Retomar la justicia social

Por Philip Booth 

Traducido por Carroll Rios de Rodríguez

Parece que todos quieren más justicia social. Si haces una búsqueda del término en Google, obtendrás 714,000,000 de respuestas. El más leído de los blogs en el Reino Unido que apoya ideas conservadoras, Conservativehome.com, regularmente exhorta al Partido Conservador para que suministre la justicia social, para restarle aire a las velas del Partido Laboral. El influyente parlamentario Robert Halfon, conservador, hizo un llamado para crear tanto una unidad reactiva para promover la justicia social desde las oficinas centrales del Partido Conservador como una unidad de justicia social en la Calle de Downing.

Las apelaciones a la justicia social, incluyendo por parte de muchos cristianos, normalmente obedecen al deseo de justificar más intervención gubernamental, que se cree beneficiará a los pobres, en particular, y por ello se alzan en favor de esquemas tributarios y de bienestar de índole redistributivos.

Los seguidores de F.A. Hayek son escépticos. De hecho, hay admiradores cristianos de Hayek que se refieren a los «cristianos de la justicia social» con un tono denigrante. Esto quizás no sea sorprendente. Hayek escribió una crítica lacerante de la justicia social en su libro Derecho, Legislación y Libertad. Él argumentó que la justicia social requiere la intervención del gobierno de formas que socavarían las libertades básicas y que, en general, la idea de la justicia social era un sinsentido para una sociedad grande y compleja donde los desenlaces materiales son el resultado de las decisiones libres tomadas por millones de personas, y no determinadas por un único agente decisor y coordinador. Si el ingreso fuera a redistribuirse para promover la justicia social, ¿cómo podría producirse un acuerdo sobre los criterios que se utilizarían para determinar quién recibe qué cantidad, o sobre cómo deberían aplicarse dichos criterios? 

Hayek dirige sus ataques a ponentes cristianos de la justicia social. Él sugirió que varias denominaciones cristianas estaban adoptando la justicia social como un artículo de fe. En palabras de Hayek, la frase «justicia social» había sido asumida por la mayoría de «maestros y predicadores de la moralidad». Hayek atribuye este último fenómeno a lo que él veía como una erosión de la fe en lo sobrenatural por muchas de las más importantes denominaciones cristianas. Él aludió especialmente a la Iglesia Católica Romana. Él menciona a pensadores católicos de renombres de mediados y finales del siglo XIX y a los documentos oficiales del magisterio de la Iglesia Católica, particularmente Quadragesimo Anno (1931) y Divini Redemptoris (1937).  También rastrea los orígenes del concepto para atrás, a pensadores como Taparelli d’Azeglio, quien influyó fuertemente sobre el papa León XIII y el papa Pío XI.  

Cuando uno escucha enunciados de sacerdotes y obispos católicos o del Vaticano que hacen llamados para incrementar la intervención estatal para resolver uno u otro malestar social, o aún más, incrementos en el gasto público en nombre de la justicia social, muchos lectores podrían pensar que Hayek lleva la razón. Sin embargo, existe otra posibilidad. Quizás tanto Hayek como muchos de los ponentes modernos de la justicia social (incluyendo dentro de la Iglesia) podrían haber malentendido el significado que pretendía transmitir el magisterio social de la Iglesia Católica al esbozar el concepto (tal y como también lo explican los artículos de Sam Gregg, un libro recién co-escrito por Michael Novak, y un torrente de excelente investigación realizada por Ryan T. Anderson).

La justicia social es la responsabilidad de cada miembro de la sociedad y de cada organización dentro de la sociedad. La justicia social se desarrolló como un concepto dentro del cuerpo de pensamiento social del catolicismo a mediados del siglo XIX, porque se pensó que el entendimiento general sobre el dominio de la justicia se había tornado demasiado angosto, pues tendía a referirse solo las reglas de conducta justa y al respeto debido a las obligaciones contractuales. Siempre ha existido una comprensión más amplia de la justicia en el pensamiento católico que se relaciona con las acciones de los individuos y los grupos sociales cuya intención es promover el bien común de la comunidad en su totalidad, y elevar a la sociedad a un estado más alto de virtud.  A esto se solía dar el nombre de justicia «general» o «legal», aunque estos términos (especialmente el segundo) podrían introducir cierta confusión. Los originadores del término «justicia social» pretendían que esta frase fuera el nuevo nombre de la justicia legal. Esto tenía poco, o nada, que ver con la idea de la redistribución estatal del ingreso y todo que ver con todos los actores en la sociedad que se comportan de tal forma que contribuyen al bien común.

Así, las obligaciones de la justicia social van más allá de las obligaciones contractuales que comprometen a unos individuos con otros. La justicia social puede ser comprendida como algo que acompaña aquellos actos que promueven el bien común de las comunidades de las cuales somos parte.

