Reflexiones sobre el comunismo después de 103 años

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Ethan Yang

Publicado el 8 de noviembre de 2020 en el sitio AIER. Traducido con permiso por Carroll Rios de Rodríguez

El 7 de noviembre marcó el aniversario 103 de la revolución bolchevique, fecha en la cual los revolucionarios comunistas botaron al gobierno zarista de Rusia, y ello eventualmente condujo al establecimiento de la Unión Soviética. De allí, el comunismo se regó alrededor del mundo con la promesa de liberar a la clase obrera y establecer una utopía para los trabajadores. Los países como China, Vietnam, Cuba, Corea del Norte, Camboya, Laos, Alemania del Este y muchos otros sucumbieron bajo las garras de esta ideología autoritaria. Una ideología sin ninguna consideración por la libertad individual y los principios de la economía sensata.

Se ha puesto de moda entre algunos poner en duda el hecho de que más de 100 millones de personas han muerto directamente como consecuencia de las acciones de los gobiernos comunistas. Actos tales como el genocidio, las hambrunas y la persecusión. Cuarenta y cinco millones de personas fueron asesinadas tan solo en China en un lapso de cuatro años debido a las monstruosas políticas del Gran Salto para Adelante. En Ucrania, se llevó a cabo Holodomor, el cual «según un estimado, cobró las vidas de 3.9 millones de personas, alrededor del 13 por ciento de la población. Y, a diferencia de otras hambrunas en la historia causada por una plaga o sequía, esta fue causada por un dictador que quería tanto reemplazar las pequeñas fincas de Ucrania con colectivos dirigidos por el estado, como castigar a los ucranianos con criterio independiente que suponían una amenaza a su autoridad totalitaria».

La lista sigue y sigue. Investigue a cualquier país, desde Corea del Norte hasta Cuba; sin ninguna desviación, cada uno de los países que ha adoptado el comunismo ha significado la muerte, la destrucción y el sufrimiento continuos para sus ciudadanos. Tal hecho no se puede cargar a unas cuantas manzanas podridas. Dado que continuamente están hablando del «estructuralismo» y de la importancia de los sistemas para las acciones individuales, uno pensaría que los comunistas comprenderían por qué su sistema siempre fracasa.

Esto no es cuestión de accidentes; una economía mal orientada y una ciencia política mala conducirán a resultados terribles. Si no existe un límite al poder estatal, la tiranía prevalecerá. Si ignoras la economía sensata, las personas morirán de hambre. Es tan sencillo como eso. 

La libertad individual, el orden constitucional, el Estado de Derecho y la libertad de los mercados no fueron adoptados porque algunos hombres blancos y ricos pensaron que sería divertido. Se adoptaron porque así se construye una sociedad próspera. Sin libertad y sin mercados, uno cosecha lo que consiguieron cada una de las naciones comunistas. La sangre en las calles, millones de personas hambrientas, e instancias que lastiman el corazón, como esta escena en Vietnam cuando el ejército comunista vietnamita estaba por emerger victorioso. 

«Las mujeres afuera de los muros gritaban y lloraban», escribe el autor. «Algunos rodaban histéricamente por las aceras, gritando los nombres de los oficiales, negociantes y diplomáticos estadounidenses a quienes habían atendido como secretarios, conductores, cocineros, lavanderos, guardaespaldas e intérpretes. Las madres intentaban pasar a sus bebés a los miembros de la Infantería de Marina».  

Esta instancia es ilustrativa de cada uno de los regímenes comunistas donde las personas arriesgan sus vidas para escapar a países libres, como Estados Unidos. Cada año, alrededor de 1,000 personas exitosamente escapan de Corea del Norte; el resto, si son capturados tratando de huir, mueren o son torturados. Si ello no es posible, las madres esperan que, por lo menos, sus hijos crezcan en lugares como Estados Unidos.

