Los valores del año 1

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Sin entrar en la polémica de cuándo termina una década e inicia otra, y tomando en cuenta que este espacio es el indicado para hablar sobre nuevos comienzos y nuevas narrativas, el objetivo de este texto es esbozar ideas y reflexiones que nos permitan, como ciudadanos comprometidos con la construcción de un mejor país, enlistar los valores que consideramos deben regirnos, de manera individual y como sociedad, en este nuevo inicio: el 2021. 

Hablar de valores en una sociedad líquida es complejo; y precisamente por eso, fundamental e importante. Por ello, partiendo de lo que considero una visión común, un primer gran objetivo que debiésemos tener es fomentar la cultura de la legalidad a través de valores concretos. Mi propuesta consiste en cinco valores, los cuales me comprometo a trabajar continuamente para hacerlos propios. Esta propuesta puede ser personalizada según las aspiraciones y principios de cada quién. Junto a cada uno agrego una breve descripción, según mi consideración. Las definiciones las extraje de un documento publicado por la Secretaría de Gobernación del Gobierno Federal Mexicano, titulado «Valores para una Cultura de la Legalidad», que llegó a mis manos en 2014. 

Integridad: Se dice que una persona es íntegra cuando sus actos los realiza de manera recta, honrada e intachable. La integridad implica ceñir la conducta pública y privada de modo tal que las acciones y palabras sean honestas y dignas de credibilidad, y que fomenten una cultura de confianza y verdad. 

Transparencia: Actuar en todo momento con claridad, es decir, de manera honesta y franca; dejando una buena opinión en los demás por su nombre y actuar. En el servicio público, se garantiza con el acceso a la información sin más límite que el que imponga el interés público y los derechos de privacidad de particulares establecidos por la ley; así como el uso y aplicación clara de recursos públicos, fomentando el manejo responsable de los mismos y eliminando su indebida discrecionalidad. 

Solidaridad: Término proveniente del latín solidare, que significa consolidar. Es el carácter de lo que está relacionado de tal modo o manera que lo que sucede a uno repercute sobre otro u otros. Permite la cohesión integra de un grupo. Implica la estabilidad de la organización social. Es la adhesión circunstancial a la causa de otros.  

Empatía: Este concepto no lo encontré en el documento al que hago referencia, así que la definición fue extraída directamente de la Real Academia Española, en donde se describe como un sentimiento de identificación con algo o alguien; capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos. Podría considerarse un valor puramente emocional, sin embargo no por eso deja de ser importante para el fortalecimiento del entramado social en el que vivimos. 

Trabajo honesto y bien hecho/Responsabilidad: Aquí se unen dos valores que, personalmente, considero van de la mano. El trabajo lo definen como toda tarea desarrollada con la finalidad de producir bienes y servicios, sin embargo, no es lo mismo trabajar que realizar un trabajo de manera honesta y bien hecha. Aquí entra entonces, desde mi visión, la responsabilidad, la cual describen como la posibilidad de prever los efectos del propio comportamiento y corregir el comportamiento mismo a partir de tal previsión. Según el texto antes mencionado, en el lenguaje común se llama «responsable» a una persona, o se aprecia su sentido de responsabilidad, cuando se quiere indicar que aquella incluye en los motivos de su comportamiento la previsión de los efectos posibles del comportamiento mismo. El autor debe responder del acto y de sus consecuencias. Antonio Gallo, sacerdote jesuita, en su libro «Mis valores adultos», describe la responsabilidad como el saber responder ante una tarea asignada, habiendo cumplido con ella tal y como se haya pedido. Para Gallo, la corrupción es el antivalor de la responsabilidad, debido a que la misma no respeta la dignidad del ser humano. Argumenta que su mala práctica da como frutos: la injusticia, la pobreza, la desigualdad, entre tantos más.

Como mencioné anteriormente, hablar de valores en una sociedad líquida es complejo; y precisamente por eso, fundamental e importante. Cuando establecemos valores o principios que rigen nuestras acciones individuales, consolidamos sociedades con bases fuertes y sólidas. Al inicio del año es común hablar de nuevos comienzos, y en este espacio buscamos también explorar, diseñar y construir nuevas narrativas. Por eso mi objetivo en este año 1 es apostarle a los valores como brújula para transformar de fondo este país que tanto amamos. 

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