La justicia social se encaminó directamente hacia los documentos del magisterio social de la Iglesia Católica con la publicación de Quadragesimo Anno en 1931. El término se menciona nueve veces, dado que, como comentó uno de los autores del documento, el padre Osvaldo von Nell-Breuning, «Quadragesimo Anno ha establecido finalmente y definitivamente—o por decirlo de otra forma, ha teológicamente canonizado—la justicia social». ¡Con qué razón Hayek señaló directamente a los teólogos!

A pesar de esto, asombrosamente fue escasa la discusión sobre lo que quería decir el término exactamente, incluso por parte del padre Nell-Breuning. Quadragesimo Anno sí contempló que el Estado jugara el rol de guiar la vida económica, mientras atenuaba este encargo con el principio de la subsidiariedad. Pero, en lo que respecta a la justicia social propiamente, queda bastante claro que esta no se relaciona con un gran plan para la redistribución del ingreso según unos principios consensuados con antelación. Como la virtud de la solidaridad, la justicia social es la responsabilidad de cada miembro de la sociedad y de cada organización en la sociedad. Quizás esto se clarificó aún más en 1937, en la encíclica Divini Redemptoris, la cual afirma, «En realidad, además de la justicia conmutativa, hay también una justicia social con su propio juego de obligaciones, de las cuales ni el empleador ni el trabajador pueden escapar». 

No es el caso que se pretenda negar un rol al Estado en la realización de la justicia social. Sin embargo, los principales sujetos de la justicia social son los individuos y los grupos dentro de la sociedad.

¿Qué tipo de acciones pueden caer dentro de los parámetros de la justicia social? La discusión de este asunto ha sido limitada debido al secuestro del término por parte de los redistribucionistas. Sin embargo, los ejemplos de justicia social podrían incluir la no discriminación al contratar trabajadores por motivo del color de la piel del trabajador. Esto podría no ser explicitado en el contrato, y, dependiendo del sistema legal, podría no ser un requisito legal. Pero la discriminación claramente mina la realización del bien común. Para dar otro ejemplo, un negocio que navega por encima de los derechos de propiedad informales (los cuales pueden no estar formalmente inscritos) sin una debida consideración, consulta o compensación podría ser considerado como un ente que actúa en contradicción con los preceptos de la justicia social. Otro ejemplo más podría ser el de asegurar que los trabajadores puedan observar el Sábado [guardar el Sabbath] o asistir a misa en los días festivos. Estas concesiones van más allá de las obligaciones que tienen los individuos uno por otro, y ciertamente más allá de las obligaciones contractuales, pero son necesarias para promover el bien común de la sociedad en su integridad. 

¿Qué hubiera pensado Hayek sobre esta noción de justicia social, si hubiera entendido la forma en que la literatura católica la presenta? Primero, habría estado de acuerdo que existe un principio primordial del bien común que involucra desplazar a la sociedad en su totalidad hacia una posición de mayor virtud. Para Hayek, el propósito de la justicia es la de posibilitar el desarrollo de un orden social sofisticado, por medio del cual diferentes participantes en una economía y sociedad pueden perseguir planes que son mutuamente compatibles pero diferentes. Sin embargo, él ciertamente habría estado de acuerdo que el estado no debe ostentar el monopolio de la justicia y que la promoción de la justicia es la responsabilidad de todas las personas y los grupos sociales.

El redescubrimiento del verdadero significado de este concepto es importante por dos razones. Primero, le quita el viento a las velas de los católicos que promueven la intervención gubernamental extendida en el nombre de la justicia social—tales personas están abusando del término. Segundo, no se puede promover el bien común a menos que todas las instituciones en la sociedad acepten su responsabilidad para promoverla.


Philip Booth observa que trabajó este tema junto con Matias Peterson, un estudiante de doctorado en King’s College, Londres.

Publicado originalmente en el Transatlantic Blog el 11 de octubre del 2018, recuperado de https://www.acton.org/publications/transatlantic/2018/10/11/reclaiming-social-justice

2 Comments

  1. Luisa de Grazioso el 7 noviembre, 2020 a las 12:07 am

    Interesante síntesis del contenido de las Encíclicas visto desde otra perspectiva. Cómo católica creo que es muy importante hacer énfasis en que nuestra formación va más allá de unas prácticas de piedad, requiere el conocimiento y estudio de los documentos de la Iglesia que por cierto es una institución vanguardista y no retrógrada como muchas veces se ha dicho de Ella.



  2. Yolanda Moldauer el 7 noviembre, 2020 a las 6:16 pm

    De acuerdo dene haber anuencia de las perdonas e instituciones de gobierno para implementar un plan de ayuda social.