo con la libertad y las responsabilidades morales que requiere, tanto individualmente como en las familias, las comunidades y las instituciones.

«Lo que odia más que cualquier cosa la turba es al individuo, que insiste en pensar por sí mismo, enarbola su propia moralidad, y sus propias prioridades», concluye Williamson. De allí, el resto seguramente seguirá, reanudando con la creación y la revitalización de las instituciones que serán liberadas de los ideales del conformismo cultural y del poder colectivo por sí mismo.

Aferrarse duro a la libertad y a la virtud puede ser una actitud que no luzca «poderosa» ni «fuerte» de cara a las hordas beligerantes. Pero establecer un límite en nuestras mentes, y más importantemente, con nuestros actos, hará más que solo restar fuerza a las horquillas. Llenará las ranuras de nuestra civilización, la cual nos trajo hasta aquí desde un inicio.


1Ver https://blog.acton.org/archives/118118-the-four-cultural-crises-revealed-by-the-d-c-riots.html

3https://www.nationalreview.com/the-morning-jolt/why-conspiracy-theories-cant-be-ignored/

4https://nymag.com/intelligencer/2018/12/andrew-sullivan-americas-new-religions.html

5https://juicyecumenism.com/2021/01/13/pagan-america/

6https://shop.acton.org/products/on-ordered-liberty-a-treatise-on-the-free-society

7https://www.amazon.com/Smallest-Minority-Independent-Thinking-Politics/dp/1621579689

8https://www.acton.org/friedrich-august-von-hayek

9https://shop.acton.org/products/the-road-to-serfdom-the-definitive-edition

10https://www.nytimes.com/2010/12/16/opinion/16iht-eddikotter16.html

11https://www.nytimes.com/2010/12/16/opinion/16iht-eddikotter16.html

12https://www.cato.org/policy-report/januaryfebruary-2013/how-china-became-capitalist

13https://blog.acton.org/archives/115895-what-to-do-about-china__trashed-2.html

14https://www.amazon.com/Bowling-Alone-Collapse-American-Community/dp/0743203046

15https://www.amazon.com/Coming-Apart-State-America-1960-2010/dp/030745343X

16https://blog.acton.org/archives/86703-how-diversity-can-save-conservatism-and-the-nation.html

17https://www.firstthings.com/article/2020/12/the-fury-of-the-fatherless

18https://www.amazon.com/Decadent-Society-Became-Victims-Success/dp/1476785244

19https://www.pewforum.org/2015/05/12/americas-changing-religious-landscape/

20https://blog.acton.org/archives/94153-are-millennials-forgetting-the-formative-power-of-the-family.html

21https://www.jec.senate.gov/public/index.cfm/republicans/socialcapitalproject

22https://unityrehab.com/blog/american-drug-use-trend-on-the-rise/

23https://www.nationalreview.com/magazine/2018/04/16/lonely-america/

24https://www.mhanational.org/issues/state-mental-health-america

25https://www.usnews.com/news/healthiest-communities/articles/2020-04-08/cdc-report-suicide-rate-up-35-since-1999

26https://www.worldcat.org/title/voice-of-poetry-in-the-conversation-of-mankind-an-essay/oclc/1929247

27https://billofrightsinstitute.org/primary-sources/federalist-no-10

28https://en.wikipedia.org/wiki/Defensive_democracy

29https://blog.acton.org/archives/116306-minneapolice-state-creates-its-own-monster.html