Carácter y convicción

4 minutos

La libertad, la verdad y el carácter van de la mano

Por Carroll Rios de Rodríguez 

Las opiniones expresadas en este espacio no necesariamente reflejan la postura del Instituto Fe y Libertad y son responsabilidad expresa del autor.

En su original acepción griega, la palabra kharakter se refería a una marca grabada en el alma. La Iglesia Católica todavía usa la palabra de forma literal en lo que concierne a los sacramentos, pues estos se imprimen de forma imborrable en nuestro ser. El sacramento es como un sello sobrenatural que nos transforma. El bautismo, por ejemplo, incorpora al niño a la familia de Dios, en tanto la confirmación nos convierte en soldados de Cristo. 

Coloquialmente, el carácter de una persona señala una forma de proceder que es particular a esa persona. «El carácter moral se mide no por lo que un hombre sabe sino por lo que ama», escribió San Agustín. Tomemos por ejemplo al famoso personaje de la novela Canción de Navidad de Charles Dickens: Ebenezer Scrooge. Él es universalmente reconocido como un símbolo del recluso cruel y mísero, más apegado al dinero que a las personas que lo rodean. Permanece indiferente a las necesidades y los problemas de los demás, y se enfoca en contar sus bienes. Aunque estos rasgos están grabados en su espíritu, Dickens se propone invitar a Scrooge a cambiar, mediante una serie de encuentros con fantasmas que lo confrontan con su realidad y le infunden el deseo de corregir sus defectos. Al final de la novela, Scrooge quiere ser más generoso y amable y recibe aliento en su plan de cambio de su sobrino y otros.

Es esencial desarrollar un carácter bueno y fuerte, opina Lawrence E. Reed, autor de Real Heroes (2016). Reed relata las experiencias de decenas de personas, desde Cicerón y Cato hasta empresarios contemporáneos, quienes han moldeado vidas ejemplares gracias a su carácter, determinación y constancia. El carácter se forja. Reed nos informa que las personas ordinarias se convierten en héroes porque libremente eligen cultivar hábitos virtuosos y trazarse sueños loables. Scrooge se motivó a mejorar el carácter porque se enfrentó a una verdad dolorosa; comprendió que su forma de ser era el resultado de sus elecciones deliberadas y que el cambio era posible. La verdad, la libertad y el carácter van de la mano.

Cuando hablamos del florecimiento humano, realmente hacemos alusión a ese proceso mediante el cual las personas nos vamos haciendo, intentando alcanzar nuestro máximo potencial o, en cristiano, intentando ser todo aquello que Dios espera que seamos. Un amigo diría que nos esculpimos a nosotros mismos. El florecimiento se acompaña de decepciones, tropiezos y caídas, pero, al final podemos ser tan felices como el personaje Scrooge: su felicidad al final de la novela es el resultado directo de su despertar espiritual y del crecimiento personal.

Si Scrooge hubiera vivido en esta era postmoderna, imbuida en el relativismo moral, el hedonismo, el ateísmo y la post-verdad, le hubiera costado más emprender su plan de mejora. Son pocos los que hoy hablan en términos positivos de la verdad, el esfuerzo, los hábitos virtuosos, el sacrificio y la convicción. En este contexto es más difícil para las nuevas generaciones encontrar el compás moral y una motivación suficiente. De allí que sea tan importante mantener fuerte a la familia guatemalteca, porque ella ha sido tradicionalmente la principal transmisora de los valores fundamentales, así como la fuente del apoyo moral que necesitamos para florecer.

Es un momento propicio para meditar sobre el carácter de la sociedad guatemalteca. ¿Somos una nación comprometida con principios como la verdad, la ética, la libertad, la vida y la propiedad privada? ¿Tenemos el carácter para resistir a los cantos de las sirenas políticas, cuyo éxito depende de convertirnos en masas invertebradas, sin convicciones ni carácter? 

Publicado originalmente el 14 de diciembre de 2020 en https://www.prensalibre.com/opinion/columnasdiarias/caracter-y-conviccion/