Si lo anterior aún no lo convence, aquí está la historia de mi familia:

«El Khmer Rouge era un régimen de extrema izquierda que terminó matando a casi un cuarto de la población de Camboya en un período de cuatro años. Cuando llegaron al poder, atacaron a ciudadanos de la etnia china, tales como los familiares de mi mamá. No solo eran racistas, tenían envidia de nuestro bienestar material, porque la familia de mi madre, y muchos otros residentes chinos, operaban pequeños negocios. Con la presunta intención de hacer la revolución de los obreros y de arrasar con el capitalismo, ellos violaron, robaron y destruyeron a comunidades enteras. Mi familia, como muchas otras, fue capturada y enviada a unos campos de concentración que pronto recibieron en nombre de “los campos de la muerte”. Mi madre, que aún era una niña pequeña, fue obligada a construir una choza con cualquier material que pudiera encontrar. Pronto se produjo una hambruna masiva porque habían devastado completamente la economía, la cual era reprimida por las políticas socialistas del Khmer Rouge. Mientras las personas morían de hambre, los líderes de la república del pueblo acumulaban comida y recursos para su uso exclusivo».

No puedo enfatizar esto lo suficiente: no hay accidentes, y las ideas tienen consecuencias. Existen sistemas de gobierno que desencadenan el potencial humano y redundan en la prosperidad. Ese es el sistema que protege la libertad.

En contraste, existen sistemas que hacen posible la tiranía, el asesinato y el sufrimiento de manos de hombres que dicen hablar en nombre de las masas. Los sistemas que caen en la fatal arrogancia de la planificación central y la falacia letal según la cual el gobierno es dios encarnado en la Tierra. 

¿Qué ha hecho el capitalismo?

El famoso libro por Milton Friedman, Libre para escoger, se publicó en el año 1980; este detalla el poder de los mercados libres y de la libertad individual. Más o menos al mismo tiempo, un número de países decidieron abrazar las mismas lecciones. Más famosamente, la China maoista decidió emprender una campaña de reformas con orientación al mercado en 1978, bajo el gobierno de Deng Xiaoping. El Vietnam comunista siguió el ejemplo en 1986. Tanto China como Vietnam pasaron de ser naciones rurales y empobrecidas a ser economías poderosas en el curso de pocas décadas. En tanto, todos los países socialistas existentes, desde Cuba hasta Corea del Norte, así como los países cuasi-socialistas, como Nepal, permanecieron en la pobreza. Todos estos países son ricos en recursos y todos fueron víctimas del imperialismo en el pasado. Solamente hay una diferencia sustancial entre los países que marca la diferencia entre la prosperidad y la pobreza. China y Vietnam han mejorado drásticamente las vidas de todos sus ciudadanos al aceptar los mercados, en sustitución del socialismo. 

Los mercados en la China 

El crecimiento meteórico de China desde una pobreza profunda creada bajo Mao Zedong es un hecho conocido por la mayoría de hogares del mundo. Un país compuesto principalmente por chozas y estufas a base de carbón ahora presume la segunda economía más grande del mundo con sus rascacielos brillantes y sus restaurantes galardonados con estrellas Michelin. La respuesta es clara y sencilla. China no planificó ni reguló su ruta hacia la prosperidad; hicieron precisamente lo opuesto. Desecharon el comunismo y se acogieron a reformas basadas en el mercado. Tales políticas han hecho realidad más metas humanitarias que cualquier socialismo o cualquier acto de caridad pudieran jamás haber soñado.   

El Banco Mundial escribe: «Desde que China empezó a abrir y reformar su economía, en 1978, el PIB per cápita ha crecido a un ritmo promedio de casi 10 por ciento al año, y más de 850 millones de personas han sido sacadas de la pobreza».

Sacar al gobierno del camino y permitir que los individuos hagan negocios de la forma que consideren apropiada ha hecho más por China que cualquier programa gubernamental. Aunque China aún tiene un largo trecho que recorrer, estas reformas limitadas que ya emprendieron han dado cara vuelta al país de forma drástica. 

