¿Cómo prepararse para Navidad?

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Por Guissela Colom

Desde pequeña conozco las tradiciones y simbologías que hay en adviento. Con la familia de mi mamá, asistíamos a las coronas de adviento en las cuales solíamos cantar, comer, repartir regalos y orar juntos. Sabía que eran símbolos que tenían relación con el nacimiento de Jesús. El problema que yo tenía con esas actividades es que empecé a volverlas una tradición más, no un recordatorio genuino del verdadero significado de la Navidad. Creo que el verdadero reto de alguien que se hace llamar cristiano, sin importar la denominación, debe ser recordar y esperar a Jesús siempre con ansias, así como se hace en esta época. Quisiera nombrar cinco cosas que me gustaría hacer para prepararme para Navidad. Para mí, celebrar Navidad significa: recordar quién es Dios, recordar sus promesas, celebrar su nacimiento y resurrección y, esperar con gozo su regreso. 

Recordar quién es Él me ayuda a definir quién soy yo en Él. Dios es un Dios amoroso, fiel y bueno. El recordar quién es Dios me lleva al inicio del mundo. Dios hizo a Adán y Eva con el fin de tener una comunión íntima con ellos, de ser familia. Desde un principio, Dios anheló estar con nosotros por la eternidad. El punto de todo esto era el poder estar cerca de nosotros. Si no recordamos quién ha sido, es y será Él, la Navidad no tiene sentido. Él es la principal razón de todo. 

Al recordar quién es Él, podemos tener presentes las promesas que Él hizo y, una de las promesas que recordamos en esta época, es que Él volverá (Salmo 50:3-5), (Mateo 24:30-31). Recordar y meditar en su promesa nos hace mantener la esperanza y confianza en Dios. Es fácil recordar, pero seguir creyendo en una promesa que se hizo hace más de miles de años es difícil. 

Desde niña sabía que la Navidad estaba hecha para celebrar «el cumple» de Jesús. Mientras escribo esto, me pongo a pensar lo importante que es el nacimiento de alguien, en especial, si es el Salvador del mundo. ¿Por qué no celebrarlo? Pienso en el plan maestro de Dios que tenía para con sus hijos, mandar a su único hijo para que muriera por nosotros; cuánta gracia inmerecida. Celebramos que Jesús nació, murió por nuestros pecados para tener conexión con el Padre y resucitó para salvarnos. Jesús es el único camino que tenemos para llegar a Dios (Juan 14:6) y así, poder vivir en comunión con Él nuevamente. La esperanza y la razón más grande, que cualquier cristiano tendría que tener para vivir en plenitud, es que Jesús ya pagó por todo, la obra ya fue hecha y que en Él estamos completos. No es por nuestros méritos y esfuerzo, es por lo que Jesús ya hizo. 

En cuanto al quinto paso, creo que el verdadero reto es esperar el regreso de Jesús con gozo.  El esperar algo que nuestros ojos no han visto aún, es algo complicado para nuestros corazones y mentes. Esperar a Jesús puede que sea duro y a veces, podemos llegar hasta dudar. Sé que fallo y sé que mi corazón tambalea; pero qué mejor que dudar y lamentarnos en Él. 

Así que, en especial en esta época llamada Navidad, tratemos de preparar nuestras vidas en un total agradecimiento, porque Él nació con el propósito de salvarnos y darnos vida eterna. Para el resto del año, recordemos sus promesas y tengamos presente quién es Él.