Una línea de tiempo provista por Reuters demuestra lo que va ocurriendo en la medida en que se libera cada vez más la economía china, al señalar que: «1980: la ciudad del sur Shenzhen se convierte en la primera “zona económica especial” para experimentar con políticas de mercado flexibles y en cuestión de años se transforma de un pueblo pesquero a un poderío naviero y de manufactura».

Los mercados, y no el socialismo, trajeron estas maravillas de la civilización moderna a las masas. Por supuesto, esto de ninguna manera pretende negar que China vive actualmente bajo la represión brutal del Partido Comunista China, ni implica que la economía china no podría estar mejor si se liberaliza aún más.

Đổi Mới en Vietnam

Aunque fueron opacadas por la conmoción que provocó el desarrollo económico de China, las reformas de mercado implantadas en Vietnam en 1986 han rendido resultados similares. El Foro Económico Mundial escribe: «Al caminar alrededor de Ha Noi, la capital de Vietnam, uno puede sentir una energía sin límites por doquier. Las personas pasan zumbando en scooters, comprando y vendiendo de todo, desde teléfonos hasta comida, en innumerables tiendas pequeñas, y corren de allí para acá para ir al colegio o al trabajo. Vietnam es joven, crece, y cualquier cosa parece posible…No siempre fue así. Hace tan solo 30 años, el país era uno de los más pobres del mundo».

La liberalización de los mercados trajo vida a Vietnam, un país que permaneció bajo la bota del colonialismo francés y posteriormente del comunismo, durante la mayor parte de su historia reciente. Además de ser oprimida mientras las fuerzas coloniales la drenaban, Vietnam fue devastada por una guerra a finales del siglo XX. El Banco Mundial observa que: «El desarrollo de Vietnam a lo largo de los últimos 30 años ha sido asombroso. Las reformas económicas y políticas bajo Doi Moi, lanzadas en 1986, han provocado un crecimiento económico veloz, transformando lo que una vez fue uno de los países más pobres del mundo, a un país con ingresos medios. Entre 2002 y 2018, el PIB per cápita se incrementó 2.7 veces,  y superó los U.S. $2,700.00 en 2019,  y más de 45 millones de personas fueron sacadas de la pobreza. Las tasas de pobreza se desplomaron dramáticamente desde 70 por ciento a menos de 6 por ciento».

En solo dos décadas, a través de unas reformas de mercado comparativamente moderadas, Vietnam se encamina hacia la prosperidad generalizada. 

El legado de la liberalización

El legado de las lecciones eternas de Milton Friedman sobre el capitalismo de libre mercado consiste en que la prosperidad siempre aumenta y se extiende a los menos afortunados en el mundo. Existe una correlación innegable entre libertad económica y el bienestar de un país. Cuando las personas son libres para elegir y hacer sus negocios en la forma en que consideren apropiada a través de las mejoras que les depara el mercado-comprobado, florecen. Por décadas, el comunismo mantuvo a los habitantes de China y Vietnam en la pobreza y sin esperanza. Sin embargo, solo una insinuación del capitalismo ha revertido el daño que hicieron estas políticas y ha mejorado drásticamente las vidas de millones. 

El legado del comunismo

A la fecha, ningún país comunista o con tendencia socialista se ha aproximado, ni remotamente, al nivel de bienestar generalizado que logra un país capitalista. Únicamente han legado unas secuelas de destrucción y de pérdidas en productividad. ¿Cuánto más hubiera podido avanzar el mundo entero, en prosperidad compartida, avances tecnológicos y vibraciones culturales, si el comunismo hubiera sido derrotado desde que estaba en la cuna? En países como China y Vietnam, adoptar unas limitadas reformas capitalistas ha hecho más por la persona obrera de lo que jamás logró el comunismo. Los mercados han convertido a esos países en lugares donde las personas ya no huyen por millar pues, en cierta medida, prefieren permanecer allí. 

En general, el comunismo y las ideologías de gobierno abultado han hecho la letal promesa de amaestrar la naturaleza según la voluntad del hombre. La naturaleza humana, las leyes económicas y la ciencia política básica son meras sugerencias. Qué horrorosa equivocación cometieron.